sábado, 12 de diciembre de 2015

Un Submarino con la pólvora mojada

La jornada seis de la presente Liga BBVA, el Villarreal tocó el cielo consiguiendo ser por primera vez en su historia líder de la Primera División española. Cinco victorias y un empate, con doce goles a favor y tan sólo cuatro en contra fueron los culpables de tal hazaña, que además se veía reflejada en el sempiterno fútbol castellonense ejecutado con una maestría y eficacia inconcebible a esas alturas de la temporada. Mañana, en la jornada catorce, el Villarreal se enfrentará como sexto clasificado al Rayo Vallecano en el Madrigal. La realidad ha pegado fuerte al conjunto de Marcelino.

        En siete jornadas, el Villarreal sólo ha conseguido marcar cuatro goles

Si el juego combinativo amarillo se llevaba las portadas durante el pico de forma de los de Marcelino, la solidez defensiva se consolidó como el pilar que les permitía competir a ese nivel. Así, cuando la chispa de los goleadores se ha interrumpido en estas jornadas, ha sido el sistema defensivo el que brillaba y sostenía al equipo en los puestos altos de la tabla. Pero en el fútbol, si el balón no entra en la portería contraria, tarde o temprano terminará en la tuya, y así ha ocurrido en el Madrigal. Lesiones, rotaciones, y la baja forma individual de algunos jugadores entraban en los planes iniciales del equipo, pero han sido más duros de lo esperado para la afición dado el éxito inicial. Los jugadores, que aún son jóvenes en su mayoría, intentaron corresponder su ilusión sin éxito, aupados por Bruno, Mario y un Soldado estelar. El fútbol que ha demostrado el valenciano, con sus movimientos y su influencia en el juego del equipo, merece consideración aparte.

No hay que perder la perspectiva. Marcelino tiene en sus manos un proyecto que tiene cimientos sólidos, pero remates frescos que necesitan tiempo para consolidar la idea del equipo. No en vano la defensa, que no ha cambiado ni uno sólo de sus miembros –a excepción de Alphonse Aréola-, ha sido la línea más fiable del conjunto amarillo, y pese a los resultados iniciales, el tiempo ha demostrado que el último tercio aún necesita trabajo. El compañero de Soldado en la doble punta, el de Bruno en la medular, y decidir si la apuesta en bandas debe ser para Samu Castillejo, Nahuel o Denis, son por ahora los mayores interrogantes del equipo, que gracias a los puntos conseguidos han tenido el margen necesario para haber evolucionado desde la pretemporada. La afición lamentará seguro no haberse codeado más tiempo con la élite, pero al final de la temporada apreciarán el valor de ese colchón competitivo.

      El conjunto amarillo afrontará el partido del domingo inmerso en una pequeña crisis de resultados


Este domingo, a las 16:00, el Rayo Vallecano de Paco Jémez visitará el fortín amarillo con una lucha parecida por conseguir sacar adelante un nuevo proyecto. Un equipo con una idea muy firme sobre el fútbol que quiere jugar, y que tradicionalmente ha sabido interpretar bien Marcelino. Pese a la última visita al estadio de Vallecas, donde la Franja se supo imponer por dos goles a cero, el Villarreal promedia 3 goles a favor en sus últimos cinco encuentros contra los madrileños. Veremos si en esta ocasión, el Madrigal podrá ver cómo sus jugadores se han reconciliado con el gol definitivamente tras los dos tantos anotados en Copa del Rey, o en cambio es el Rayo quien ha conseguido cambiar la inercia de estos enfrentamientos. Lo que sí os puedo asegurar es que el duelo entre Marcelino García Toral y Paco Jémez es garantía de espectáculo.

Artículo publicado en garrinchamagazine.com

Benítez, fiel a sí mismo

Ocho de Noviembre. El Real Madrid sufre su primera derrota en toda la temporada. El último equipo en sufrirla de las cinco grandes ligas. El madridismo clama al cielo.

Cualquiera que no haya vivido el día a día del conjunto blanco se tiraría de los pelos al leer una frase como esa, pero la realidad es que muchos la podemos entender. Los resultados, cimentados en la figura de un enorme Keylor Navas, estaban salvando la papeleta a un equipo que no transmite buenas sensaciones sobre el césped, pero al espectador medio no le era posible entender que sin perder un solo partido se estuviera jugando mal. Pero así era, y por ello, vamos a resumir los problemas que se han ido constatando a lo largo de las últimas semanas.

Si bien Casemiro está siendo señalado por muchos como la principal causa de los males del equipo, hay que ser muy cautos con esa afirmación. En un primer lugar, el brasileño no entraba en el once del técnico, pero las repetidas bajas de jugadores importantes le permitieron recurrir a este jugador, y una vez Benítez le dio la oportunidad, él la supo aprovechar. El mediocentro tiene un juego que siempre ha gustado mucho al técnico en los diferentes equipos que ha dirigido, pues se trata de un perfil que emplea mucho. Físico, capaz de abarcar mucho espacio, contundente en el robo y más bien pragmático en sus funciones ofensivas. Pero poniendo a un jugador con esas características al mando del centro del campo de todo un Real Madrid, la faceta ofensiva lo tenía que notar. No hay dudas sobre la mayor lentitud de la salida de balón del conjunto merengue con Casemiro sobre el terreno de juego, pero como muchos bien apuntan, su problema no es tanto el propio como el efecto de su alineación en los demás jugadores.

Si es Casemiro quien saca el balón, no lo hace Kroos, al que Benítez adelantará la posición y se verá casi obligado a recibir de espaldas. El alemán ya ha demostrado que es uno de los referentes mundiales actuales en su puesto, el mediocentro, pero su maestría no se ha prolongado al que ocupa por esta elección del técnico, el interior. Parecido ocurre en el caso de Modric, que por su capacidad de conducción pudo seguir despuntando como principal conductor del juego blanco hasta su lesión, sin regresar bien de ella. No obstante, también es habitual ver al Madrid en 4-2-3-1 –el esquema favorito de Rafa-, pero hasta en esa disposición los roles se asemejaban a los descritos y tanto Kroos como Modric parecieron sentirse incómodos. Si por lo menos habláramos de estas situaciones como secundarias, casi asumidas y aceptadas por la solvencia defensiva del equipo, podría explicarse la apuesta de Benítez, pero no está siendo el caso. Desde la primera jornada frente al Betis, el Santiago Bernabéu ha podido ser testigo de cómo todos los equipos que le visitaban gozaban de más de una ocasión de peligro por partido, con una frecuencia de llegada al área que cuesta recordar en los últimos equipos que defendieron estos colores. Sólo Keylor Navas ha sido capaz de retrasar esta reflexión en las mentes de muchos, hasta tal punto que ha tenido que ser en su ausencia cuando perdieran y se desatara el debate. Su importancia ha cogido más nivel si cabe con el paso de las líneas en este artículo.

Por último, y con ánimo de no profundizar en un debate que tendría puntos y enfoques para hablar durante semanas, el ataque del Real Madrid está pecando del único elemento que siempre se le había presupuesto: la pegada. Un Cristiano Ronaldo irreconocible sirve para ilustrar este problema. Siendo la zona más afectada por las lesiones tras las bajas de Bale, James y Benzema -tres hombres que a todas luces deben llevar las riendas del ataque del equipo- la creación de oportunidades se ha resentido mucho. Poder alinear un ataque con Jesé, Isco y Cristiano Ronaldo tal vez aliviaba a más de uno a la hora de afrontar esa situación. Peores panoramas ha solucionado el último Balón de Oro, pero probablemente nunca se habrían podido imaginar el nivel que éste ha demostrado en estas jornadas. De nuevo un resultado maquilla su cifra goleadora, ya que suma ocho goles en once partidos, pero obviando los cinco que anotó en Cornellà-El Prat, el ratio es paupérrimo para un jugador de su nivel. No se encuentra cómodo en ningún aspecto del juego. Falla en los remates, en las combinaciones y en las decisiones, y finalmente lleva a uno a plantearse cuánto de culpa es suya y cuánta del sistema. Pero el caso es que su bajón es una realidad, y la impresión es que la recuperación está más en su mano que en la de Benítez.


Cualquiera diría que este equipo lleva una derrota en once partidos de Liga, con un balance de veintiséis goles a favor y siete en contra. Y así es. Aunque, como reconocido madridista, Benítez sepa que en el Bernabéu con ganar no basta, nunca ha brillado por su juego en los equipos que ha dirigido. Tampoco es de extrañar que Casemiro sea una figura habitual en su táctica, o que los mimbres ofensivos no sean todo lo potentes que se pudiera esperar con el cambio de esquema. Todos conocíamos a Rafa Benítez antes de su llegada al Real Madrid, y más los que deciden traerlo –o al menos eso confío-. Si bien el discurso desde su llegada no parecía conforme a su estilo, ni se ha demostrado en el campo, también es cierto que ya ha dejado detalles que no son propios de él pero que el equipo pedía, como liberar a Marcelo en ataque. Pero Rafa no engañó a nadie para conseguir este puesto. Cabe preguntarse cuánto de culpa se le puede echar a un entrenador con casi treinta años de experiencia en los banquillos por ser fiel a cómo él percibe el fútbol, y cuánta a la persona que decide que así es como quiere que juegue su equipo. Más quizá si ya había un entrenador que entendía lo que el madridista le pedía y se lo daba cada fin de semana. Desde luego, si hay algo que tiene que quedarle claro al seguidor del conjunto blanco es lo siguiente: hay margen de mejora, sí, pero si hay alguien que quiera que este Madrid funcione como ninguno, ese es Rafa Benítez. Y él sabe mucho más de esto que todos nosotros.

Artículo publicado en sinbalon.com

Luis Suárez contra Rafa Benítez

Messi-Neymar-Suárez. La delantera del 2015. Curiosamente, pudiera parecer que el orden de los jugadores fue aleatoriamente elegido, por motivos estéticos tal vez. Pero hoy en día son muchos los que defienden que además, el orden es el correcto, y representa su juego y su jerarquía. Corriente más que comprensible, desde luego, si nos olvidamos de los primeros días sin Messi. Con un Neymar que sólo intuía ese paso adelante, el uruguayo se echó el equipo a la espalda sacando resultados cuando más difícil lo parecía, y es que otra cosa no, pero constancia no se le puede achacar. Este sábado, el Bernabéu medirá esa constancia, y junto a él, Rafa Benítez.

El partido que podemos esperar del Real Madrid frente al FC Barcelona es un partido de oficio. Santo y seña de su técnico. Si el madrileño ha visto los últimos partidos del conjunto culé en el templo blanco, no es complicado ver que el Barcelona sufrió cuando le iban a buscar y a incomodar en la posesión, pero aunque en rueda de prensa ha insistido siempre que su intención es armar una presión intensa y alta, cuesta imaginarse a este Real Madrid en la misma tesitura que con Ancelotti en el banquillo. Más bien se tratará de un Madrid de dos presiones: en primer lugar, cuando el Barcelona pretenda salir con el balón jugado, el equipo se mantendrá en un bloque medio-alto para incomodar esa salida como ya hiciera en su mejor noche bajo la atenta luz de París, pero si no da sus frutos, cederá los metros necesarios para juntar las líneas en torno a su área y no dejar huecos en zonas peligrosas.

Un contexto muy peculiar, al que el Barcelona ya se ha enfrentado en ocasiones, y donde Luis Suárez tiene una importancia capital. En esa primera presión, su capacidad para recibir de espaldas y ser siempre una línea de pase para el poseedor del balón es impagable. Después del Bale contra Busquets, ver cómo lidia Casemiro con la movilidad del uruguayo puede ser el duelo de la noche. Si consiguen salir de esa primera presión, Neymar y él pueden ser una asociación ganadora en las transiciones, que por supuesto Benítez pretenderá evitar a toda costa. Cada movimiento del nueve tiene una intención, y consciente de la superioridad del brasileño frente a su par, los pasillos que pueda crear arrastrando a la defensa son el complemento perfecto. Ya puede hacer ayudas el interior, porque si Danilo lo pasó mal frente a Konoplyanka, no sabe la que le espera.

En la segunda presión, más conservadora, de nuevo Luis puede tener la llave. En contextos cerrados sin espacio entre líneas, tener a Iniesta es un seguro de vida. Pocos jugadores como él para conducir en esas rendijas y crear ocasiones para su equipo, pero por si la calidad del manchego fuera poco, otra vez el complemento tiene acento charrúa. Cada partido suyo es una clase maestra de desmarques. De apoyo, de ruptura, horizontales,… De todo. Luis Suárez entiende el fútbol de su equipo como muy pocos, en lo que es sin duda su mayor virtud, y con estos movimientos intentará estirar todo lo que pueda al Real Madrid para que los huecos que encuentren sus compañeros sean lo más amplios posibles. Terminando, por supuesto, en el área. Su hábitat natural.

Artículo publicado en garrinchamagazine.com