sábado, 12 de diciembre de 2015

Luis Suárez contra Rafa Benítez

Messi-Neymar-Suárez. La delantera del 2015. Curiosamente, pudiera parecer que el orden de los jugadores fue aleatoriamente elegido, por motivos estéticos tal vez. Pero hoy en día son muchos los que defienden que además, el orden es el correcto, y representa su juego y su jerarquía. Corriente más que comprensible, desde luego, si nos olvidamos de los primeros días sin Messi. Con un Neymar que sólo intuía ese paso adelante, el uruguayo se echó el equipo a la espalda sacando resultados cuando más difícil lo parecía, y es que otra cosa no, pero constancia no se le puede achacar. Este sábado, el Bernabéu medirá esa constancia, y junto a él, Rafa Benítez.

El partido que podemos esperar del Real Madrid frente al FC Barcelona es un partido de oficio. Santo y seña de su técnico. Si el madrileño ha visto los últimos partidos del conjunto culé en el templo blanco, no es complicado ver que el Barcelona sufrió cuando le iban a buscar y a incomodar en la posesión, pero aunque en rueda de prensa ha insistido siempre que su intención es armar una presión intensa y alta, cuesta imaginarse a este Real Madrid en la misma tesitura que con Ancelotti en el banquillo. Más bien se tratará de un Madrid de dos presiones: en primer lugar, cuando el Barcelona pretenda salir con el balón jugado, el equipo se mantendrá en un bloque medio-alto para incomodar esa salida como ya hiciera en su mejor noche bajo la atenta luz de París, pero si no da sus frutos, cederá los metros necesarios para juntar las líneas en torno a su área y no dejar huecos en zonas peligrosas.

Un contexto muy peculiar, al que el Barcelona ya se ha enfrentado en ocasiones, y donde Luis Suárez tiene una importancia capital. En esa primera presión, su capacidad para recibir de espaldas y ser siempre una línea de pase para el poseedor del balón es impagable. Después del Bale contra Busquets, ver cómo lidia Casemiro con la movilidad del uruguayo puede ser el duelo de la noche. Si consiguen salir de esa primera presión, Neymar y él pueden ser una asociación ganadora en las transiciones, que por supuesto Benítez pretenderá evitar a toda costa. Cada movimiento del nueve tiene una intención, y consciente de la superioridad del brasileño frente a su par, los pasillos que pueda crear arrastrando a la defensa son el complemento perfecto. Ya puede hacer ayudas el interior, porque si Danilo lo pasó mal frente a Konoplyanka, no sabe la que le espera.

En la segunda presión, más conservadora, de nuevo Luis puede tener la llave. En contextos cerrados sin espacio entre líneas, tener a Iniesta es un seguro de vida. Pocos jugadores como él para conducir en esas rendijas y crear ocasiones para su equipo, pero por si la calidad del manchego fuera poco, otra vez el complemento tiene acento charrúa. Cada partido suyo es una clase maestra de desmarques. De apoyo, de ruptura, horizontales,… De todo. Luis Suárez entiende el fútbol de su equipo como muy pocos, en lo que es sin duda su mayor virtud, y con estos movimientos intentará estirar todo lo que pueda al Real Madrid para que los huecos que encuentren sus compañeros sean lo más amplios posibles. Terminando, por supuesto, en el área. Su hábitat natural.

Artículo publicado en garrinchamagazine.com

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