Messi-Neymar-Suárez. La delantera del 2015. Curiosamente, pudiera
parecer que el orden de los jugadores fue aleatoriamente elegido, por motivos
estéticos tal vez. Pero hoy en día son muchos los que defienden que además, el
orden es el correcto, y representa su juego y su jerarquía. Corriente más que
comprensible, desde luego, si nos olvidamos de los primeros días sin Messi. Con
un Neymar que sólo intuía ese paso adelante, el uruguayo se echó el equipo a la
espalda sacando resultados cuando más difícil lo parecía, y es que otra cosa
no, pero constancia no se le puede achacar. Este sábado, el Bernabéu medirá esa
constancia, y junto a él, Rafa Benítez.
El partido que podemos esperar del Real Madrid frente al FC
Barcelona es un partido de oficio. Santo y seña de su técnico. Si el madrileño
ha visto los últimos partidos del conjunto culé en el templo blanco, no es
complicado ver que el Barcelona sufrió cuando le iban a buscar y a incomodar en
la posesión, pero aunque en rueda de prensa ha insistido siempre que su
intención es armar una presión intensa y alta, cuesta imaginarse a este Real
Madrid en la misma tesitura que con Ancelotti en el banquillo. Más bien se
tratará de un Madrid de dos presiones: en primer lugar, cuando el Barcelona
pretenda salir con el balón jugado, el equipo se mantendrá en un bloque
medio-alto para incomodar esa salida como ya hiciera en su mejor noche bajo la
atenta luz de París, pero si no da sus frutos, cederá los metros necesarios
para juntar las líneas en torno a su área y no dejar huecos en zonas
peligrosas.
Un contexto muy peculiar, al que el Barcelona ya se ha enfrentado
en ocasiones, y donde Luis Suárez tiene una importancia capital. En esa primera
presión, su capacidad para recibir de espaldas y ser siempre una línea de pase
para el poseedor del balón es impagable. Después del Bale contra Busquets, ver
cómo lidia Casemiro con la movilidad del uruguayo puede ser el duelo de la
noche. Si consiguen salir de esa primera presión, Neymar y él pueden ser una
asociación ganadora en las transiciones, que por supuesto Benítez pretenderá
evitar a toda costa. Cada movimiento del nueve tiene una intención, y
consciente de la superioridad del brasileño frente a su par, los pasillos que
pueda crear arrastrando a la defensa son el complemento perfecto. Ya puede
hacer ayudas el interior, porque si Danilo lo pasó mal frente a Konoplyanka, no
sabe la que le espera.
En la segunda presión, más conservadora, de nuevo
Luis puede tener la llave. En contextos cerrados sin espacio entre líneas,
tener a Iniesta es un seguro de vida. Pocos jugadores como él para conducir en
esas rendijas y crear ocasiones para su equipo, pero por si la calidad del
manchego fuera poco, otra vez el complemento tiene acento charrúa. Cada partido
suyo es una clase maestra de desmarques. De apoyo, de ruptura, horizontales,…
De todo. Luis Suárez entiende el fútbol de su equipo como muy pocos, en lo que
es sin duda su mayor virtud, y con estos movimientos intentará estirar todo lo
que pueda al Real Madrid para que los huecos que encuentren sus compañeros sean
lo más amplios posibles. Terminando, por supuesto, en el área. Su hábitat
natural.
Artículo publicado en garrinchamagazine.com
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