“Queremos la Copa del Rey a partido único”. Así se podría haber
resumido este artículo de haberlo escrito cualquier español al que le
preguntaran por la calle. Desde hace unos años, las televisiones e Internet han
ido masificando el seguimiento de las demás ligas europeas, y con ellas los
espectadores veían con recelo sus respectivas copas. No daban crédito cuando el
Bradford venció al Chelsea en Stamford Bridge. Alucinaban con ese equipo de
tercera división que llegaba a la final de la Copa de Francia. Un sentimiento
se estaba haciendo unánime, y finalmente se instaló por completo en el país.
Pero ese sentimiento, al menos a fecha de hoy, sigue estancado en dicha
condición, así que para profundizar en él y establecer unos baremos con los que
medirlo, vamos a analizar los diferentes formatos de las grandes copas
europeas, y ver si de verdad hacemos bien en ansiar su llegada.
El punto de partida de este estudio iba a ser la diferencia entre
aquellas competiciones que se disputan a partido único y las que no, pero una
vez comprendimos la complejidad de sus formatos entendimos que sería un error
limitar de tal forma el estudio. Por ello, cada copa será tratada en exclusiva
antes de llegar a ninguna conclusión.
Comenzando por Alemania, nos encontramos con la copa en su forma
más pura. Desde la primera ronda, los treintaidosavos, todos los equipos tienen
cabida por igual. Ni el mismo campeón de la pasada edición está exento de
saltarse una sola ronda, que se jugarán a partido único, y en las que además
unas reglas que favorecerán al equipo más pequeño del cruce establecerán quién
será el local en cada encuentro hasta llegar a la final de Berlín. En Italia,
por el contrario, nos encontramos con el primer caso donde los mejores equipos
cuentan con privilegios para llegar más lejos. En otro torneo que se juega a
partido único, con la excepción de las semifinales, no todos los equipos
formarán parte de los cruces desde el inicio, sino que a partir de
treintaidosavos –con otra ronda jugada anteriormente- los equipos de la Serie A
comenzarán paulatinamente a entrar en el torneo. Así será hasta octavos de
final, momento en el que por fin todos los equipos habrán entrado en algún
momento en juego. Y de manera similar ocurre en nuestra Copa del Rey, donde en
dieciseisavos ya están todos los equipos en el bombo, con la peculiaridad del
emparejamiento de aquellos equipos que entraron en competiciones europeas. A
doble partido, eso sí.
Hablando de los dos países con dos copas, Francia cuenta con la Copa
de Francia y la Copa de la Liga. La primera se acerca mucho al torneo copero
puro, con choques a partido único y donde todos los equipos entran como tarde
en treintaidosavos, y la segunda es más cercana a la italiana, pues hay que
esperar a octavos para ver a los pesos pesados, en eliminatorias también a
partido único. Y por último, está Inglaterra. El espejo en el que todos miran
la Copa del Rey. Ambas competiciones, FA Cup y Capital One Cup, son a partido
único, con replay en caso de empate en el primer partido, y la única diferencia
importante entre ambas es la ronda en la que todos los equipos han participado:
treintaidosavos y dieciseisavos respectivamente. Además de que las semifinales
de la Capital One Cup son a doble partido.
Como se puede observar, dentro de las opciones que manejan todas
las federaciones nacionales, los formatos que han escogido unas y otras tienen
pequeñas diferencias que son significativas a la hora de condicionar los
resultados finales. Nadie duda de que el fútbol es y será el juez último y
primero de cada torneo. Pero tampoco se puede dudar de la facilidad relativa
que puede tener el Paris Saint-Germain en la Copa de la Liga, entrando en
octavos, respecto a la Copa de Francia. O que el Villanovense-Barcelona habría
tenido mucha más emoción de haber sido a partido único y no con el salvavidas
del Camp Nou para los blaugranas. Esto no quiere decir que ayer el Barcelona se
hubiese ido a la prórroga, ni mucho menos. Probablemente Luis Enrique hubiese
alineado un once de mayores garantías, y ahí es donde los locales medirían bien
sus opciones de pasar de ronda. Ese no es un debate en el que nos queramos
meter. Pero entonces, ¿cómo medimos la emoción de cada competición? ¿Podemos
cuantificar el impacto de los formatos?
Por difícil que pudiera parecer el reto, hemos decidido
afrontarlo, y para ello vamos a utilizar dos variables, recogidas con los datos
de las pasadas cinco ediciones de cada competición. La primera es la más
sencilla: el porcentaje de equipos de primera división que hay en las fases más
avanzadas de los torneos. Y la segunda precisa de una pequeña explicación.
Hemos considerado que la emoción, un concepto tan difuso, se refleja en los
aficionados a la hora de ver cómo un equipo pequeño puede vencer a uno grande.
Como si todos quisiéramos que la honda de David derribara al gigante Goliat. Y
para actuar en consecuencia con dicha percepción, hemos utilizado las
“sorpresas” que hubo cada edición. Dividiendo a los equipos en grupos según su
división, hemos sumado las sorpresas que se han producido en cada edición y las
hemos dividido por el total de partidos de la misma para saber el grado de
emoción de esa competición de copa en concreto. Así, si un equipo de tercera
división vencía a uno de segunda, sumaba un punto, pero si vencía a un equipo
de primera, sumaba dos. Con una última puntualización para los equipos grandes:
los cinco primeros clasificados de las ligas de cada año formarían un grupo
propio, superior en un grado a los demás equipos de primera. Así se podría valorar
correctamente lo que supondría un Alcorcón-Real Madrid frente a lo que sería un
Alcorcón-Granada. Todo, con la firme intención de reflejar todas las emociones
en su correcta magnitud.
Relacionando estas variables única y exclusivamente en función de los
formatos anteriormente mencionados, podemos hacernos una idea de cómo el
formato actúa sobre la emoción de cada torneo. Si bien es cierto que el fútbol
influye en muchas de ellas, también lo es que en cinco años lo hace tanto para
un lado como para el otro, permitiéndonos aislar casi por completo este
componente del análisis. Los resultados, son los siguientes:
Como se puede observar, las copas más emocionantes de las cinco
grandes ligas son aquellas en la que el formato es de partido único, y todos
los equipos comienzan su participación en las primeras rondas. Así, nos
encontramos con la Copa de Francia en la que prácticamente cada dos partidos va
a haber una sorpresa (42%), o la DFB Pokal en la que la cifra es menor de tres
(36%). Por el lado contrario, los espectadores de tanto la Coppa Italia como la
Copa del Rey tendrán que esperar ocho partidos para ver una (12,8%). Y así
ocurre también con los porcentajes de equipos de primera división en las rondas
finales, que encuentran mucho más cómodos los formatos español e italiano que
los demás.
Cada formato tiene sus ventajas y sus desventajas. Lo que pueden
descansar y rotar los equipos como Barcelona o Juventus no pueden hacerlo otros
como el Bayern de Munich o el Chelsea, con el plus de competitividad que supone
en las competiciones internacionales. Todo se debe de valorar. Por eso, los
datos están aquí, y aunque tenemos nuestra propia conclusión, nos la vamos a
guardar para que cada uno pueda sacar la suya. Pero, desde luego, el formato sí
que importa.
Artículo publicado en garrinchamagazine.com

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