jueves, 1 de septiembre de 2016

Una final en agosto

Si al Villarreal le hubieran ofrecido disputar la eliminatoria de la Previa de Champions League una semana antes o una semana después, su presidente, Fernando Roig, habría escogido la opción con los ojos cerrados. En plena crisis con Marcelino García Toral, con la mitad del equipo titular lesionado -o tocado- y sin tiempo para que las nuevas caras que han llegado al pequeño pueblo situado a kilómetros de Castellón puedan adaptarse. Así llegaba un duelo que la suerte quiso enfrentarle al Monaco, diseñado para incomodar a cualquier rival pero especialmente a aquellos como el club amarillo que prefieren ceder el protagonismo con el balón. Un equipo cuya dirección deportiva acaba de aterrizar precisamente desde Castellón, y que iba a saber desplegar un plan muy dañino sobre el césped ya frente al equipo castellonense que llegaba con la inercia futbolística de la temporada pasada, pero que además se encontró con esta situación y a través de las instrucciones de Leonardo Jardim la supo aprovechar.

         Tras el 1-2 de la ida, el Monaco tenía el contexto ideal para desplegar su juego

En la ida, el Monaco demostró que este Villarreal dista mucho de ser su mejor versión en materia defensiva, y ayer en el Stade Louis II se empeñó en enfrentarles cara a cara con su realidad ofensiva. El resultado cosechado en El Madrigal les amparaba. Con los amarillos obligados a marcar dos goles, los monegascos podían centrarse en proponer su idea de juego predilecta: robar y correr. Y así lo hicieron. Conscientes de las deficiencias del Villarreal que les visitaba, igualaron su 4-2-4 en defensa y por medio de la agresividad de sus jugadores en la presión fueron capaces de sufrir muy poquito ante cualquier intento de ataque amarillo. Bakayoko y Fabinho formaron una dupla físicamente muy superior al juego entre líneas de los visitantes, y sólo la movilidad de sus delanteros era capaz de inquietar su sistema. Tanto Samu Castillejo como Roberto Soriano parecían no saber qué movimiento hacer, y su participación final fue tan liviana como ineficaz. Primero a pierna natural y después a pierna cambiada, los interiores del Villarreal no fueron lo que el equipo necesita de esa posición históricamente tan trascendente en sus planes ofensivos. Permanecieron excesivamente quietos gran parte del encuentro, no consiguieron desbordar cuando lo intentaban y sus pases no fueron nada acertados, propiciando un gran número de contraataques de los de Jardim.


El juego interior era un quebradero de cabeza. Sin los mecanismos propios de un equipo cohesionado, las conducciones para pensar en el siguiente paso del ataque eran dos o tres segundos más largas. Un tiempo más que suficiente para que el Monaco encimara al atacante y su sensación fuera peor todavía, en términos colectivos. Se abusó de los balones largos por alto a la zona central, donde ni Santos Borré ni Pato consiguieron sacar nada. Tampoco por abajo fueron mucho más efectivos, con Glik y Jemerson acertadísimos en la anticipación, y las pocas veces que su calidad individual funcionaba, la jugada no iba a más por una mala combinación o una falta bien provocada. Manu Trigueros intentaba ayudar multiplicándose sobre el césped y pidiendo todos los balones, pero bien presionado por un rival que parecía conocer su determinación para ofrecerse aún sin estar en la mejor posición, su incidencia final en el ataque fue escasa. De hecho, una de las presiones que Bernardo Silva hizo sobre Manu Trigueros supuso una nueva contra de los blancos, que aunque terminó en un disparo sin demasiado peligro, supuso un nuevo golpe psicológico a este juego interior. Los fallos en esa zona supondrían las ocasiones más claras del Monaco, en la zona del jugador con más peligro sobre el campo, y tras ese robo hubo diez minutos de balones largos bastante desacertados. Pero también en esa zona estaba la forma de hacer más daño a su rival con el cronómetro apretando.

         Las mejores ocasiones del Villarreal pasaban siempre por los pies de Bruno Soriano.

La única jugada que estaba resultando efectiva frente al sistema de Jardim eran los pases verticales a la espalda de los centrocampistas, por escasos que fueran. En la relación riesgo-recompensa, tal vez este movimiento le saliera a deber con todas las pérdidas que sufrió el conjunto amarillo a lo largo del encuentro, pero las veces que encontraban a Trigueros a la espalda de sus mediocentros fueron las que más acercaron al Villarreal al gol, y todas procedían de un pase de Bruno Soriano. El capitán era el único que estaba siendo capaz de darlo con la tensión justa en el momento preciso, y Trigueros el único que podía aprovecharlas por el contexto especial que suponía. Si era él quien la recibía, los dos delanteros fijaban a los centrales y los interiores hacían lo propio con los laterales, por lo que habría hueco y opción de pase alrededor. Si era un delantero, su deficiente coordinación probablemente hubiese supuesto que su compañero se había ofrecido al mismo desmarque y desaparecían hueco y pase. Ambos volvieron a ser muy similares a la hora de moverse sobre el terreno de juego, dejando claro que si formaron pareja fue por las lesiones de Roberto Soldado y Cédric Bakambu, con quienes probablemente se mezclarían mejor. Pero ni Santos Borré ni Pato llevan más de dos partidos con el equipo. Por doloroso que suponga tener el acceso a la Champions League en juego, lo normal era esto, y aunque Santos Borré la tuvo, no entró.

Sirva de ejemplo la combinación de la imagen anterior con ésta otra, tan sólo siete segundos después, para ilustrar varias de las carencias del ataque del Villarreal anoche. Manu Trigueros, que ve que no aporta nada en la salida de balón, decide romper a la espalda de Bakayoko y Fabinho para ofrecer ese pase que agitaba realmente al Monaco. En esos siete segundos, ni Castillejo ni Soriano han ofrecido nada distinto a la situación de partida, el resto del equipo no ha seguido la jugada del centrocampista y la defensa ha decidido intentar progresar por banda, con los blancos perfectamente orientados ante una jugada previsible y ensayada. Mala coordinación y pasividad, en una situación en la que un equipo trabajado y cohesionado todavía podría aprovechar a Trigueros como tercer hombre y hacer movimientos interesantes. Pero si la pierden, el pasillo central estará prácticamente libre para que sus rivales puedan correr, con un Bruno Soriano tocado físicamente como único obstáculo real. Y a veintitrés de agosto, con la situación actual del Villarreal, es mucho más probable que ocurra lo segundo.



El resultado final terminó con el sueño del Villarreal de regresar a una Champions League que el equipo de la temporada pasada mereció jugar, pero no el actual. Un cúmulo de circunstancias les han relegado a la Europa League, una competición que ahora sabe a poco pero que tiene muy buena relación con el conjunto castellonense y les debe varias todavía. No todo es malo en ese pueblo de cincuenta mil habitantes que se tiene que “conformar” con disputar competición europea por tercer año consecutivo. Con el regreso de su defensa titular, los continuos ataques monegascos volvieron a quedarse a orillas de su portería, penalti aparte. El primer atisbo para recuperar el dominio de su área apareció. También los toques individuales de sus delanteros fueron capaces de superar rivales con solvencia cuando la recibían. Calidad no les falta. Ver a Alexandre Pato con esa movilidad y la sensación de que no ha venido de vacaciones es de los mensajes más ilusionantes que este choque puede enviar al Madrigal. Roberto Soriano destelló mucha calidad por momentos en la ida, aunque ayer no fuera su noche. Parece que en cuanto encuentre su posición final en el once, hay centrocampista para divertir mucho a la afición. Y regresarán Bakambu, Cheryshev y Sansone. Con las mejores versiones de Bruno, Musacchio y Víctor Ruíz. Sería injusto cargar con el lastre de esta derrota a una plantilla con tan buenos mimbres, pero que junto con su técnico va a necesitar de todo el apoyo de su afición para que los primeros pasos, los más difíciles, se den con la paciencia necesaria para alcanzar el potencial que atesora. Algo que, históricamente, ha caracterizado a Villarreal. Un caldo de cultivo único para proyectos así, que la Europa League celebra poder disfrutar.

Artículo publicado en garrinchamagazine.com

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