Si al Villarreal le hubieran
ofrecido disputar la eliminatoria de la Previa de Champions League una semana
antes o una semana después, su presidente, Fernando Roig, habría escogido la
opción con los ojos cerrados. En plena crisis con Marcelino García Toral, con
la mitad del equipo titular lesionado -o tocado- y sin tiempo para que las
nuevas caras que han llegado al pequeño pueblo situado a kilómetros de
Castellón puedan adaptarse. Así llegaba un duelo que la suerte quiso
enfrentarle al Monaco, diseñado para incomodar a cualquier rival pero
especialmente a aquellos como el club amarillo que prefieren ceder el
protagonismo con el balón. Un equipo cuya dirección deportiva acaba de
aterrizar precisamente desde Castellón, y que iba a saber desplegar un plan muy
dañino sobre el césped ya frente al equipo castellonense que llegaba con la
inercia futbolística de la temporada pasada, pero que además se encontró con
esta situación y a través de las instrucciones de Leonardo Jardim la supo
aprovechar.
Tras
el 1-2 de la ida, el Monaco tenía el contexto ideal para desplegar su juego
En la ida, el Monaco demostró que
este Villarreal dista mucho de ser su mejor versión en materia defensiva, y
ayer en el Stade Louis II se empeñó en enfrentarles cara a cara con su realidad
ofensiva. El resultado cosechado en El Madrigal les amparaba. Con los amarillos
obligados a marcar dos goles, los monegascos podían centrarse en proponer su
idea de juego predilecta: robar y correr. Y así lo hicieron. Conscientes de las
deficiencias del Villarreal que les visitaba, igualaron su 4-2-4 en defensa y
por medio de la agresividad de sus jugadores en la presión fueron capaces de
sufrir muy poquito ante cualquier intento de ataque amarillo. Bakayoko y Fabinho
formaron una dupla físicamente muy superior al juego entre líneas de los
visitantes, y sólo la movilidad de sus delanteros era capaz de inquietar su
sistema. Tanto Samu Castillejo como Roberto Soriano parecían no saber qué
movimiento hacer, y su participación final fue tan liviana como ineficaz.
Primero a pierna natural y después a pierna cambiada, los interiores del
Villarreal no fueron lo que el equipo necesita de esa posición históricamente
tan trascendente en sus planes ofensivos. Permanecieron excesivamente quietos
gran parte del encuentro, no consiguieron desbordar cuando lo intentaban y sus
pases no fueron nada acertados, propiciando un gran número de contraataques de
los de Jardim.
El juego interior era un
quebradero de cabeza. Sin los mecanismos propios de un equipo cohesionado, las
conducciones para pensar en el siguiente paso del ataque eran dos o tres
segundos más largas. Un tiempo más que suficiente para que el Monaco encimara
al atacante y su sensación fuera peor todavía, en términos colectivos. Se abusó
de los balones largos por alto a la zona central, donde ni Santos Borré ni Pato
consiguieron sacar nada. Tampoco por abajo fueron mucho más efectivos, con Glik
y Jemerson acertadísimos en la anticipación, y las pocas veces que su calidad
individual funcionaba, la jugada no iba a más por una mala combinación o una
falta bien provocada. Manu Trigueros intentaba ayudar multiplicándose sobre el
césped y pidiendo todos los balones, pero bien presionado por un rival que
parecía conocer su determinación para ofrecerse aún sin estar en la mejor
posición, su incidencia final en el ataque fue escasa. De hecho, una de las
presiones que Bernardo Silva hizo sobre Manu Trigueros supuso una nueva contra
de los blancos, que aunque terminó en un disparo sin demasiado peligro, supuso
un nuevo golpe psicológico a este juego interior. Los fallos en esa zona
supondrían las ocasiones más claras del Monaco, en la zona del jugador con más
peligro sobre el campo, y tras ese robo hubo diez minutos de balones largos
bastante desacertados. Pero también en esa zona estaba la forma de hacer más
daño a su rival con el cronómetro apretando.
Las mejores
ocasiones del Villarreal pasaban siempre por los pies de Bruno Soriano.
La única jugada que estaba
resultando efectiva frente al sistema de Jardim eran los pases verticales a la
espalda de los centrocampistas, por escasos que fueran. En la relación
riesgo-recompensa, tal vez este movimiento le saliera a deber con todas las
pérdidas que sufrió el conjunto amarillo a lo largo del encuentro, pero las
veces que encontraban a Trigueros a la espalda de sus mediocentros fueron las
que más acercaron al Villarreal al gol, y todas procedían de un pase de Bruno
Soriano. El capitán era el único que estaba siendo capaz de darlo con la tensión
justa en el momento preciso, y Trigueros el único que podía aprovecharlas por
el contexto especial que suponía. Si era él quien la recibía, los dos
delanteros fijaban a los centrales y los interiores hacían lo propio con los
laterales, por lo que habría hueco y opción de pase alrededor. Si era un
delantero, su deficiente coordinación probablemente hubiese supuesto que su
compañero se había ofrecido al mismo desmarque y desaparecían hueco y pase.
Ambos volvieron a ser muy similares a la hora de moverse sobre el terreno de
juego, dejando claro que si formaron pareja fue por las lesiones de Roberto
Soldado y Cédric Bakambu, con quienes probablemente se mezclarían mejor. Pero
ni Santos Borré ni Pato llevan más de dos partidos con el equipo. Por doloroso
que suponga tener el acceso a la Champions League en juego, lo normal era esto,
y aunque Santos Borré la tuvo, no entró.
Sirva de ejemplo la combinación
de la imagen anterior con ésta otra, tan sólo siete segundos después, para
ilustrar varias de las carencias del ataque del Villarreal anoche. Manu
Trigueros, que ve que no aporta nada en la salida de balón, decide romper a la
espalda de Bakayoko y Fabinho para ofrecer ese pase que agitaba realmente al
Monaco. En esos siete segundos, ni Castillejo ni Soriano han ofrecido nada
distinto a la situación de partida, el resto del equipo no ha seguido la jugada
del centrocampista y la defensa ha decidido intentar progresar por banda, con
los blancos perfectamente orientados ante una jugada previsible y ensayada.
Mala coordinación y pasividad, en una situación en la que un equipo trabajado y
cohesionado todavía podría aprovechar a Trigueros como tercer hombre y hacer
movimientos interesantes. Pero si la pierden, el pasillo central estará
prácticamente libre para que sus rivales puedan correr, con un Bruno Soriano
tocado físicamente como único obstáculo real. Y a veintitrés de agosto, con la
situación actual del Villarreal, es mucho más probable que ocurra lo segundo.
El resultado final terminó con el
sueño del Villarreal de regresar a una Champions League que el equipo de la
temporada pasada mereció jugar, pero no el actual. Un cúmulo de circunstancias
les han relegado a la Europa League, una competición que ahora sabe a poco pero
que tiene muy buena relación con el conjunto castellonense y les debe varias
todavía. No todo es malo en ese pueblo de cincuenta mil habitantes que se tiene
que “conformar” con disputar competición europea por tercer año consecutivo.
Con el regreso de su defensa titular, los continuos ataques monegascos
volvieron a quedarse a orillas de su portería, penalti aparte. El primer atisbo
para recuperar el dominio de su área apareció. También los toques individuales
de sus delanteros fueron capaces de superar rivales con solvencia cuando la
recibían. Calidad no les falta. Ver a Alexandre Pato con esa movilidad y la
sensación de que no ha venido de vacaciones es de los mensajes más ilusionantes
que este choque puede enviar al Madrigal. Roberto Soriano destelló mucha
calidad por momentos en la ida, aunque ayer no fuera su noche. Parece que en
cuanto encuentre su posición final en el once, hay centrocampista para divertir
mucho a la afición. Y regresarán Bakambu, Cheryshev y Sansone. Con las mejores
versiones de Bruno, Musacchio y Víctor Ruíz. Sería injusto cargar con el lastre
de esta derrota a una plantilla con tan buenos mimbres, pero que junto con su
técnico va a necesitar de todo el apoyo de su afición para que los primeros
pasos, los más difíciles, se den con la paciencia necesaria para alcanzar el potencial
que atesora. Algo que, históricamente, ha caracterizado a Villarreal. Un caldo
de cultivo único para proyectos así, que la Europa League celebra poder
disfrutar.
Artículo publicado en garrinchamagazine.com


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