“Fíjense bien si los porteros somos distintos a los demás, que hasta
vamos vestidos diferentes.”
Mono Burgos, ex-portero
del Atlético de Madrid
4-2-3-1, 4-4-2, 4-3-3 con falso
nueve,… son esquemas más que repetidos por entrenadores y aficionados de las
distintas formas de jugar al fútbol. Pero, ¿no echáis algo de menos?
Exacto, sumas esos números y te
sale 10. El portero es una especie futbolística tan distinta del resto de
jugadores que muchas veces hasta nos olvidamos de ponerlo en el esquema. Tienen
una personalidad muy marcada e históricamente han tenido que aguantar muy poca
competencia interna, entendida como competencia dentro del club.
Pero, desde hace poco, el caso de
Iker
y Diego ha hecho preguntarse a todo el mundo del fútbol sobre qué
es mejor: ¿un solo portero que se sepa titular, o dos porteros luchando por
ella?
Pues bien, para mí la respuesta
no tiene nada que ver con el fútbol.
La competencia nunca es mala.
Obliga a esforzarse al máximo, porque sabes que si no lo haces, tu rival sí lo
hará y te quedarás en la banqueta. Pero también tiene una vertiente negativa:
genera tensiones. Tensión por el miedo a perder tu puesto, tensión porque a tu
rival le favorecen sin motivo, tensión porque te vigilan muy de cerca, etc.
En un equipo de fútbol de amigos
de la tercera regional aragonesa, estas tensiones como mucho te hacen dormir
mal una noche al año. Pero si hablamos de equipos de Primera División, la cosa
cambia. Y ni os cuento en un equipo en el que los peinados de Cristiano
abren portadas. Por eso el fútbol cada vez se está abriendo más a la
psicología, porque no todas las personas son capaces de llevar semejante peso
mediático sobre sus hombros.
Es con esas tensiones cuando nos
desviamos del fútbol. Lo normal sería poner a quien pare más, o al que mejor
encaje en el perfil de portero del entrenador, pero eso no es así. Nace en
todos una necesidad de justificar sus actuaciones y decisiones ante los demás
que provoca decisiones políticas que acaban perjudicando al club y a los
propios porteros.
Por eso, creo que para tener dos
porteros al máximo nivel en la plantilla lo importante es cómo se llevan entre
ellos, y su relación con el entrenador. El factor humano. Ese es mi factor
diferencial para responder a la pregunta.
Si se llevan bien entre ellos, el
entrenador es cercano y, en resumen, consiguen minimizar todas las tensiones
que se generan, casos como el de Iker y Diego podrían ser útiles
para el equipo. En caso contrario, lo mejor para todos será que uno de los dos
se marche.
Z
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