Fuente: cronaldo7.es
Pasmosa
normalidad. Levantarte de la cama, tomar un café, ir a la universidad y volver.
Ponerte los cascos, ir al gimnasio, ver una serie y echarte a dormir. Todo,
como si no pasara nada. Todo, sabiendo que tienes el ligamento roto.
Con esas dos palabras se resume
perfectamente el sentir de un día a día en el que te sientes bien, y en el que
estás mal. Unos días en los que cuando ves que el bus se marcha, tu cuerpo
te pide correr y tu cabeza te tiene que recordar que estás lesionado, que
tienes que cuidarte. Sientes tu vida tan normal, que de hecho podría ser así el
resto de tu vida. Podría ser que decidieras no operarte y seguir adelante,
recuperando poco a poco tu vida normal, como de hecho muchos hacen. El ligamento
cruzado es así de caprichoso: para un ciudadano sedentario tiene la misma
utilidad que el bazo. Pero ese camino te aparta de por vida del deporte. Se
acabaron los entrenamientos, los partidos y hasta las pachangas de veteranos,
así que no era una opción.
Como
ya os conté, cuando te rompes el ligamento cruzado lo mejor es esperar a que
baje la inflamación de la rodilla para operar, lo que suele ser un periodo de entre
seis y ocho semanas. No es lo que hacen los profesionales, presionados por
volver cuanto antes a los terrenos de juego, pero es lo más recomendable para
recuperarse. Además, estando de Erasmus como estoy, exámenes y maletas van a
prolongar aún más la espera, haciendo un total de casi tres meses de pasmosa
normalidad. Como espera adicional, no está nada mal, pero por suerte, durante estos días la vida no se centra en
tu rodilla, y pasado el primer mes de recuperación física y psicológica, tus obligaciones se resumen en un mantenimiento
básico de la pierna.
Para
ello, lo mejor es crear una rutina que puedas mantener a lo largo del tiempo, a
poder ser con buena música para que lo haga más llevadero. No hay que olvidar
que hace nada estabas regateando a rivales en un terreno de juego, y ahora
haces media hora de bicicleta estática al día. Cambias los pases por las pesas.
No es fácil cuando te apasiona lo que
haces, así que esa rutina también tiene que entrenar tu mente. Y a partes
iguales. Más de una vez empezarás el día con energía para ir al gimnasio, y
tras cinco minutos sobre el sillín te sentirás tentado a parar y hacerlo otro
día. No porque la bicicleta te parezca inútil o aburrida, sino porque estás
acostumbrado a jugar a tu deporte, a la emoción de tener que decidir si filtrar
un pase al extremo o probar suerte desde lejos. Pero, sin desmerecer al
gimnasio, no puede compararse.
Los
ejercicios que realices en el gimnasio deben de centrarse en los músculos más
afectados por la lesión, siempre teniendo en cuenta que se trata de un
mantenimiento antes de la operación. Ahí empezará la verdadera recuperación. Todos aquellos que tengan algo que ver en
el movimiento de la rodilla, por inocuos que parezcan, van a tener que estar a
un alto nivel de forma para poder resistir el esfuerzo que les pedirás cuando
vuelvas a jugar. Profesional o no, va a haber momentos en los que esprintarás
a tu cien por cien, girarás, y si tu cuerpo no está bien preparado, no lo
soportará. Con el añadido de que el ligamento que forzarás ya nunca será el
natural, sino un injerto que por sus características inherentes no tiene la
misma resistencia. Debes centrarte en ellos, principalmente en el cuádriceps
que -como ya os expliqué- se atrofia mucho tras esta lesión. Para ello, lo mejor es empezar con la bicicleta
estática una vez que hayas recuperado la movilidad de la articulación. La
elíptica –para aquellos no hermanados con un gimnasio, esa máquina en la que la
gente corre agarrados a dos palos- también es una buena opción, pero ejercita
menos el cuádriceps. Y lo más importante
es tener continuidad en los ejercicios. No van a ser muy potentes, sino más
bien resistentes, así que es vital no hacerlo una vez a la semana si de verdad
buscas no recaer a las primeras de cambio. Una vez más, entrenar la mente. La
asignatura pendiente de muchos de los que intentan explicar esta lesión.
El
noventa y nueve por ciento del tiempo no notas que estás lesionado. La pasmosa
realidad. Pero ese uno por ciento del
tiempo, esos pequeños tropiezos por la calle, son momentos duros. Te
recuerdan el largo camino que te queda por recorrer y lo difícil que es salir
de él, además de ocurrir en el momento menos esperado. En mi caso, una manera peculiar
de recordármelo ha sido en los sueños. Me acostaba junto a mi almohada, y sin
darme cuenta estaba en el Camp Nou rematando un córner de tacón al primer palo.
Tampoco tengo sueños pequeños, para que
engañarnos, pero volver a sentirte jugador y despertarte con esta rodilla es
tanto motivante como desesperante. Te recuerda tanto tu meta como tu punto en
el camino. Tú eliges con qué quedarte.
Recuperarte de una lesión grave lleva mucho
trabajo detrás. La parte que todos conocemos -fisioterapia, gimnasio y
ejercicio- es vital para que salga bien, pero cuando conlleva tanto tiempo y
riesgo, el entrenamiento de la mente es más importante si cabe. Por suerte, yo
soy optimista por naturaleza, y aunque aquí os enseñe todo lo que se siente en
el día a día de una lesión tan dura como esta, mi mente ya traía un buen
trabajo de cantera para afrontar estos cruces en el camino. Tengo el 26 de junio tachado en mi calendario,
con muchas ganas de que llegue para operarme y poder empezar la verdadera
recuperación.
Hoy, quedan dos meses menos para mi recuperación.

No hay comentarios:
Publicar un comentario