jueves, 4 de junio de 2015

Un cruce en el camino - Capítulo II

Fuente: cronaldo7.es

Pasmosa normalidad. Levantarte de la cama, tomar un café, ir a la universidad y volver. Ponerte los cascos, ir al gimnasio, ver una serie y echarte a dormir. Todo, como si no pasara nada. Todo, sabiendo que tienes el ligamento roto.

Con esas dos palabras se resume perfectamente el sentir de un día a día en el que te sientes bien, y en el que estás mal. Unos días en los que cuando ves que el bus se marcha, tu cuerpo te pide correr y tu cabeza te tiene que recordar que estás lesionado, que tienes que cuidarte. Sientes tu vida tan normal, que de hecho podría ser así el resto de tu vida. Podría ser que decidieras no operarte y seguir adelante, recuperando poco a poco tu vida normal, como de hecho muchos hacen. El ligamento cruzado es así de caprichoso: para un ciudadano sedentario tiene la misma utilidad que el bazo. Pero ese camino te aparta de por vida del deporte. Se acabaron los entrenamientos, los partidos y hasta las pachangas de veteranos, así que no era una opción.

Como ya os conté, cuando te rompes el ligamento cruzado lo mejor es esperar a que baje la inflamación de la rodilla para operar, lo que suele ser un periodo de entre seis y ocho semanas. No es lo que hacen los profesionales, presionados por volver cuanto antes a los terrenos de juego, pero es lo más recomendable para recuperarse. Además, estando de Erasmus como estoy, exámenes y maletas van a prolongar aún más la espera, haciendo un total de casi tres meses de pasmosa normalidad. Como espera adicional, no está nada mal, pero por suerte, durante estos días la vida no se centra en tu rodilla, y pasado el primer mes de recuperación física y psicológica, tus obligaciones se resumen en un mantenimiento básico de la pierna.

Para ello, lo mejor es crear una rutina que puedas mantener a lo largo del tiempo, a poder ser con buena música para que lo haga más llevadero. No hay que olvidar que hace nada estabas regateando a rivales en un terreno de juego, y ahora haces media hora de bicicleta estática al día. Cambias los pases por las pesas. No es fácil cuando te apasiona lo que haces, así que esa rutina también tiene que entrenar tu mente. Y a partes iguales. Más de una vez empezarás el día con energía para ir al gimnasio, y tras cinco minutos sobre el sillín te sentirás tentado a parar y hacerlo otro día. No porque la bicicleta te parezca inútil o aburrida, sino porque estás acostumbrado a jugar a tu deporte, a la emoción de tener que decidir si filtrar un pase al extremo o probar suerte desde lejos. Pero, sin desmerecer al gimnasio, no puede compararse.

Los ejercicios que realices en el gimnasio deben de centrarse en los músculos más afectados por la lesión, siempre teniendo en cuenta que se trata de un mantenimiento antes de la operación. Ahí empezará la verdadera recuperación. Todos aquellos que tengan algo que ver en el movimiento de la rodilla, por inocuos que parezcan, van a tener que estar a un alto nivel de forma para poder resistir el esfuerzo que les pedirás cuando vuelvas a jugar. Profesional o no, va a haber momentos en los que esprintarás a tu cien por cien, girarás, y si tu cuerpo no está bien preparado, no lo soportará. Con el añadido de que el ligamento que forzarás ya nunca será el natural, sino un injerto que por sus características inherentes no tiene la misma resistencia. Debes centrarte en ellos, principalmente en el cuádriceps que -como ya os expliqué- se atrofia mucho tras esta lesión. Para ello, lo mejor es empezar con la bicicleta estática una vez que hayas recuperado la movilidad de la articulación. La elíptica –para aquellos no hermanados con un gimnasio, esa máquina en la que la gente corre agarrados a dos palos- también es una buena opción, pero ejercita menos el cuádriceps. Y lo más importante es tener continuidad en los ejercicios. No van a ser muy potentes, sino más bien resistentes, así que es vital no hacerlo una vez a la semana si de verdad buscas no recaer a las primeras de cambio. Una vez más, entrenar la mente. La asignatura pendiente de muchos de los que intentan explicar esta lesión.

El noventa y nueve por ciento del tiempo no notas que estás lesionado. La pasmosa realidad. Pero ese uno por ciento del tiempo, esos pequeños tropiezos por la calle, son momentos duros. Te recuerdan el largo camino que te queda por recorrer y lo difícil que es salir de él, además de ocurrir en el momento menos esperado. En mi caso, una manera peculiar de recordármelo ha sido en los sueños. Me acostaba junto a mi almohada, y sin darme cuenta estaba en el Camp Nou rematando un córner de tacón al primer palo.  Tampoco tengo sueños pequeños, para que engañarnos, pero volver a sentirte jugador y despertarte con esta rodilla es tanto motivante como desesperante. Te recuerda tanto tu meta como tu punto en el camino. Tú eliges con qué quedarte.

Recuperarte de una lesión grave lleva mucho trabajo detrás. La parte que todos conocemos -fisioterapia, gimnasio y ejercicio- es vital para que salga bien, pero cuando conlleva tanto tiempo y riesgo, el entrenamiento de la mente es más importante si cabe. Por suerte, yo soy optimista por naturaleza, y aunque aquí os enseñe todo lo que se siente en el día a día de una lesión tan dura como esta, mi mente ya traía un buen trabajo de cantera para afrontar estos cruces en el camino. Tengo el 26 de junio tachado en mi calendario, con muchas ganas de que llegue para operarme y poder empezar la verdadera recuperación.


Hoy, quedan dos meses menos para mi recuperación.

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