jueves, 1 de septiembre de 2016

Moneyball, Nervión rompe las reglas

“Este es Chad Bradford, un lanzador relevista. Es uno de los peloteros más subestimados del béisbol. Su defecto es que lanza raro. A nadie en las grandes ligas le interesa porque se ve raro. No sólo puede ser nuestro mejor lanzador sino uno de los mejores relevistas de la historia. Debería costar tres millones al año. Lo podemos conseguir por 237.000.”

Qué abstracto es el trabajo de un director deportivo. Tener que ojear a cientos de jugadores, estudiar variables tan confusas como numerosas, manejar tanta incertidumbre. Puede que estés convencido de que un chico es el nuevo Messi, pero naufragar estrepitosamente porque era bielorruso y no supo adaptarse al calor de Almería. Apostar por traer a Manchester al mejor defensa de Portugal y verlo consumirse entre las dudas que genera cuando le expulsan en sus dos primeros partidos. No hay fichajes seguros. No hay un método que asegure el éxito. Aunque eso mejor que no se lo digáis a Billy Beane, el gerente de los Oakland Athletics, a quien en Sevilla conocen como Monchi.

Billy fue un jugador de béisbol profesional que hoy se habría supuesto un disgusto a sí mismo como director deportivo. Cuando era joven, el consenso sobre su potencial era una realidad tan definida que terminó apoderándose de sus objetivos. Ese chico llegaría lejos. Había que hacerse con él. Pero, para su desgracia, los expertos fallaron y la voracidad con la que las expectativas se comieron sus sueños le hizo vagar por varios equipos norteamericanos hasta que aterrizó en los Oakland Athletics, donde comenzó a interesarse por el scouting. Tras varios años como ojeador, en octubre de 1997 Billy Beane era nombrado director deportivo de los Oakland Athletics y nada volvería a ser igual. Pero a Sevilla, una ciudad con la pasión por bandera, la leyenda de este hombre llegó con un guion ligeramente diferente. Algunos cuentan que desde que Ramón Rodríguez Verdejo debutó con el Sevilla, se intuía que su habilidad para defender la meta hispalense le traería noches de gloria en el Ramón Sánchez Pizjuán. Los más agoreros contaban que pese a sus problemas para rendir, no había jugador en el campo que demostrara más coraje ni más sacrificio para poner a su equipo a la altura que merecía. Pero si hay algo en lo que todos coinciden, era en que el amor que Monchi sentía por ese club, por esos colores, no tenía parangón. Y unos años más adelante, cuando se retiró como jugador y comenzó su andadura como director deportivo de un equipo por entonces en Segunda División, ese club que tanto sentía en sus entrañas le iría devolviendo toda esa devoción año tras año, con el cariño de una hinchada que nunca podrá pagar la deuda que ha contraído con él. Una deuda conseguida a base de éxitos.

Si tratamos de jugar como los Yanquis aquí dentro, los Yanquis nos van a ganar allá afuera.

Es difícil destacar sin hacer algo distinto a los demás. El éxito de Monchi en la dirección deportiva debía radicar en hacer algo diferente. Algo especial en un mundo donde nada te garantiza el éxito. Nunca podría sentarse con un jugador y decirle “Ven conmigo que triunfarás”, o sentarse con el presidente y decirle “Si traes a éste, ganaremos”. Sabe que es imposible. Lo que sí podía hacer era aumentar al máximo las posibilidades de que eso sucediera, y para ello necesitaba un modo. Un camino por el cual sus decisiones fueran más acertadas que las de los demás. Expertos que, por lo menos, llevaban años haciéndolo mejor que ellos. Y así nació el Método Monchi.

Los primeros años marcaron la línea que seguiría la política de fichajes del club hispalense. A su llegada, las limitaciones económicas de la división en la que se encontraba el Sevilla fueron determinantes. No podían fichar como los grandes. Tenía que construir un equipo que lograra el ascenso a la categoría reina del fútbol español a coste cero, y junto con Joaquín Caparrós consiguieron el objetivo. El banco de jugadores al que podían aspirar se redujo ostensiblemente desde el primer minuto en el cargo, pero eso no influyó en el resultado final. Había probado su valía a la primera oportunidad que le dieron, con el crédito que eso supondría para el corto plazo. Pero, sobre todo, había dejado constancia de su mayor virtud como decisor, la rentabilidad. Comprar barato y vender caro. El abecé de todo empresario, intensificado por las necesidades financieras del Sevilla. Y lo más importante no era que consiguiera triplicar el valor de los jugadores que traía. No le gustaba hablar de su entidad como un club vendedor. Lo verdaderamente importante consistía en que este proceso sólo era una consecuencia provechosa de su auténtico propósito: traer a los jugadores adecuados para que el Sevilla ganara. Tan simple y tan complejo como eso.

 “Tiene toda la información para predecir a los jugadores. Se trata de reducir todo a un solo número. Leyendo las estadísticas a nuestro modo encontraremos valor oculto en los jugadores. Se descarta a mucha gente por prejuicios y defectos imaginarios. Edad, apariencia, personalidad.”

Billy estaba obsesionado con encontrar las gangas que ofrecía el mercado. No las que todo el mundo gritaba a los cuatro vientos, mediáticas y subjetivas, sino sus propias gangas del mercado. Para identificarlas, utilizaba un método desarrollado por él consistente en valorar aptitudes y ponerles un precio. Si podían conseguirlo por menos de lo que valía según sus cifras, era un objetivo. Si, en cambio, su trabajo determinaba que estaba sobrevalorado, se descartaba. Ya podía ser el capitán del mejor equipo o tener fama de fiestero. Sólo importaba el análisis de las variables que habían estudiado. El que se embasa bien, dentro. El que batea mal, fuera. Lo demás eran circunstancias irrelevantes que el mercado rechazaba y le ofrecían una oportunidad única para fichar a coste bajo. Por eso apuesta por un desconocido lateral brasileño de diecinueve años llamado Daniel Alves, o ficha a un desahuciado centrocampista argentino conocido como Éver Banega, porque son jugadores que han pasado por un intensísimo análisis de sus cualidades y él, junto con su equipo de ayudantes, ha decidido que hay valor oculto en ellos como para recuperar la inversión en forma de victorias. Incluso de dinero.

Jugadores descartados, de ligas semidesconocidas, canteranos, promesas, cedidos. Todos los que llegaban a Nervión tenían el valor oculto necesario para superar el Método Monchi, y aunque no siempre acertaba, su mayor ratio de éxito tanto individual como colectivo empezaba a encender las alarmas de muchos directivos, aficionados y periodistas. Cualquiera de ellos habría parado la mitad de las operaciones por ir a ocupar puestos titulares con nombres que algunos ni conocían, pero él no. Estaba corriendo el riesgo de ser fiel a su idea, y el fútbol le premiaba. En el año 2001 había cogido a su equipo en Segunda División y en 2006 estaban levantando el título de la UEFA con un once liderado por dos de sus apuestas personales como Luis Fabiano y Kanouté. Siguió trabajando para suplir cada baja que tenían y tras revalidar el título al año siguiente, el Sevilla estaba de vuelta entre los mejores equipos del continente en un tiempo récord. Su nombre empezaba a destacar con luz propia, en un puesto que por entonces no tenía la fama de la que goza ahora. Pero Monchi tenía una cita con la historia en los años 2014, 2015 y 2016. Necesitaba una marca que significara el éxito absoluto de su método, por encima de todo. Un hito a la altura de unos pocos elegidos, que perdurara años y años sin ser batido. Y el Sevilla, con tres plantillas diferentes diseñadas con su método, conquistó la UEFA Europa League tres años consecutivos, proclamándose además como el equipo con más títulos de esa competición en todo el mundo. Una racha que siempre demostraría la validez del Método Monchi.


Pese a no jugar un buen papel en la Champions League la temporada pasada, después de tantos éxitos muchos han sido los que han llamado a las puertas del despacho de Monchi para tentarle con suculentas ofertas. Era imposible que su éxito pasara desapercibido a las fortunas de los gigantes del fútbol. Y pese a que últimamente se lo esté pensando por el cansancio acumulado de más de quince años trabajando a este nivel, él nunca ha decidido dejar al Sevilla. Rechazó dinero, rechazó ciudades y rechazó proyectos donde contaría con un presupuesto mucho mayor para realizar sus fichajes. Siempre dice que su futuro está en las gradas del Sánchez Pizjuán con su bufanda, y no en un despacho de cualquier otro lugar. Gracias a su propio trabajo, tampoco necesita irse de su equipo para contar con un presupuesto cada vez mayor. Su última joya parece ser un ítalo-argentino llamado Franco Vázquez, aunque él siempre ha sido de sorprender con el rendimiento de otro jugador menos conocido a mitad de temporada. Ben Yedder, Sarabia y Correa esperan su oportunidad. Lo que sí parece demostrado es que Billy Beane optó por un método arriesgado, poco convencional y que, como todos, no asegura el éxito en ninguna ocasión. Pero si hoy en día todos han decidido mirar a Nervión para elogiar sus métodos o para asimilarlos, será que tal vez, en un trabajo con tanta incertidumbre, él ha conseguido acertar.

Artículo publicado en garrinchamagazine.com

Una final en agosto

Si al Villarreal le hubieran ofrecido disputar la eliminatoria de la Previa de Champions League una semana antes o una semana después, su presidente, Fernando Roig, habría escogido la opción con los ojos cerrados. En plena crisis con Marcelino García Toral, con la mitad del equipo titular lesionado -o tocado- y sin tiempo para que las nuevas caras que han llegado al pequeño pueblo situado a kilómetros de Castellón puedan adaptarse. Así llegaba un duelo que la suerte quiso enfrentarle al Monaco, diseñado para incomodar a cualquier rival pero especialmente a aquellos como el club amarillo que prefieren ceder el protagonismo con el balón. Un equipo cuya dirección deportiva acaba de aterrizar precisamente desde Castellón, y que iba a saber desplegar un plan muy dañino sobre el césped ya frente al equipo castellonense que llegaba con la inercia futbolística de la temporada pasada, pero que además se encontró con esta situación y a través de las instrucciones de Leonardo Jardim la supo aprovechar.

         Tras el 1-2 de la ida, el Monaco tenía el contexto ideal para desplegar su juego

En la ida, el Monaco demostró que este Villarreal dista mucho de ser su mejor versión en materia defensiva, y ayer en el Stade Louis II se empeñó en enfrentarles cara a cara con su realidad ofensiva. El resultado cosechado en El Madrigal les amparaba. Con los amarillos obligados a marcar dos goles, los monegascos podían centrarse en proponer su idea de juego predilecta: robar y correr. Y así lo hicieron. Conscientes de las deficiencias del Villarreal que les visitaba, igualaron su 4-2-4 en defensa y por medio de la agresividad de sus jugadores en la presión fueron capaces de sufrir muy poquito ante cualquier intento de ataque amarillo. Bakayoko y Fabinho formaron una dupla físicamente muy superior al juego entre líneas de los visitantes, y sólo la movilidad de sus delanteros era capaz de inquietar su sistema. Tanto Samu Castillejo como Roberto Soriano parecían no saber qué movimiento hacer, y su participación final fue tan liviana como ineficaz. Primero a pierna natural y después a pierna cambiada, los interiores del Villarreal no fueron lo que el equipo necesita de esa posición históricamente tan trascendente en sus planes ofensivos. Permanecieron excesivamente quietos gran parte del encuentro, no consiguieron desbordar cuando lo intentaban y sus pases no fueron nada acertados, propiciando un gran número de contraataques de los de Jardim.


El juego interior era un quebradero de cabeza. Sin los mecanismos propios de un equipo cohesionado, las conducciones para pensar en el siguiente paso del ataque eran dos o tres segundos más largas. Un tiempo más que suficiente para que el Monaco encimara al atacante y su sensación fuera peor todavía, en términos colectivos. Se abusó de los balones largos por alto a la zona central, donde ni Santos Borré ni Pato consiguieron sacar nada. Tampoco por abajo fueron mucho más efectivos, con Glik y Jemerson acertadísimos en la anticipación, y las pocas veces que su calidad individual funcionaba, la jugada no iba a más por una mala combinación o una falta bien provocada. Manu Trigueros intentaba ayudar multiplicándose sobre el césped y pidiendo todos los balones, pero bien presionado por un rival que parecía conocer su determinación para ofrecerse aún sin estar en la mejor posición, su incidencia final en el ataque fue escasa. De hecho, una de las presiones que Bernardo Silva hizo sobre Manu Trigueros supuso una nueva contra de los blancos, que aunque terminó en un disparo sin demasiado peligro, supuso un nuevo golpe psicológico a este juego interior. Los fallos en esa zona supondrían las ocasiones más claras del Monaco, en la zona del jugador con más peligro sobre el campo, y tras ese robo hubo diez minutos de balones largos bastante desacertados. Pero también en esa zona estaba la forma de hacer más daño a su rival con el cronómetro apretando.

         Las mejores ocasiones del Villarreal pasaban siempre por los pies de Bruno Soriano.

La única jugada que estaba resultando efectiva frente al sistema de Jardim eran los pases verticales a la espalda de los centrocampistas, por escasos que fueran. En la relación riesgo-recompensa, tal vez este movimiento le saliera a deber con todas las pérdidas que sufrió el conjunto amarillo a lo largo del encuentro, pero las veces que encontraban a Trigueros a la espalda de sus mediocentros fueron las que más acercaron al Villarreal al gol, y todas procedían de un pase de Bruno Soriano. El capitán era el único que estaba siendo capaz de darlo con la tensión justa en el momento preciso, y Trigueros el único que podía aprovecharlas por el contexto especial que suponía. Si era él quien la recibía, los dos delanteros fijaban a los centrales y los interiores hacían lo propio con los laterales, por lo que habría hueco y opción de pase alrededor. Si era un delantero, su deficiente coordinación probablemente hubiese supuesto que su compañero se había ofrecido al mismo desmarque y desaparecían hueco y pase. Ambos volvieron a ser muy similares a la hora de moverse sobre el terreno de juego, dejando claro que si formaron pareja fue por las lesiones de Roberto Soldado y Cédric Bakambu, con quienes probablemente se mezclarían mejor. Pero ni Santos Borré ni Pato llevan más de dos partidos con el equipo. Por doloroso que suponga tener el acceso a la Champions League en juego, lo normal era esto, y aunque Santos Borré la tuvo, no entró.

Sirva de ejemplo la combinación de la imagen anterior con ésta otra, tan sólo siete segundos después, para ilustrar varias de las carencias del ataque del Villarreal anoche. Manu Trigueros, que ve que no aporta nada en la salida de balón, decide romper a la espalda de Bakayoko y Fabinho para ofrecer ese pase que agitaba realmente al Monaco. En esos siete segundos, ni Castillejo ni Soriano han ofrecido nada distinto a la situación de partida, el resto del equipo no ha seguido la jugada del centrocampista y la defensa ha decidido intentar progresar por banda, con los blancos perfectamente orientados ante una jugada previsible y ensayada. Mala coordinación y pasividad, en una situación en la que un equipo trabajado y cohesionado todavía podría aprovechar a Trigueros como tercer hombre y hacer movimientos interesantes. Pero si la pierden, el pasillo central estará prácticamente libre para que sus rivales puedan correr, con un Bruno Soriano tocado físicamente como único obstáculo real. Y a veintitrés de agosto, con la situación actual del Villarreal, es mucho más probable que ocurra lo segundo.



El resultado final terminó con el sueño del Villarreal de regresar a una Champions League que el equipo de la temporada pasada mereció jugar, pero no el actual. Un cúmulo de circunstancias les han relegado a la Europa League, una competición que ahora sabe a poco pero que tiene muy buena relación con el conjunto castellonense y les debe varias todavía. No todo es malo en ese pueblo de cincuenta mil habitantes que se tiene que “conformar” con disputar competición europea por tercer año consecutivo. Con el regreso de su defensa titular, los continuos ataques monegascos volvieron a quedarse a orillas de su portería, penalti aparte. El primer atisbo para recuperar el dominio de su área apareció. También los toques individuales de sus delanteros fueron capaces de superar rivales con solvencia cuando la recibían. Calidad no les falta. Ver a Alexandre Pato con esa movilidad y la sensación de que no ha venido de vacaciones es de los mensajes más ilusionantes que este choque puede enviar al Madrigal. Roberto Soriano destelló mucha calidad por momentos en la ida, aunque ayer no fuera su noche. Parece que en cuanto encuentre su posición final en el once, hay centrocampista para divertir mucho a la afición. Y regresarán Bakambu, Cheryshev y Sansone. Con las mejores versiones de Bruno, Musacchio y Víctor Ruíz. Sería injusto cargar con el lastre de esta derrota a una plantilla con tan buenos mimbres, pero que junto con su técnico va a necesitar de todo el apoyo de su afición para que los primeros pasos, los más difíciles, se den con la paciencia necesaria para alcanzar el potencial que atesora. Algo que, históricamente, ha caracterizado a Villarreal. Un caldo de cultivo único para proyectos así, que la Europa League celebra poder disfrutar.

Artículo publicado en garrinchamagazine.com

viernes, 5 de agosto de 2016

España en la EURO

Cada dos años, cuando llega el mes de junio la temporada no se termina sino que sólo acaba de comenzar. Con Champions, Liga y Copa resueltas puede ser contradictorio leer esto, pero eso sólo quiere decir que no eres un seleccionador nacional. Es normal no pensar en todo el año futbolístico como una gran pretemporada en la que tienes que conseguir una clasificación mientras rezas para que tus mejores jugadores no se lesionen en sus demás compromisos. Pero junio ya está llegando, y con él la Eurocopa de Francia. En la que España, de nuevo, es favorita.

            Historia

La relación de la selección española con este torneo está impregnada de un aroma embriagador y melancólico. Hasta hace ocho años, la Eurocopa que Marcelino consiguió con su gol ante la Unión Soviética era el único consuelo internacional que tenían los españoles. Por muchos mundiales que disputara, por muchas competiciones internacionales que compitiera, siempre terminaban con los jugadores cabizbajos y los aficionados frustrados por caer en la ronda de turno. “Este año tampoco” se decían. Y para romper la maldición, de nuevo la Eurocopa sería el motivo por el que alegrarse cuarenta y cuatro años después.

Desde que Luis Aragonés pusiera el sistema y la fe, España se convirtió en la mejor selección de Europa y el rival a batir. Con una tanda de penaltis ante Italia que seguro que no hace falta describir se rompió la “maldición de cuartos”, y el equipo confió en sus posibilidades. El gol de Torres lo certificó en la final frente a Alemania. El fútbol ya no era un deporte en el que juegan once contra once y siempre ganan los alemanes. Los mejores eran los españoles, y desde ese preciso instante la inercia se invirtió.

Tras hacer valer su calidad conquistando el Mundial de Sudáfrica, la Eurocopa de 2012 volvía a retar su hegemonía futbolística con un reto nada fácil. Por supuesto eran los máximos favoritos a alzarse con el título, aun cuando nadie lo había conseguido de manera consecutiva, pero si bien el equipo mantenía su bloque y su juego, no hacía lo propio con su estado de forma y empezaba a flaquear. En la fase de grupos Italia y Croacia pondrían en serios apuros a los hombres de Vicente del Bosque, y la suerte de los penaltis volvió a favorecer a La Roja frente a Portugal en las semifinales. Pero se guardaron su mejor carta para la final, y de nuevo frente al combinado italiano conquistaron el título tras un contundente 4-0 conseguido a base de bordar la gestión de la posesión. Un recuerdo de nuevo imborrable.

            Eurocopa 2016

Las posibilidades de España en esta Eurocopa no pueden entenderse sin la debacle de Brasil. La Roja se cayó de su trono de la manera más estrepitosa posible, fracasando en su afán de repetir título en la mismísima fase de grupos del torneo. En ese momento se entendió que esa generación había llegado a su fin, y asistimos a un partido frente a Australia -en el que España ya no tenía posibilidades de pasar de ronda- en el cual jugadores de la talla de David Villa o Xabi Alonso jugaron sus últimos minutos en la selección. Tras el correctivo más duro que podía haber sufrido el combinado español, la idea fue regenerar la selección con jugadores nuevos. Tampoco le quedó otra a Vicente Del Bosque, que vio como muchos de sus hombres de confianza decidieron retirarse de la misma, y con la “transición dulce” que ha llevado a cabo el seleccionador conseguimos la clasificación para la Eurocopa y nos encuadraron en el Grupo D junto a la República Checa, Turquía y Croacia.

Aunque con esos rivales España parta como favorita, la inexistencia de un rival de tercera fila complica mucho las posibilidades de la selección para pasar de ronda, si bien insistiendo en que debería ser superior en cada duelo directo frente a ellos. No podía ser menos hablando de un aspirante a campeón. Pero entrando a valorar a estas tres selecciones, es preciso hacer ese apunte. En conjunto, el desgaste sí es una amenaza real a las posibilidades españolas en la Eurocopa.

De ellas, tal vez la más complicada de batir sea la selección croata. Si no pierden piezas para la cita, un centro del campo con Modric, Rakitic, Kovacic o Brozovic es capaz de disputarle el balón a La Roja en un primer intento. Pero si no saliera bien el plan, esos mismos hombres también serían capaces de aprovechar los balones perdidos -o robados- para enlazar transiciones peligrosas con Mario Mandzukic como punta de lanza y Perisić en el costado. Y todo ello sin olvidar que el combinado croata no ha modificado demasiado su bloque pese al nuevo seleccionador, Ante Čačić, que siempre supone un plus en estos contextos. En cuanto a las otras dos selecciones, la entrega y la agresividad turca seguro que ponen en apuros la tranquilidad que pretende caracterizar a España en su juego, y República Checa no terminó primera del grupo de Holanda porque sí. El grupo no es fácil, y todos los rivales sabrán exactamente cómo hacer daño a la selección dado su mediático estilo de juego. Pero dependerá de ellos mismos pasar de ronda, y con el formato actual de la Eurocopa en el que hasta terceros de grupo pueden pasar, sería un absoluto fracaso no hacerlo.

Suponiendo ya que la Roja ha accedido a octavos de final, si lo hiciera como primera de grupo le tocaría jugar contra un tercero que bien podría ser Suecia, Rusia, Gales o Islandia, y si lo hiciera como segunda de grupo, se enfrentaría al primero del grupo de Bélgica e Italia. Pero un equipo que quiere el revalidar el título por tercera edición consecutiva no puede pensar en qué rival tendrá, sino que deberá batir a quien le toque en cualquier fase de la competición. Así que la pregunta es, ¿está España en condiciones de ser mejor que todos los demás? La respuesta no es fácil. Las sensaciones generales de la selección no son las mejores, y en los últimos encuentros están teniendo serias dificultades para encontrar la portería contraria. Tampoco el área propia está siendo una zona segura, que como contrapartida a lo anterior podría ser una consecuencia favorable. Ahora mismo el grupo no parece capaz de ser lo suficientemente fiable como para semejante afirmación. Pero lo que sí parece claro es que pese a esta consideración, España en un partido puede vencer a cualquiera de los veinticuatro participantes. Y nunca hay que olvidarlo.

            Estilo de juego y jugadores

Pocos equipos de esta Eurocopa tienen un estilo definido que podamos considerar su sello, y aunque España en su época dorada sí rompería esa regla, la realidad es que el deterioro que ha sufrido su estatus está teniendo su reflejo en este sentido.

La base sigue siendo el buen trato de balón. Jugar a través de la posesión. Con esto en mente podría pensarse que el estilo que consiguió dos Eurocopas y un Mundial sigue vigente, pero si la idea es perpetuarlo los jugadores no están consiguiéndolo. Aunque el equipo siga queriendo mantener su esencia, los detalles empiezan a ir dirigidos a un juego menos elaborado en el tercio final, digno espejo de las características de los nuevos integrantes de la selección. La salida de balón sigue siendo capital en la estructura española, y siempre que se pueda la primera intención es que el mediocentro baje su posición y junto con los centrales se impongan a sus rivales y salgan con el balón controlado. Pero los rivales han ido intuyendo el bajón del nivel del equipo, y poco ha poco han ido retando a los de Vicente del Bosque en esta fase del juego también. Ahí es donde cobran una importancia vital los laterales, que con su acierto en el pase deben solventar los compromisos que la presión adelantada les suponga. Con la constante movilidad de sus interiores y extremos para ofrecer las pertinentes líneas de pase.

Ya en campo contrario, cuando el equipo se enfrenta a un bloque compacto le está costando ser efectivo en los ataque posicionales. Las combinaciones cerca del área últimamente no se traducen en las mismas ocasiones que antaño, y por eso de vez en cuando España no renuncia a realizar una transición veloz con gente adecuada para hacerlo. No es la idea que les gustaría plasmar sobre el terreno de juego, pero sí pretenden a menudo que el balón llegue más rápido arriba, y por tanto después vuelva en consonancia. La presión tras pérdida pretende evitar ese efecto rebote, pero de nuevo su ejecución no brilla con luz propia y provoca un mayor número de ocasiones rivales. España pretende mantener la esencia que le llevó a copar la élite del fútbol mundial durante los últimos años, pero con los matices que sus nuevos componentes prácticamente le exigen introducir.

Es por esto que sus dos hombres clave son dos de los que protagonizaron esos años, y los que mejor entienden ese estilo que Don Vicente añora: Andrés Iniesta y Sergio Busquets. Su excelencia en el fútbol de posesión es un activo que la selección necesita para mostrar su mejor versión sobre el césped. Más si cabe con las ausencias de tanto Xavi Hernández como Xabi Alonso. Incluso su experiencia en el FC Barcelona, con un grupo que también vio como su juego posicional se resentía y ha evolucionado para superar ese trance, puede ser muy útil para guiar a sus compañeros en el camino. Además, entre los dos pueden sumar en casi todos los aspectos del equipo. Y estarán bien rodeados por gente como Thiago, Koke o Silva.

Más allá de esos dos hombres, hay un segundo escalón de jugadores que también se antojan claves para definir las posibilidades de La Roja en la Eurocopa. Hablamos, por ejemplo, de la pareja de centrales compuesta por Sergio Ramos y Gerard Piqué. Polémicas personales al margen, de su concentración y capacidad defensiva dependerá que el equipo sufra lo menos posible en partidos que se presumen ligeramente más peligrosos que anteriormente con un equipo más expuesto. Si son capaces de mantener al bloque corto, sin demasiada distancia con los jugadores de arriba, la presión tras pérdida será más numerosa y eficaz, mientras que en las veces que la superen los rivales será esencial su capacidad para trabar los ataques, e incluso para cortarlos. Tarea en la que siempre podrán contar con la ayuda de David de Gea, un portero que debería ser la primera opción del técnico y consolidarse con la seguridad que transmite a sus compañeros.


Álvaro Morata, Cesc Fábregas, Thiago Alcántara,… Muchos hombres tendrán la oportunidad de sumar en esta selección para intentar conseguir entre todos el ansiado objetivo. Incluso aquéllos que tendrán un carácter más revulsivo que titular, como Nolito o Aritz Aduriz de ir convocado. Juntos deberán sobreponerse a una realidad que exige la perfección para esta clase de hitos, y que ellos mismos en su día crearon. Los veintitrés elegidos aún no están definidos, aunque sí su gran mayoría. Y aunque pueda dar la sensación de que no, unidos se ven capaces de conseguirlo.

Artículo publicado en la Guía de la Eurocopa de The Times Football

La incomprendida dictadura del clic

Cuántos de nosotros nos habremos quejado amargamente de la situación del periodismo deportivo actual sin obtener solución alguna. No hay día en el que no nos llevemos las manos a la cabeza porque una noticia como “Cristiano Ronaldo lanza un micrófono” ocupa el triple de minutos en los medios que pensar en los fallos de España en su partido frente a Croacia. Se recompensa al que dice que Casillas es mejor portero que De Gea porque ha visto la repetición de la parada a Robben y de ese instante de 2010 es capaz de inferir que para las pocas ocasiones que recibirá España, Íker las resuelve mejor. Y cuantos más decibelios utilice, más razón tendrá. El que ha visto partidos de los dos este año y te dice que no es así es simplemente un becario. Y becarios no.
Me vais a permitir poner algún ejemplo con nombre y apellidos para ilustrarlo con claridad. Álvaro Ojeda tiene más de 800.000 seguidores en Facebook, y sus vídeos mandando a los culés “a la cueva” o insultando a quien cree oportuno tienen más de un millón de reproducciones cada uno. Gracias a eso tiene acreditaciones para eventos importantes por parte del propio Real Madrid –entre otros, imagino- y trabaja en okdiario.com, portal creado por Eduardo Inda que tuvo cinco millones de usuarios en el mes de abril y cuya máxima es “matar a la competencia a noticias” para prosperar en el periodismo actual. Si son verídicas o no, ya es más secundario. Y precisamente en uno de los programas en los que participa Eduardo Inda, El Chiringuito de Jugones, tienen 250.000 espectadores de media por ser capaces de debatir durante horas sobre el “guiño” de la hermana de Neymar en Instagram, que significa que se va del Barcelona, o las conspiraciones arbitrales masónicas. Un programa dirigido por Josep Pedrerol, que con 576.000 seguidores en Twitter también se encarga de la sección de deportes en La Sexta al mediodía, donde tiene un editorial en el que el Barcelona ganó un “triste doblete” y el Real Madrid tuvo un “dulce fracaso” en Liga. Al menos él y sus programas reconocen que el objetivismo no es su bandera. Libertinaje por mi parte.
Profesión implica salario, un anhelo para demasiados
Ellos y muchos otros hacen un periodismo deportivo de dudosa calidad, pero ese no es el problema. En este mundo cada uno es libre de hacer lo que quiera. Si el Chiringuito de Jugones quiere debatir sobre los metros de eslora de los yates de Cristiano y Messi a mí me parece genial. Cuando quiera pasar mi tiempo viendo esos debates, los pondré, y cuando quiera ver análisis futbolístico, cambiaré de canal. El problema es que ellos sean quienes se llevan los sueldos en esta profesión mientras que otros miles de periodistas mucho más capacitados están en el paro. Hombres y mujeres que se esfuerzan por contrastar informaciones, analizar partidos y reaccionar con sensatez mientras otros se pueden permitir hacer lo que quieran. Muchos deciden incluso comenzar proyectos propios que no pueden financiar. Porque una profesión se ejerce cobrando un sueldo que te permita vivir de ello. Ahí es donde todo se tuerce y comienza la incomprensión.
No hay más que darse una vuelta por Twitter para toparte con tres o cuatro medios deportivos digitales cuya calidad te abruma en el primero de sus contenidos. Ecos del Balón (www.ecosdelbalon.com), Marcador Internacional (www.marcadorint.com), Panenka (www.panenka.org), The Tactical Room (www.martiperarnau.com). Esos y muchos otros tienen que ingeniárselas para hacer que su esfuerzo tenga una retribución económica, sin éxito en su gran mayoría. Aquellos que han optado por realizar revistas, como Panenka o Líbero, son los que en mayor medida pueden ver satisfecha esta pretensión, mientras que los demás suelen ver su mejor recompensa en el cariño de sus lectores. Publicidad o aplicaciones de pago suelen ser algunas de las fórmulas de generar ingresos, pero en ningún caso terminan rentabilizando realmente el esfuerzo financiero y físico de sus componentes. Esto en términos económicos, porque por suerte son proyectos dirigidos por magníficos profesionales y mejores personas que si les preguntas te dicen que la felicidad de sus lectores sí les renta. Pero nadie puede vivir sólo de eso.
Para que os hagáis una idea, desde mi humilde experiencia en Garrincha Magazine, podemos tener unas 7.000 visitas al mes. La publicidad básica es a través de Google AdSense, que te paga por clics en los anuncios que introduce en tu web. Suponiendo que un 1% de nuestros visitantes hagan clic y lo pagaran a 10 céntimos el clic tendríamos unos ingresos de 7 euros al mes. Si tenemos en cuenta que ambas cifras son muy al alza y que los gastos tan sólo del dominio son 50 euros al año, las matemáticas no engañan. A eso se reducen los ingresos de AdSense, que pueden ser el único sustento de muchos blogs y webs en sus primeros años. No hay nada que hacer frente al 1.200.000 euros que generó Marca en el mes de enero (¡de 2012!) por publicidad.
La publicidad se ha impuesto como medio hegemónico de financiación. Y lo que le importan son las cifras.
Si bien nuestra web no es un referente frente a las que he expuesto anteriormente, sí sirve para poner un ejemplo de todas aquellas que se crean y se destruyen constantemente en la blogosfera, que ahora mismo tiene una suerte de cantera para acceder a medios “mejores” o de currículum vitae. Muchos la utilizan como lanzadera a periódicos y radios de los que sí poder obtener un sueldo –o al menos un ingreso-, y aprovechar parte del mismo y de su tiempo para que sus webs sigan adelante. Porque dinero, aunque te lo propongas, no da, y así podrían atestiguarlo los directores de El Enganche. El diez de octubre de 2014, sus creadores decidieron apostar fuerte por su proyecto y financiarlo a través de suscripciones para ver como un tiempo después tenían que dar marcha atrás por sus malos resultados económicos. Ni una apuesta tan decidida por el contenido online de calidad, con viajes y entrevistas personales con figuras de la talla de Ronaldinho o Johan Cruyff, fue capaz de sobreponerse a la cultura actual del periodismo deportivo. Por muy serio que plantees tu proyecto, actualmente no hay dinero en la calidad. Lo hay en la cantidad.
Con el cambio del periodismo a la era digital se ha producido un cambio en el paradigma de la calidad y la cantidad. Antes, los periódicos que querían tener una gran cantidad de ventas debían apostar aunque fuera mínimamente por la calidad de sus contenidos porque sino el próximo día en el kiosco el lector tal vez se lo pensaba dos veces antes de comprar su producto. El consumo y la compra iban de la mano porque para el primero necesitabas el segundo. No podías consumir sin comprar, y cuando pagas por lo que consumes, te lo piensas mejor a la hora de gastar. Ahora, gracias a las redes sociales, consumimos contenidos constantemente sin comprarlos y compramos contenidos constantemente sin saberlo. Porque el concepto “comprar” ha cambiado. Ya no hace falta gastar dinero para comprar.
Las nuevas tecnologías han tumbado el gesto arquetípico de la compra por uno mucho más sencillo. Ya sea para generar ingresos por la publicidad o para crecer como proyecto, la compra ahora no se hace en euros sino en clics. Suscríbete a mi canal. Dale ‘Me gusta’ en Facebook. Síguenos en Twitter. Visita nuestra web. Así es cómo se compra hoy en día. Si además ese proyecto tiene productos (camisetas, revistas, suscripciones de pago, crowdfundings,…) que sí valen dinero, mejor porque así verás una vía más directa de ayudarles o no a crecer, pero en ocasiones ni aunque quieras puedes pagarles. Lo importante es ese clic que haces para entrar a ver su vídeo o su noticia. Da igual el motivo por el que lo hagas. Cuando entres a leer un artículo de dos mil quinientas palabras acerca del hueco de Dani Alves que pudo suponer la victoria del Sporting de Gijón, con imágenes y prosa de Nobel de literatura, valdrá lo mismo que cuando haces clic en otro para saber a quién se refería el título con “El jugador que se comió un salmón desnudo en la terraza de su casa. Ni se te habría ocurrido que fuese él”. Ahí les has comprado a los dos por igual, aunque uno hayas disfrutado de su análisis –consumo- y en el otro hayas visto quién era y te salgas –no consumo-. Y al revés. Cuando lees los tweets de un miembro de esos proyectos analizando a un jugador sin entrar a su web, y para saber qué dice de él Mundo Deportivo tienes que entrar en su enlace, has consumido de los dos y sólo le has comprado al segundo. Por eso webs como Sphera Sports están optando por redirigir la mayoría de sus contenidos desde Twitter hacia su página, creando entradas literalmente para comentar tweets y vídeos que antes compartirían en esa red social.
Así, consecuentemente con este hábitat instaurado, surgen los llamados clic-baiters. Artículos pensados exclusivamente para recibir clics y con menos detenimiento a la hora de escoger el por qué. No creáis que As piensa de verdad que es fundamental contaros que Cristiano Ronaldo se pinta las uñas. Ciego por mi fe en la humanidad, eso quiero creer. Pero son conscientes de la cantidad de visitas, comentarios y retweets que recibirá el artículo y lo publican. Ya lo dijo Salvador Dalí: “Lo importante es que hablen de ti, aunque sea bien”. O, en este caso, que visiten tu página. ¿Por qué esperar a que se oficialice un fichaje cuando puedes poner el rumor, el contra-rumor, el desmentido del agente, la oferta final y el comunicado oficial? Cinco noticias que se harán virales, recibirán visitas y desde luego son mejor que una. Porque ese análisis no sólo habría recibido menos visitas que las cinco en conjunto, sino que sólo la primera ya le habría superado. Y ése es otro de los mayores problemas de este embrollo. Esos contenidos se consumen demasiado. Conscientemente.
Que nadie sea tan iluso como para pensar que Álvaro Ojeda tiene un millón de reproducciones por vídeo porque queremos ver qué exceso ha cometido y criticarlo. Será un porcentaje elevado de las mismas, pero no es la realidad. Para los que buscamos calidad en lo que vemos es duro de reconocer, pero su público es cien veces mayor que el nuestro. Así de simple. Por eso la industria que se potencia es esa y no la de calidad, que lucha por su hueco sin la misma ayuda. A la publicidad le interesa más llegar a 800.000 personas que a 30.000. Pura matemática sobre el principal medio de financiación. Hay que entender que lo que el público quiere es entretenerse al mejor postor. El que maximice la relación entretenimiento-esfuerzo, vence. Porque el fútbol es, en esencia, un entretenimiento. De los más intensos, pero un entretenimiento. Y la polémica, los debates y los rumores son más entretenidos que los análisis que te obligan a pararte para entender lo que te cuentan. Cuesta menos divagar que razonar, y en España nos encanta divagar. Por eso la tecnología no puede entrar en el fútbol de lleno y arrebatarnos las conspiraciones arbitrales y el Villarato. Queremos la polémica.
YouTube, el elegido para prosperar
Los periodistas son conscientes de esta realidad, y en ese ímpetu por intentar maximizar la relación entretenimiento-esfuerzo parece haber una apuesta firme para tratar de revertir la situación: los contenidos multimedia. Cada vez más proyectos están abriendo sus canales en YouTube para intentar atraer más público a su periodismo deportivo y encontrar una forma de financiarse con bases más sólidas y perceptibles. Los debates, análisis y vlogs de sus protagonistas parecen haber calado bien en sus seguidores. Queda por ver si las cifras de aquellos que ya pueden vivir del gigante de Internet son abarcables para estos proyectos, o si el público objetivo al que pueden aspirar seguirá siendo tan reducido como lo es hoy en día. Pero si sirve para equilibrar la balanza, bienvenido sea.
Con este artículo no quiero ser pesimista respecto al periodismo deportivo, ni mucho menos. Describiendo la realidad que veo pretendo que esa persona que está leyendo detrás de la pantalla de su ordenador, Smartphone o Tablet se pare un segundo y reflexione. Internet espera tus clics y te los roba cuando te descuidas. No es fácil evitar entrar en un contenido que te pone un cebo atractivo con el enlace. Que no te mate la curiosidad, no pasa nada. Pero hay que ser conscientes de que al clicar estamos comprando ese producto y que nuestras compras hacen crecer a los proyectos. Sean cuales sean. Por eso yo ya estoy suscrito a todos los canales de Ecos del Balón, Campeones y demás proyectos que me gustan. Entro a todos los artículos que puedo de Marcador Internacional, Underground Football y les dejo un comentario con mi opinión. Y hace bastante que As, Marca, Sport y Mundo Deportivo no reciben una visita mía. Gracias a Twitter, ni hace falta para alucinar con su poca responsabilidad como grandes medios. Porque hacer un clic cuesta tan poco que a veces nos olvidamos y otras los regalamos. Tus clics son el dinero de Internet y también hay que ser selecto al usarlos. Compra lo que quieras comprar pero no lo que quieras castigar. Dentro de unos años, confío en escribir otra entrada diciendo que me equivocaba y la calidad se impuso sobre la realidad.
Artículo publicado en garrinchamagazine.com