martes, 19 de enero de 2016

Vencer las expectativas

Nunca es demasiado tarde, o en mi caso demasiado pronto, para ser quien quieras ser. No hay límite en el tiempo, empieza cuando quieras. Puedes cambiar o no hacerlo, no hay normas al respecto. De todo podemos sacar una lectura positiva o negativa, espero que tú saques la positiva. Espero que veas cosas que te sorprendan, espero que sientas cosas que nunca hayas sentido, espero que conozcas a personas con otro punto de vista. Espero que vivas una vida de la que te sientas orgullosa. Y si ves que no es así, espero que tengas la fortaleza para empezar de nuevo.

Así le deja Benjamin Button a una hija a la que apenas pudo tener entre sus brazos el legado de toda una vida, resumido en este consejo vital. Un alegato que le acompañará allá donde vaya, y con el que su padre pretende compensarle y excusarse por su continua ausencia justificada: “Cariño, el tiempo es tan relativo como tú quieras que sea”. Puedes pensar que tu oportunidad ya ha pasado, y en realidad estar frente a ella. Pudiera ser que tu edad impida emprender la aventura que tu quisieras, o tal vez ser tu mejor aliado para superarla. Nos chocamos, nos caemos y todos dicen que estamos acabados, pero en cambio hemos aprendido, mejorado y somos tras esos golpes la mejor versión de nosotros mismos. Tenemos el tiempo a nuestro antojo, y sólo necesitamos la fortaleza para afrontarlo como es debido.

De esta manera han debido de pensar muchos hombres que han triunfado, y también muchos jugadores que están empeñados en ello. Gerard Deulofeu, Bojan Krkić o Joel Campbell bien habrán tenido más de una docena de ocasiones en los que habrán sentido que su momento se terminó. La gestión del talento joven siempre es muy delicada. Chicos de apenas doce años habrán escuchado esta semana que lo tienen todo para convertirse en las futuras estrellas allá por las costas de Miami, y cuando le creas esas expectativas a personas tan vulnerables es muy difícil de gestionar correctamente. ¿Cómo le explicas a un chico tan pequeño que en 2015 le vendieron que iba a ser un jugador emblema del club, que dos años después es suplente en su equipo? ¿O a otro de dieciocho años que cobra más que alguno de treinta que se tiene que ir a jugar cedido a la Segunda División B para curtirse en el esfuerzo y la humildad? No es imposible, desde luego, pero sí tremendamente complicado de llevar.

Por el motivo que sea, muchos jugadores se pierden por el camino. Se frustran y toman decisiones que en el corto plazo tal vez les ayuden, pero no así en el medio y el largo. Son humanos. Pero como bien dice nuestro querido Benjamin, aprender de todas esas situaciones es lo que puede marcar la diferencia entre llegar o no llegar a su objetivo. Y así es como ha llegado Bojan al momento de forma en el que está.

El talento que tiene el delantero del Stoke es el mismo que demostró en su mejor momento en Barcelona. Esas cosas no desaparecen. Como mucho se deterioran, se erosionan, pero siguen dentro del jugador, y en Stoke-on-Trent el internacional español lo está demostrando. Con gestos de un jugador de categoría, toques de mucha clase, y aportando al equipo una movilidad muy inteligente, Bojan está usando todas esas piedras que se ha encontrado por el camino en Roma, Milán y Ámsterdam para no volver a tropezar, y a sus 27 años ha vuelto a sonar para equipos grandes de la Premier. El tiempo le traicionó de joven, y él le ha dado la vuelta.

Caso similar podríamos decir que es el de Joel Campbell, a su nivel. Desde su aterrizaje en el Arsenal de Arsène Wenger con 19 años, demostró que tenía detalles que iban a justificar la apuesta del entrenador francés, pero un trámite administrativo le denegó su ficha con el primer equipo en un principio, y ahí comenzó su larga gira de cesiones por Europa. Lorient, Real Betis y Olympiakos tuvieron la suerte de contar con el costarricense entre sus filas por un año cada uno, y tras dar un salto en sus cifras durante su estancia en el conjunto griego, Campbell fue finalmente incluido en la plantilla del Arsenal en la temporada 2014/15 para terminar jugando dos partidos antes del parón navideño. Su nombre cada vez se asociaba más a la lista de jugadores jóvenes que no llegaron donde apuntaban, y de nuevo una cesión le mandó a Villarreal. Pero aprovechando las lesiones del conjunto amarillo, el tico se afianzó en el once cuajando un gran final de temporada que le volvió a valer su regreso a la plantilla gunner, donde esta temporada ya ha comenzado a entrar con mejor pie en el equipo, con buenos pases y movimientos en el último tercio. Le quedan un par de pasos por dar, pero de nuevo Campbell está consiguiendo recuperar ese puesto que tanto le prometieron a base de experiencia.

Viajando a otra emblemática ciudad inglesa como Liverpool, nos encontramos con la eterna esperanza culé en los últimos años. El caso de un jugador que se ha utilizado como ejemplo de la creciente deficiencia en la gestión de la cantera del FC Barcelona. Por supuesto, hablamos de Gerard Deulofeu. Un jugador que desde que se diera a conocer al mundo en las categorías inferiores de la Selección Española ha sido vanagloriado por muchos por su excelso futuro futbolístico. Y no les culpo. Su cambio de ritmo y su regate eran tan llamativos como efectivos en su aparición. Su capacidad para destacar individualmente frente a sus rivales y a sus compañeros estaba fuera de dudas, y por ello su caso se mediatizó. Flaco favor para cualquier joven estrella. Todo parecía ir viento en popa para el catalán, que fue cedido al Everton y demostró su desparpajo en una liga donde esas individualidades ganan partidos.

Pero poco a poco se fue ganando una imagen de jugador rebelde, que no se esforzaba ni defendía, y el Barcelona decidió esperar un poco a incluirlo en la plantilla para cederlo a un entrenador y un entorno que le formaría como ninguno en ese aspecto: el Sevilla de Unai Emery. Un movimiento a todas luces ganador para ambas partes, y que terminó por no serlo para ninguna, o eso pensará la mayoría. Su paso por el Sevilla brilló por la falta de minutos, y tras él el FC Barcelona decidió regalárselo al Everton en un movimiento cuyas cifras dejaban entrever que ya no confiaban en él. Deulofeu volvió al único lugar donde llegó a tintinear al nivel de luz que él creía que podía producir, y de nuevo ha vuelto a conseguirlo. Su sociedad con Lukaku está brillando en la Premier League por méritos propios, y pese a que aún se le debe exigir más a un talento estratosférico como el suyo, el propio Gerard ha reconocido que su paso por la mano de Emery le ha hecho aprender mucho, arrojando un halo de esperanza que está empeñado en confirmar. “… espero que conozcas a personas con otro punto de vista…”.

No hay que ser joven para sufrir este proceso. Éver Banega llegó a la Liga BBVA con aires de ser el próximo gran centrocampista argentino del mundo y pese a intentarlo en Valencia y Madrid no consiguió cumplir las expectativas. Habían puesto el listón demasiado alto, y tras darse de bruces con él, volvió a Argentina para reencontrarse a sí mismo y disfrutar del fútbol. Pero el que disfrutó con la situación fue Monchi, que no hay campo de fútbol que no vigile, y gracias a él y al ya mencionado técnico del Sevilla estamos disfrutando de un jugador insustituible en todo un dos veces campeón de la Europa League. Así podría hablarse también de Aritz Aduriz, tal vez el hombre que mejor encarne el espíritu de Benjamin Button a sus 34 años. Qué año 2015 nos ha regalado el bueno de Aritz.

Giovanni Dos Santos, Beñat, Arnautovic, Dani Parejo, Sidnei, Sergi Roberto… Son muchos los jugadores que decidieron por sí mismos que su oportunidad, lejos de haber pasado, estaba por llegar. Algunos lo consiguieron a base de insistir y aprender de sus errores. Otros tuvieron que ser lo suficientemente fuertes para cambiar su mentalidad y empezar prácticamente de cero. Cada historia es lo suficientemente particular y elogiable que merece ser contada por sí sola, pero seguro que en todas ellas, su autor, aún tiene muchas páginas que añadir. Intentando, como nuestro protagonista, sacar la lectura positiva de sus partidos.

Artículo publicado en garrinchamagazine.com

sábado, 16 de enero de 2016

Samu Castillejo no fue suficiente

Tras el 3-2 de la ida, tanto Marcelino García Toral como Ernesto Valverde tuvieron que analizar serias opciones para un encuentro de vuelta que desde luego querrían distinto. Los ahora locales, por las carencias que demostraron en la segunda parte dejándose remontar un 0-2, y los bilbaínos porque podían aprovecharse para jugar con el tempo del partido. Así se prepararon ambos equipos el encuentro, y ante la grada del Madrigal sólo uno de ellos fue capaz de demostrarlo.

Desde el inicio, tanto el Villarreal como el Athletic de Bilbao decidieron mantener la línea defensiva adelantada. Así, Musacchio organizaba a los suyos para hacer un bloque compacto, y Laporte hacia lo propio con su zaga, pero con un matiz importante: desde el minuto uno, los de Valverde decidieron no especular con el resultado y ejercer una presión muy alta sobre la salida del conjunto castellonense. Cada vez que Barbosa ponía el balón en juego con los centrales, la presión del Athletic con Aduriz y Eraso por delante obligaba al Villarreal a salir por banda, y ahí crecía la intensidad de la presión. Con Tomas Pina y Rodrigo poco atrevidos hasta el minuto treinta, el resultado era un pelotazo que Laporte y Etxeita hacían suyo constantemente en un duelo con los delanteros que por arriba estuvo muy desequilibrado.

A partir de ahí, aprovechando que los de Marcelino no presionaban hasta que el Athletic superaba la medular, la paciencia con el balón fue la máxima que siguieron durante todo el partido. Con un doble pivote para la ocasión, Beñat e Iturraspe se adueñaron de la medular del Madrigal para alargar todo lo posible sus ataques, y desde el orden filtrar balones a Iñaki Williams. Descaradamente buscaban el sector izquierdo de la defensa amarilla, y aunque conseguían amenazar los dominios de Barbosa, tampoco daban sensación de peligro real. Tampoco era imprescindible, puesto que conseguían controlar el partido desde la posesión y el cronómetro, pero la intención vasca siempre fue atacar a Adrián Marín. Y en uno de sus ataques, en el que curiosamente los atacantes estaban en lugares distintos de los fijados por venir de un córner en contra, Laporte fulminó las líneas amarillas con un pase que encontró a Williams entre centrales y definió con mucha calidad. 0-1 y el plan del Txingurri no podía tener un contexto mejor para desarrollarse.

El Villarreal, mientras tanto, intentaba robar balones en zonas intermedias para pillar al Athletic en velocidad y desorganizado, pero ni lo consiguió todo lo que lo necesitaba, ni acertó cuando llegaba a esas zonas por mérito propio. Sólo cuando subió la presión unos metros pudo provocar algún robo realmente peligroso. La estrechez entre líneas que desplegó su rival hizo que el plan fuera difícilmente ejecutable a la velocidad que Marcelino habría deseado. El sistema defensivo de Valverde exigía una calidad técnica en el pase y en el control tal que el más mínimo centímetro perdido se traducía en un mal gesto y desembocaba en una pérdida. Por más que lo intentaba, sólo a través de Samu Castillejo conseguía la precisión en los gestos para superar las primeras líneas, y en la mayoría de las ocasiones cuando el balón llegaba a Leo Baptistao se terminaba perdiendo. El brasileño fue una sombra de lo que puede llegar a ser. Tampoco Samu García fue una solución a esta constante, y sí lo era Nahuel, que siempre que participaba en las jugadas tomaba la decisión correcta. Una lástima para su equipo que no lo hiciera con más asiduidad, puesto que el partido se jugaba en la banda contraria. Lo mismo debió pensar también Marcelino, que en la segunda parte cambió las bandas pero eso sólo ofreció peores versiones de Samu y Nahuel, disminuyendo aún más las opciones amarillas. Denis Suárez sí pareció ser una amenaza para la defensa vasca, pero era ya demasiado tarde.


Con todo esto, el partido terminó con el Athletic de Bilbao clasificado para los cuartos de final de la Copa del Rey, junto a una sensación de dominio muy gratificante para sus intereses, un par de acciones para olvidar de Bailly y Soldado, y un Villarreal que sigue con peores sensaciones de las que indica su posición en la tabla. Aunque tampoco todo ha sido negativo para Marcelino. La rotación ha permitido descansar a jugadores importantes, la cantera continúa aportando hombres muy válidos como Rodrigo o Adrián Marín, y esta noche ha podido ver a un Samu Castillejo que se atrevía constantemente y asumía los galones en el ataque castellonense. No ha bastado para pasar de ronda, pero es otro paso fundamental en su crecimiento como jugador. Y calidad técnica ya derrocha.

Artículo publicado en garrinchamagazine.com

Vitolo y el broche

Hay veces que para que el colectivo avance, tú tienes que dar un paso hacia atrás. En el fútbol, esta realidad se suele materializar como una situación en la que un jugador que era titular, debe asumir su nuevo rol en el equipo en beneficio del grupo, y pasar a estar más tiempo del que querría al lado de su técnico en el banquillo. En todos los equipos ocurre con más o menos asiduidad. Pero hay otra forma de que esto suceda. Un proceso que, por su propia exclusividad, se da menos a menudo, pero que se debe valorar como se merece, y que está viviendo en sus carnes Víctor Pérez Machín esta temporada. Hablo de renunciar a tu rol y a tus números, cediendo los focos, para sumar donde el conjunto verdaderamente te necesita: en salida de balón.

Tras diecisiete jornadas de liga, Vitolo no ha sido capaz de anotar un solo gol ni de repartir una asistencia.

Durante el verano, los vítores al trabajo de Monchi fueron una constante en cualquier operación que se cerraba. Pasaban los días y todos esperábamos a ver con qué noticia nos sorprendería de nuevo el director deportivo más famoso de España, para ir formando una plantilla que estuviera a la altura del reto que habían conseguido aceptar. Los nombres de la misma apuntaban a superarlo, pero desde los primeros partidos se entrevió que había un problema no tan sencillo de resolver con estos jugadores. La fluidez de pelota no aparecía, y aunque todas las líneas estaban más o menos implicadas, un nombre apareció como responsable: Steven N’Zonzi. ¿Habría fallado Monchi al valorarlo? ¿Sería el error haber buscado un jugador de ese perfil para un puesto y un plan que parecían pedir otro? Pasaban los partidos y no quedaba clara la respuesta a estas preguntas, ni la alternativa Khron-Delhi parecía poder sacar a Unai del aprieto. Además, la lesión de Banega y las incógnitas que suponían los sustitutos de Bacca tampoco sumaban. El Sevilla no era capaz de sacar el balón con la fluidez que quería su entrenador, y siendo que en su cabeza estaba la idea de formar un equipo más protagonista con la posesión, el bajón anímico fue imparable.

Lejos de ser una solución a largo plazo, en esa situación emergió un recurso que ya estaba ahí la pasada campaña. Si los jugadores que ocupaban el tercio central del terreno –centrocampistas y centrales- no conseguían superar las líneas de presión del rival, él lo haría desde la banda. Las conducciones de Vitolo fueron el primer recurso verdaderamente eficaz del Sevilla de Unai Emery esta temporada para llevar el balón desde la defensa hasta el borde del área. A esas alturas de la misma, tampoco necesitó retrasar mucho su posición para hacerlas, pues el equipo sufría atrás y se pasaba gran parte del tiempo en las inmediaciones de su portería sin formar parte del plan. Tan sólo tenía que conseguir entrar en contacto con el esférico, dar tal vez una pared con un compañero bien posicionado, y su zancada y excelente control de balón se encargaban del resto para sacar al equipo de ahí. Un recurso impagable en la situación en la que se encontraban los sevillistas, pero que también mostraba una desventaja al vaciar de jugadores la posición que debería ocupar Vitolo en el extremo derecho. Gameiro fue quien mejor entendió la situación, tirando desmarques a la espalda de un lateral generalmente adelantado para vigilar al canario, y haciendo daño con su movilidad. Pero ni lo explotaba con la eficiencia del mejor Vitolo, ni compensaba siempre vaciar tanto el área.

Como el plan de Emery es recurrente en sus años en Sevilla, conviene ahora echar la mirada atrás para ver en qué contexto se veía al mejor Vitolo. La temporada pasada también siguió un guión muy de Unai con un bajón de rendimiento al principio que se solventó en invierno para dar paso a un equipo sin apenas rival. Y en ese calendario invernal que tan bien resolvió el conjunto sevillista, el canario dejó varias actuaciones en la cúspide de su carrera. Vitolo mostró sus mejores cifras con un lateral más conservador a su lado como Diogo Figueiras. Fue con él cuando asaltó Borussia Park para seguir avanzando en la Europa League, y también sería con el portugués con quien destrozó al Deportivo de la Coruña al contragolpe en Riazor la pasada campaña. Con un lateral de su corte, Unai tenía en Vitolo un arma letal en las transiciones que se podía dedicar a correr y desbordar en su extremo, apoyado también en un plan que no necesitaba tanto de sus conducciones para superar las líneas enemigas. Después con Coke, y sobre todo con Aleix Vidal, dejar el carril para sus subidas era una opción ganadora que el técnico no dudó en explotar, con lo que vimos de nuevo a un Víctor Machín más interior y creador. Ambas versiones del canario eran útiles para el equipo, pero una destaca sobre la otra en su participación directa en los goles.

Así llegamos al punto actual del Sevilla. A fecha de la redacción de este artículo, el equipo no ha encontrado su arma definitiva para asentarse en campo contrario, y las aportaciones de Vitolo al respecto son un recurso lo suficientemente efectivo como para no poder renunciar a él. Además, la irrupción de un lateral tan ofensivo como Mariano ha servido a Unai para cubrir las carencias ofensivas del equipo en esa parcela que el canario vacía con sus contribuciones a la salida y la creación. De hecho, su calidad en los centros casa muy bien con un delantero como Fernando Llorente, o con Iborra llegando mucho al área, y la marcha de Carlos Bacca hace que la mejor combinación que tiene el canario no se eche tanto de menos. Seguro que él mismo es el primero que anhela su versión más decisiva en la portería contraria, y quien sabe si ahora que llegamos a fechas invernales el equipo se reencontrará con sí mismo y solventará los problemas en el medio que ha ido arrastrando hasta ahora.


Pero, por seguro, el equipo estará agradeciendo mucho más su contribución actual, a todas luces necesaria, que los goles que podría haber anotado si se desentendiera más de estas tareas. Una labor muy importante para minimizar en la medida de lo posible el mal rendimiento del conjunto hispalense hasta la fecha, y que merece el broche del gol y la asistencia para que la opinión pública también valore la temporada de Vitolo como merece.

Artículo publicado en garrinchamagazine.com