Tras el 3-2 de la ida, tanto Marcelino García Toral como Ernesto
Valverde tuvieron que analizar serias opciones para un encuentro de vuelta que
desde luego querrían distinto. Los ahora locales, por las carencias que
demostraron en la segunda parte dejándose remontar un 0-2, y los bilbaínos
porque podían aprovecharse para jugar con el tempo del partido. Así se
prepararon ambos equipos el encuentro, y ante la grada del Madrigal sólo uno de
ellos fue capaz de demostrarlo.
Desde el inicio, tanto el Villarreal como el Athletic de Bilbao
decidieron mantener la línea defensiva adelantada. Así, Musacchio organizaba a
los suyos para hacer un bloque compacto, y Laporte hacia lo propio con su zaga,
pero con un matiz importante: desde el minuto uno, los de Valverde decidieron
no especular con el resultado y ejercer una presión muy alta sobre la salida
del conjunto castellonense. Cada vez que Barbosa ponía el balón en juego con
los centrales, la presión del Athletic con Aduriz y Eraso por delante obligaba
al Villarreal a salir por banda, y ahí crecía la intensidad de la presión. Con
Tomas Pina y Rodrigo poco atrevidos hasta el minuto treinta, el resultado era
un pelotazo que Laporte y Etxeita hacían suyo constantemente en un duelo con
los delanteros que por arriba estuvo muy desequilibrado.
A partir de ahí, aprovechando que los de Marcelino no presionaban
hasta que el Athletic superaba la medular, la paciencia con el balón fue la
máxima que siguieron durante todo el partido. Con un doble pivote para la
ocasión, Beñat e Iturraspe se adueñaron de la medular del Madrigal para alargar
todo lo posible sus ataques, y desde el orden filtrar balones a Iñaki Williams.
Descaradamente buscaban el sector izquierdo de la defensa amarilla, y aunque
conseguían amenazar los dominios de Barbosa, tampoco daban sensación de peligro
real. Tampoco era imprescindible, puesto que conseguían controlar el partido
desde la posesión y el cronómetro, pero la intención vasca siempre fue atacar a
Adrián Marín. Y en uno de sus ataques, en el que curiosamente los atacantes
estaban en lugares distintos de los fijados por venir de un córner en contra,
Laporte fulminó las líneas amarillas con un pase que encontró a Williams entre
centrales y definió con mucha calidad. 0-1 y el plan del Txingurri no podía
tener un contexto mejor para desarrollarse.
El Villarreal, mientras tanto, intentaba robar balones en zonas
intermedias para pillar al Athletic en velocidad y desorganizado, pero ni lo
consiguió todo lo que lo necesitaba, ni acertó cuando llegaba a esas zonas por
mérito propio. Sólo cuando subió la presión unos metros pudo provocar algún
robo realmente peligroso. La estrechez entre líneas que desplegó su rival hizo
que el plan fuera difícilmente ejecutable a la velocidad que Marcelino habría deseado.
El sistema defensivo de Valverde exigía una calidad técnica en el pase y en el
control tal que el más mínimo centímetro perdido se traducía en un mal gesto y
desembocaba en una pérdida. Por más que lo intentaba, sólo a través de Samu
Castillejo conseguía la precisión en los gestos para superar las primeras
líneas, y en la mayoría de las ocasiones cuando el balón llegaba a Leo
Baptistao se terminaba perdiendo. El brasileño fue una sombra de lo que puede
llegar a ser. Tampoco Samu García fue una solución a esta constante, y sí lo
era Nahuel, que siempre que participaba en las jugadas tomaba la decisión
correcta. Una lástima para su equipo que no lo hiciera con más asiduidad, puesto
que el partido se jugaba en la banda contraria. Lo mismo debió pensar también
Marcelino, que en la segunda parte cambió las bandas pero eso sólo ofreció peores
versiones de Samu y Nahuel, disminuyendo aún más las opciones amarillas. Denis
Suárez sí pareció ser una amenaza para la defensa vasca, pero era ya demasiado
tarde.
Con todo esto, el partido terminó con el Athletic de Bilbao
clasificado para los cuartos de final de la Copa del Rey, junto a una sensación
de dominio muy gratificante para sus intereses, un par de acciones para olvidar
de Bailly y Soldado, y un Villarreal que sigue con peores sensaciones de las
que indica su posición en la tabla. Aunque tampoco todo ha sido negativo para
Marcelino. La rotación ha permitido descansar a jugadores importantes, la
cantera continúa aportando hombres muy válidos como Rodrigo o Adrián Marín, y
esta noche ha podido ver a un Samu Castillejo que se atrevía constantemente y
asumía los galones en el ataque castellonense. No ha bastado para pasar de
ronda, pero es otro paso fundamental en su crecimiento como jugador. Y calidad
técnica ya derrocha.
Artículo publicado en garrinchamagazine.com
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