En Barcelona tienen que tener la sensación de que quien diseña el
calendario de la Liga siempre coloca la visita a San Sebastián en un momento de
dificultad culé. Creo que no hará falta contar cuál fue ese momento en la
temporada 2014/15 y lo que significó para Luis Enrique y sus hombres, y aunque
en la presente el contexto sea bien distinto, la realidad es que se vuelve a
dar esta circunstancia. Tras el parón por selecciones, el Barcelona no se ha
encontrado consigo mismo sobre el terreno de juego. Los duelos frente a Real
Madrid y Atlético de Madrid dan buena fe de ello, y ayer la Real Sociedad se
empeñó en prolongar una temporada más su acierto frente al conjunto azulgrana,
y así insistir en el bajón de forma azulgrana.
El conjunto de Eusebio Sacristán consiguió mediante un importante
despliegue físico ejecutar a la perfección el plan que su técnico había
diseñado para el encuentro, que consistiría en dos fases bien diferenciadas. En
primer lugar, especialmente en los primeros diez minutos, cuando el Barcelona
sacara el balón jugado desde bien atrás, los donostiarras presionarían su
salida con intensidad y fe. Con Carlos Vela pendiente de orientar la presión
entre los centrales, Oyarzabal y Xabi Prieto en bandas atentos al lado de la
misma, y un interior encima de Sergio Busquets, la Real Sociedad consiguió que
el Barcelona tuviera serias dificultades para conectar con sus hombres de
arriba, e incluso con su novedosa pareja de interiores Rafinha-Arda Turan. Su
altura tampoco ayudaba a una salida limpia, pero en las contadas ocasiones en
las que la superaron consiguieron aprovechar los huecos que su rival dejaba
atrás para poner en peligro los dominios de Gerónimo Rulli. Era un plan que
estaba siendo efectivo, con cierto riesgo, que requería de un esfuerzo muy
elevado de sus jugadores para mantenerlo, y que terminó a los pocos minutos de
empezar gracias al gol de Mikel Oyarzabal.
El gol de la Real Sociedad les permitió centrar sus grandes
esfuerzos en cerrar los huecos que pudieran ofrecer atrás
Tras el sensacional cabezazo del joven vasco, la presión alta se
redujo a las ocasiones en las que el Barcelona retrasaba el balón hasta Claudio
Bravo. Su convicción hacía que también así pusieran en problemas al líder de la
Liga, con varios hombres generosos en la carrera para que sus esfuerzos no
fueran en vano, pero la mayor parte del tiempo el equipo txuri urdin cerraba
con muchos hombres atrás. Sin la presión tan alta de los primeros minutos, el
triángulo Piqué-Busquets-Mascherano tenía mayores facilidades para avanzar con
la pelota y el Barcelona era capaz de asentarse en campo contrario. Tampoco la
Real Sociedad estaba incómoda. Si bien sus hombres de banda terminaban cerrando
atrás ante la subida de Dani Alves y Sergi Roberto, el equipo estaba unos
metros por delante de su área y estaban evitando que la posesión se tradujera
en verdadero peligro de gol.
En este momento es cuando mejor pudimos observar los automatismos
del Barcelona para atacar una defensa compacta, que le esperaba para hacerle
daño al contraataque. Messi aparecía por dentro cuando Alves llegaba a zona de
tres cuartos, pero esta vez no estaba en zona de Busquets sino más avanzado
entre líneas y con Rafinha intentando conectarle en el partido. Era un
triángulo que podría haber causado muchos problemas, pero el despliegue de
Mikel Oyarzabal y de David Zurutuza redujeron mucho su impacto. Por el lado
contrario, Neymar sí que entró mucho en contacto con el balón para crear
ventajas desde su uno contra uno. Esteban Granero intentaba frenarle cuando
venía al centro, aunque sin demasiado éxito, pero el tremendo trabajo de Asier
Illarramendi en las ayudas y lo juntos que estaban sus compañeros volvían a
suponer una reducción considerable del peligro de gol de sus acciones. Tampoco
ayudó que tuviera a su lado a un lateral a pierna cambiada como Sergi Roberto
ni que Munir fuera quien tuviera que luchar con Diego Reyes y Mikel González.
El canterano, tan acertado en encuentros más abiertos, anoche naufragó en la
guerra de trincheras que Eusebio diseñó.
No fue por no insistir por lo que el Barcelona terminó perdiendo
los tres puntos de nuevo en Anoeta. Andrés Iniesta entró al descanso por
Rafinha, reubicando a Arda en el interior derecho, y el manchego sí que fue
capaz de inventar veinte minutos donde el gol de su equipo empezaba a olerse a
base de balones a la espalda de la defensa desde el vértice del área. Pero fue
en vano. Los defensas donostiarras y Gerónimo Rulli se deshicieron del peligro
que las contadas ocasiones azulgranas les provocaban, y los duelos en el área
apenas se tradujeron en ventajas para un equipo que estaba en inferioridad
tanto numérica como física en esas situaciones. Después los locales se
asentaron de nuevo sobre el terreno de juego, con contadas ocasiones de su
rival que el meta argentino fue capaz de solventar, y San Sebastián volvió a
dictar sentencia en una Liga que parecía acabada.
Por tercer partido consecutivo, el Barcelona pareció superado
futbolísticamente en el césped por un equipo que no quiso el balón y que se
dedicó a percutir por donde flojea últimamente el conjunto de Luis Enrique: en
lo psicológico. Anoeta, las rotaciones y el recuerdo de los partidos pasados
sirvieron para que un sistema que dificultó todo lo posible el gol culé les
recordara que allá donde antes brillaron, ahora sufren. Sin duda en el peor
momento de la temporada, al Barcelona le está costando meter goles. Veremos si
el miércoles, con los titulares sobre el césped y ante un Atlético sin Fernando
Torres, consiguen darle la vuelta a esta situación. O si no será demasiado
tarde.
Artículo publicado en garrinchamagazine.com