Cada dos años, cuando llega el mes de junio la temporada no se
termina sino que sólo acaba de comenzar. Con Champions, Liga y Copa resueltas
puede ser contradictorio leer esto, pero eso sólo quiere decir que no eres un seleccionador
nacional. Es normal no pensar en todo el año futbolístico como una gran
pretemporada en la que tienes que conseguir una clasificación mientras rezas
para que tus mejores jugadores no se lesionen en sus demás compromisos. Pero
junio ya está llegando, y con él la Eurocopa de Francia. En la que España, de
nuevo, es favorita.
Historia
La relación de la selección española con este torneo está
impregnada de un aroma embriagador y melancólico. Hasta hace ocho años, la
Eurocopa que Marcelino consiguió con su gol ante la Unión Soviética era el
único consuelo internacional que tenían los españoles. Por muchos mundiales que
disputara, por muchas competiciones internacionales que compitiera, siempre
terminaban con los jugadores cabizbajos y los aficionados frustrados por caer
en la ronda de turno. “Este año tampoco” se decían. Y para romper la maldición,
de nuevo la Eurocopa sería el motivo por el que alegrarse cuarenta y cuatro
años después.
Desde que Luis Aragonés pusiera el sistema y la fe, España se
convirtió en la mejor selección de Europa y el rival a batir. Con una tanda de
penaltis ante Italia que seguro que no hace falta describir se rompió la
“maldición de cuartos”, y el equipo confió en sus posibilidades. El gol de
Torres lo certificó en la final frente a Alemania. El fútbol ya no era un
deporte en el que juegan once contra once y siempre ganan los alemanes. Los
mejores eran los españoles, y desde ese preciso instante la inercia se
invirtió.
Tras hacer valer su calidad conquistando el Mundial de Sudáfrica,
la Eurocopa de 2012 volvía a retar su hegemonía futbolística con un reto nada
fácil. Por supuesto eran los máximos favoritos a alzarse con el título, aun
cuando nadie lo había conseguido de manera consecutiva, pero si bien el equipo
mantenía su bloque y su juego, no hacía lo propio con su estado de forma y
empezaba a flaquear. En la fase de grupos Italia y Croacia pondrían en serios
apuros a los hombres de Vicente del Bosque, y la suerte de los penaltis volvió
a favorecer a La Roja frente a Portugal en las semifinales. Pero se guardaron
su mejor carta para la final, y de nuevo frente al combinado italiano
conquistaron el título tras un contundente 4-0 conseguido a base de bordar la
gestión de la posesión. Un recuerdo de nuevo imborrable.
Eurocopa 2016
Las posibilidades de España en esta Eurocopa no pueden entenderse
sin la debacle de Brasil. La Roja se cayó de su trono de la manera más
estrepitosa posible, fracasando en su afán de repetir título en la mismísima
fase de grupos del torneo. En ese momento se entendió que esa generación había
llegado a su fin, y asistimos a un partido frente a Australia -en el que España
ya no tenía posibilidades de pasar de ronda- en el cual jugadores de la talla
de David Villa o Xabi Alonso jugaron sus últimos minutos en la selección. Tras
el correctivo más duro que podía haber sufrido el combinado español, la idea
fue regenerar la selección con jugadores nuevos. Tampoco le quedó otra a
Vicente Del Bosque, que vio como muchos de sus hombres de confianza decidieron
retirarse de la misma, y con la “transición dulce” que ha llevado a cabo el
seleccionador conseguimos la clasificación para la Eurocopa y nos encuadraron
en el Grupo D junto a la República Checa, Turquía y Croacia.
Aunque con esos rivales España parta como favorita, la
inexistencia de un rival de tercera fila complica mucho las posibilidades de la
selección para pasar de ronda, si bien insistiendo en que debería ser superior
en cada duelo directo frente a ellos. No podía ser menos hablando de un aspirante
a campeón. Pero entrando a valorar a estas tres selecciones, es preciso hacer
ese apunte. En conjunto, el desgaste sí es una amenaza real a las posibilidades
españolas en la Eurocopa.
De ellas, tal vez la más complicada de batir sea la selección
croata. Si no pierden piezas para la cita, un centro del campo con Modric,
Rakitic, Kovacic o Brozovic es capaz de disputarle el balón a La Roja en un
primer intento. Pero si no saliera bien el plan, esos mismos hombres también
serían capaces de aprovechar los balones perdidos -o robados- para enlazar
transiciones peligrosas con Mario Mandzukic como punta de lanza y Perisić en el
costado. Y todo ello sin olvidar que el combinado croata no ha modificado
demasiado su bloque pese al nuevo seleccionador, Ante Čačić, que siempre supone
un plus en estos contextos. En cuanto a las otras dos selecciones, la entrega y
la agresividad turca seguro que ponen en apuros la tranquilidad que pretende
caracterizar a España en su juego, y República Checa no terminó primera del grupo
de Holanda porque sí. El grupo no es fácil, y todos los rivales sabrán
exactamente cómo hacer daño a la selección dado su mediático estilo de juego.
Pero dependerá de ellos mismos pasar de ronda, y con el formato actual de la
Eurocopa en el que hasta terceros de grupo pueden pasar, sería un absoluto
fracaso no hacerlo.
Suponiendo ya que la Roja ha accedido a octavos de final, si lo
hiciera como primera de grupo le tocaría jugar contra un tercero que bien
podría ser Suecia, Rusia, Gales o Islandia, y si lo hiciera como segunda de
grupo, se enfrentaría al primero del grupo de Bélgica e Italia. Pero un equipo
que quiere el revalidar el título por tercera edición consecutiva no puede
pensar en qué rival tendrá, sino que deberá batir a quien le toque en cualquier
fase de la competición. Así que la pregunta es, ¿está España en condiciones de
ser mejor que todos los demás? La respuesta no es fácil. Las sensaciones
generales de la selección no son las mejores, y en los últimos encuentros están
teniendo serias dificultades para encontrar la portería contraria. Tampoco el
área propia está siendo una zona segura, que como contrapartida a lo anterior
podría ser una consecuencia favorable. Ahora mismo el grupo no parece capaz de
ser lo suficientemente fiable como para semejante afirmación. Pero lo que sí
parece claro es que pese a esta consideración, España en un partido puede
vencer a cualquiera de los veinticuatro participantes. Y nunca hay que
olvidarlo.
Estilo de juego y
jugadores
Pocos equipos de esta Eurocopa tienen un estilo definido que
podamos considerar su sello, y aunque España en su época dorada sí rompería esa
regla, la realidad es que el deterioro que ha sufrido su estatus está teniendo
su reflejo en este sentido.
La base sigue siendo el buen trato de balón. Jugar a través de la
posesión. Con esto en mente podría pensarse que el estilo que consiguió dos
Eurocopas y un Mundial sigue vigente, pero si la idea es perpetuarlo los
jugadores no están consiguiéndolo. Aunque el equipo siga queriendo mantener su
esencia, los detalles empiezan a ir dirigidos a un juego menos elaborado en el
tercio final, digno espejo de las características de los nuevos integrantes de
la selección. La salida de balón sigue siendo capital en la estructura
española, y siempre que se pueda la primera intención es que el mediocentro
baje su posición y junto con los centrales se impongan a sus rivales y salgan
con el balón controlado. Pero los rivales han ido intuyendo el bajón del nivel
del equipo, y poco ha poco han ido retando a los de Vicente del Bosque en esta
fase del juego también. Ahí es donde cobran una importancia vital los
laterales, que con su acierto en el pase deben solventar los compromisos que la
presión adelantada les suponga. Con la constante movilidad de sus interiores y
extremos para ofrecer las pertinentes líneas de pase.
Ya en campo contrario, cuando el equipo se enfrenta a un bloque
compacto le está costando ser efectivo en los ataque posicionales. Las
combinaciones cerca del área últimamente no se traducen en las mismas ocasiones
que antaño, y por eso de vez en cuando España no renuncia a realizar una
transición veloz con gente adecuada para hacerlo. No es la idea que les
gustaría plasmar sobre el terreno de juego, pero sí pretenden a menudo que el
balón llegue más rápido arriba, y por tanto después vuelva en consonancia. La
presión tras pérdida pretende evitar ese efecto rebote, pero de nuevo su
ejecución no brilla con luz propia y provoca un mayor número de ocasiones
rivales. España pretende mantener la esencia que le llevó a copar la élite del
fútbol mundial durante los últimos años, pero con los matices que sus nuevos
componentes prácticamente le exigen introducir.
Es por esto que sus dos hombres clave son dos de los que
protagonizaron esos años, y los que mejor entienden ese estilo que Don Vicente
añora: Andrés Iniesta y Sergio Busquets. Su excelencia en el fútbol de posesión
es un activo que la selección necesita para mostrar su mejor versión sobre el
césped. Más si cabe con las ausencias de tanto Xavi Hernández como Xabi Alonso.
Incluso su experiencia en el FC Barcelona, con un grupo que también vio como su
juego posicional se resentía y ha evolucionado para superar ese trance, puede
ser muy útil para guiar a sus compañeros en el camino. Además, entre los dos pueden
sumar en casi todos los aspectos del equipo. Y estarán bien rodeados por gente
como Thiago, Koke o Silva.
Más allá de esos dos hombres, hay un segundo escalón de jugadores
que también se antojan claves para definir las posibilidades de La Roja en la
Eurocopa. Hablamos, por ejemplo, de la pareja de centrales compuesta por Sergio
Ramos y Gerard Piqué. Polémicas personales al margen, de su concentración y
capacidad defensiva dependerá que el equipo sufra lo menos posible en partidos
que se presumen ligeramente más peligrosos que anteriormente con un equipo más
expuesto. Si son capaces de mantener al bloque corto, sin demasiada distancia
con los jugadores de arriba, la presión tras pérdida será más numerosa y
eficaz, mientras que en las veces que la superen los rivales será esencial su
capacidad para trabar los ataques, e incluso para cortarlos. Tarea en la que
siempre podrán contar con la ayuda de David de Gea, un portero que debería ser
la primera opción del técnico y consolidarse con la seguridad que transmite a
sus compañeros.
Álvaro Morata, Cesc Fábregas, Thiago Alcántara,… Muchos hombres
tendrán la oportunidad de sumar en esta selección para intentar conseguir entre
todos el ansiado objetivo. Incluso aquéllos que tendrán un carácter más
revulsivo que titular, como Nolito o Aritz Aduriz de ir convocado. Juntos
deberán sobreponerse a una realidad que exige la perfección para esta clase de
hitos, y que ellos mismos en su día crearon. Los veintitrés elegidos aún no
están definidos, aunque sí su gran mayoría. Y aunque pueda dar la sensación de
que no, unidos se ven capaces de conseguirlo.
Artículo publicado en la Guía de la Eurocopa de The Times Football