La dirección deportiva del Villarreal siempre ha destacado por un
elevado número de acierto en el potencial de sus elecciones. Tanto en
Sudamérica como en la Primera División española principalmente, sus ojeadores
compiten con los Monchi y compañía para traer a la costa castellonense nombres
como Samu Castillejo, Luciano Vietto o Giuseppe Rossi que abanderen el fútbol
combinativo que ha situado a este humilde pueblo español en el mapa
futbolístico internacional, y damos fe de que así ha sido. Pero otra área donde
han obtenido suculentos dividendos de manera menos mediática ha sido el centro
de la defensa, donde después de vender a Gabriel Paulista al Arsenal por quince
millones han obtenido nada menos que treinta y ocho por un costamarfileño
llamado Eric Bailly. Un hombre que en las manos de José Mourinho puede dar un
paso fundamental en su carrera deportiva.
Para aquellos que no hayan seguido tanto a Eric Bailly en su etapa
en el Villarreal, el central ha demostrado tener un físico privilegiado. No es
sólo que tiene una fuerza y una zancada envidiables, sino que además los sabe
utilizar con inteligencia para que su principal ventaja sobre su oponente sea
el argumento sobre el que versará ese enfrentamiento. En defensa, apoyado
además por el entramado defensivo que ha diseñado Marcelino esta temporada, se
ha demostrado como un central con bastante solvencia en los duelos con sus
rivales, y pocas veces se le ha visto sufrir frente a delanteros de perfil más
estático que no rehúyan el cuerpo a cuerpo. Pero es que además su carácter le
hace prodigarse bastante en ataque. Fue en los partidos en los que Bailly era
el lateral del conjunto amarillo donde más pudimos ver esta faceta, haciendo
gala de su potente arrancada en conducción y su descaro al regatear al primer
rival sin importarle demasiado la zona del campo en la que se encontrara.
Aunque precisamente esto último no tiene por qué ser tanto una cualidad
positiva como negativa. Es justo ahí donde más ha sufrido Eric en este último
año y medio.
Si su carácter es un activo importante a la hora de ganar sus
duelos, también es un aspecto en el que su nuevo técnico deberá trabajar para
que cuando lo emplee sea a favor del equipo. No son pocas las veces que
Marcelino se llevaba las manos a la cabeza porque el costamarfileño no hacía
las ayudas que le pedía o perdía la concentración por minutos. Y especialmente
significativo fue el episodio repetido en dos o tres partidos en los que el
central se echaba al suelo por los dolores que aguantaba en su hombro mientras
que la próxima jugada volvía al campo para volver a recaer y dar a su equipo la
sensación de que su costado estaría ciertamente desprotegido. Es consciente de
su aguante, de su poderío físico, pero a veces su exceso de confianza le lleva
a cometer este tipo de fallos, y por ahí la figura de José Mourinho puede
hacerle mejor jugador de lo que ya es. Porque es un gran central.
Tener un referente futbolístico como el portugués en el banquillo
seguro que le dota a Bailly del poso necesario para canalizar todo su fútbol de
la manera adecuada. Y de hacerlo, en una liga como la Premier League que
fomenta la transición y el empuje, un central de las características de Eric
puede ser un movimiento ganador por parte de los diablos rojos. Como ya hizo
con Pepe en el Madrid, cuando José Mourinho pensó en el ex-jugador amarillo
para protagonizar su primer gran desembolso en el Manchester United seguro que
lo hizo porque en su mente está la de erigirle como un gran mariscal en su
característica fase defensiva. El técnico analizó al equipo, detectó sus
carencias y decidió que el precio era secundario para traer un central como él.
Un jugador con la osadía suficiente como para llegar a Old Trafford, plantarse
en una plantilla con un evidente déficit futbolístico y decirles a todos:
“Tranquilos, yo me encargo de defender. Puedo hacerlo”. A sus 22 años. Si
Mourinho le convence, desde luego Bailly es su hombre.
Artículo publicado en garrinchamagazine.com
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