Eliminatoria a doble partido, dos sistemas defensivos robustos, y
dos entrenadores del más alto nivel que han tenido un mes para prepararlo. Así
podríamos definir de entrada una eliminatoria que si se preveía intensa, desde el
minuto uno tanto Villarreal como Nápoles se han empeñado en confirmar.
Mientras que Marcelino García Toral apostó por salir al Madrigal
con su once de gala, Maurizio Sarri, con la mente también puesta en un título
liguero que ilusiona mucho a los napolitanos, decidió aprovechar el encuentro
para dejar en el banquillo piezas importantes de su esquema como Gonzalo
Higuaín y Raúl Albiol. Pero su equipo apenas lo notó. El Villarreal salió muy
metido en el partido aprovechando su factor como local, y en el minuto cuatro
tuvo la oportunidad más clara de la primera mitad en una salida mal gestionada
por Pepe Reina que Roberto Soldado no acertó a resolver. Pero fue llegar al
minuto quince y se instaló sobre el césped el guión que regiría la mayor parte
del partido. Así, todos los balones del Villarreal salían de manera directa
hacia el sector izquierdo del ataque amarillo, donde el Nápoles los recuperaba
y se hizo con la posesión.
Ahí lo esperaban los puntas, que le ganaron la partida aérea a
Vlad Chiriches y a Hysaj, Denís Suárez, Jaume Costa y un mediocentro para
presionar con premura en la segunda jugada, pero si decimos que el primer
envite se lo llevaban los delanteros, el desenlace lo escribieron los
italianos. Chiriches estuvo soberbio durante todo el partido en velocidad, y
todo el peligro que le creaban Denis y Leo Baptistao en conducción lo deshizo
con relativa facilidad. No terminaba de ser el partido de ninguno de los dos,
porque el primero estaba un poco sólo, y el segundo aún no ha encontrado su punto
de forma adecuado, pero fue más el mérito de los defensas italianos que
demérito castellonense. Además, Sarri tiró la línea defensiva muy arriba,
insistiendo en presionar a los defensas y manteniendo el bloque compacto, por
lo que los duelos se producían muy lejos del área de Reina y el Villarreal
tenía aún mucho trabajo por hacer en ataque.
A partir de ahí, el Villarreal se encontró con un partido que no
evita esta temporada en absoluto, y decidió ceder el balón al Nápoles. Ahí
entró el sector también izquierdo del equipo, que a la espalda de Trigueros
hizo daño cuando recibía Mertens o combinaba con Hamsik. Mientras tanto,
Callejón se encargaba de estirar al equipo y fijar la línea defensiva, y Manolo
Gabbiadini alternaba desmarques de ruptura con momentos de juego más abajo para
ser aún más superiores en ese hueco que intentaban crear entre centrocampistas
y centrales. No les salió mal el plan, ya que tuvieron alguna ocasión para
adelantarse, pero este año esas ocasiones no terminan entrando en el Madrigal.
Estábamos presenciando un duelo entre dos defensas de Champions
League, en el que la única nota negativa la puso la lesión de un Jonathan Dos
Santos que tampoco tuvo su mejor partido. Mención aparte mereció Kalidou Koulibaly,
ese central más rápido que Bakambu recién entrado en el minuto sesenta y cinco,
que demostró por qué está siendo junto con Albiol una de las defensas de la
temporada en la Serie A. Un despliegue de potencia y físico a la altura de muy
pocos centrales actualmente.
Pero nadie quiere desaprovechar una buena oportunidad para luchar
por un título europeo, y los cambios deshicieron en parte este equilibrio y el
partido por tramos se rompió. Samu Castillejo fue el primero en agitar el
partido por el lesionado Dos Santos, siendo capaz de desbordar en dos ocasiones
antes del descanso y arrojar un halo de luz ofensivo al equipo. En la segunda
parte, precisamente los despistes tácticos del malagueño fueron los que
permitieron al Nápoles dominar en campo contrario, y después Insigne e Higuaín
amenazaban con su sola presencia a Areola. Bakambu no tardó en entrar por parte
del Villarreal, y cuando más roto estaba el partido, la entrada de Pina por
Trigueros fue capaz de mejorar la eficacia de la presión amarilla para
encontrar por primera vez de manera frecuente huecos en el sistema napolitano.
Probablemente el que dijo que “estos partidos se deciden por
detalles” tenía delante este Villarreal-Nápoles, porque fue en uno de esos
robos cuando una plancha sobre Castillejo supuso una falta peligrosa, y Denís
Suárez puso el detalle. Un detalle en forma de falta magistral, que celebró la
grada eufórica, consciente de la altura del reto al que se enfrenta, y que nos
deja para la vuelta un partido en el que Sarri estará obligado a sacar la mejor
versión de sus hombres. Desde luego, si los partidos duraran ochenta y cinco
minutos, a él no le importaría. Nosotros ya contamos las horas para vivir los
próximos noventa de esta eliminatoria que, como dijo Pepe Reina, perfectamente
podríamos estar viviendo en Champions League.
Artículo publicado en garrinchamagazine.com
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