domingo, 13 de marzo de 2016

Submarino Europeo

San Paolo estaba expectante para una gran noche europea. Con una media de cinco goles a favor por partido en esta edición de la Europa League, los aficionados napolitanos se veían más que capaces para que su equipo terminara remontando una eliminatoria con nivel de Champions League, que en el primer asalto les dejó aturdidos tras el gol de falta de Denís Suárez. “Un golpe de suerte” decían, y parte de razón no les faltaba. Pero la realidad les situaba frente a un equipo cuyo sistema defensivo es difícilmente desmantelable, y que con el marcador a favor se ha mostrado muy fiable. El reto era mayúsculo.

Consciente de ello, Maurizio Sarri en esta ocasión decidió no arriesgar y Gonzalo Higuaín saltaba al campo de la mano de la ilusión de todos sus aficionados. No lo hacían con él ni su compatriota Callejón, ni los normalmente titulares Jorginho, Allan y Koulibaly, pero la sensación seguía siendo que los locales salían con todo. Por su parte, Marcelino no rotó en ningún puesto y alineó su once de gala sobre el césped. Con esos protagonistas prosiguió la batalla táctica del Madrigal, pero con un punto más de descontrol emocional generado por el contexto. El riesgo de conceder un gol por error es el mismo, pero perder el colchón del partido de vuelta hizo verdadera mella en ambos conjuntos a lo largo del encuentro. Sabían lo que se jugaban.

Así, tras el clásico arreón local con el pitido del árbitro, el Villarreal se sintió muy cómodo cediendo el balón al Nápoles y creándole peligro a las contras. Soldado se estaba imponiendo a los centrales en todas las disputas, con incluso algunos errores no forzados, y los de Marcelino estaban teniendo la sensación de control que habían planeado, a la que sumaban a Bakambu castigando cada metro que adelantara la defensa Raúl Albiol. De hecho, en una de esas el delantero congoleño se plantó sólo ante un Pepe Reina que fue su némesis durante todo el partido, sacándole dos ocasiones clarísimas de gol. Y cuando mejor estaba el conjunto amarillo, Hamsik aprovechó un rechace de los centrales a la frontal para dar alas a su equipo poniendo el 1-0 de volea.

Si hay una tarea que tenga pendiente el conjunto de Marcelino, esa es la producción ofensiva, y quizás pensando en esa carencia, el plan de su equipo empezó a temblar de puro nervio. En el mismo punto de la ida -la banda de Mario y Rukavina- empezó a aparecer el goleador Hamsik para asociarse con Mertens y Strinić. A través de esta fisura que conseguían producir en la solidez amarilla, los de Sarri conseguían hacer daño a un Villarreal que ya no era capaz de mantener el bloque junto cuando recuperaba, por lo que cuando perdía el balón arriba la presión no surtía efecto y los jugadores iban acumulando kilómetros recorridos. Un cóctel peligroso si lo juntas con una defensa que no rifa el balón salvo necesidad, y un bloque de presión alto de los italianos para que finalmente fueran Areola y los centrales los que jugaran directo. El resultado eran posesiones largas tan solo fugazmente interrumpidas por un robo y un balón directo hasta que éste volvía a su control, y con el paso de los minutos los extremos napolitanos terminaron por inquietar al portero francés en un par de tiros lejanos. 

Quizás resulte significativo ver como, por momentos, hasta la pareja de Bruno Soriano y Tomás Pina se vio superada por el buen hacer del Nápoles y la atmósfera del encuentro. El descanso sirvió para apaciguar los ánimos. El Nápoles no podía pensar tan fácil como lo estaba haciendo en el último tramo de la primera parte, y el respiro les permitiría asumir la carga física inicial para que así fuera. Tras un nuevo arranque muy fuerte del conjunto local, el equipo castellonense volvió a presionar más arriba, en bloque, con Bruno y Pina muy pendientes de mantener la presión en campo contrario, y así se produjeron las pérdidas que buscaban. Pérdidas que se tradujeron en dos ocasiones y un córner decisivo para el devenir de la eliminatoria. 

Sería bonito que Marcelino hubiera soñado con esa jugada tal y como salió, haciéndosela ensayar a sus chicos cientos de veces en los entrenamientos de la ciudad deportiva. No en vano hasta cuatro corners del conjunto amarillo tuvieron ese mismo desarrollo, aunque sólo uno terminara dibujando esa parábola que la diosa fortuna brindó al balón de Pina. Pero el caso es que ese centro-chut puso las tablas en el marcador, obligando al Nápoles a marcar dos goles, y lo que es más importante, volviendo a cambiar de sentido la corriente. Nada fue lo mismo en San Paolo después de que la suerte sonriera al Villarreal con ese gol. Con aún gasolina en el depósito, y la moral por las nubes, los esfuerzos de sus jugadores se volvieron eficaces en cada una de las acciones que les obligaba a defender el conjunto italiano, y la entrada progresiva de Adrián, Samu Castillejo y Manu Trigueros consolidó el momentum que habían adquirido. Ni siquiera el actual capocannoniere fue capaz de crear verdadero peligro en la segunda mitad, bien protegido de nuevo por Musacchio y Víctor Ruíz, y las esperanzas de sus aficionados se iban apagando con el paso de los minutos. 


La verdad es que cualquiera de los dos equipos que hubiere accedido a la siguiente ronda habría sido merecido. No sólo eso, sino que iba a ser uno de los rivales a evitar en el sorteo por los demás equipos de la competición. Finalmente, con un estilo más cercano al italiano que el del propio Nápoles, el fútbol ha decidido que sea el conjunto de Marcelino García Toral quien forme parte de unos octavos de final con un nivel histórico, y que no sólo han conseguido por fortuna, sino por el mérito de reducir el número de ocasiones de semejante rival al mínimo mientras que ellos aprovecharon las suyas. La mejor expresión de este Villarreal de la temporada 2015/16.

Artículo publicado en garrinchamagazine.com

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