“Va a ser un partido sin
tregua, similar al que jugamos la temporada pasada contra el Salzburgo. Irá
todo muy rápido porque el rival presiona a todos los balones y llega con mucha
gente. Tienen una forma de jugar que provocará que debamos ser muy inteligentes
tanto defensiva como ofensivamente”.
Así definió el partido Marcelino García Toral cuando se le
preguntó en la rueda de prensa previa. El técnico del conjunto amarillo conocía
muy bien las cualidades de los de Roger Schmidt, tenía claro qué panorama se
iba a encontrar esta noche de jueves y asumió el duelo con valentía. Plantó
sobre el campo un once con Manu Trigueros en la sala de máquinas, Denís Suárez
y Samu Castillejo en las bandas a pierna natural, y arriba la dupla de gala.
Rukavina también estaba sobre el césped, pero en este caso como lateral
izquierdo, y con esos protagonistas el Villarreal se conectó al partido de
manera inmediata. Ambos conjuntos comenzaron con intensidad tanto con el balón
como sin él, pero al Bayer Leverkusen le costó quince minutos organizarse entre
tanta vehemencia, y para cuando se quiso dar cuenta estaba inmerso en el
partido que querían los locales.
La falta de orden del conjunto alemán en los primeros minutos
permitió a un Villarreal más ofensivo que de costumbre encontrar huecos para su
verticalidad con suma facilidad. Por si fuera poco, Soldado arrancó el
encuentro acertado y dejó solo a Bakambu delante de Bernd Leno para que el
congoleño adelantara a su equipo en el marcador. Con esa ventaja, el equipo
sólo necesitó mantener la solvencia defensiva que acostumbra esta temporada
para desmoralizar al rival. Un equipo netamente ofensivo que se daba de bruces
contra el muro amarillo, como otros tantos dignos rivales lo han hecho esta
temporada.
Tras otro par de fáciles transiciones ofensivas del Villarreal, el
Leverkusen se asentó definitivamente en el campo y se hizo con la posesión sin
oposición alguna. Dando muestras de su potencial, Jonathan Tah y Kyriakos
Papadopoulos empezaron a imponerse en la mayoría de sus duelos, y la
concentración ya era la idónea para que la presión tras pérdida fuera la del
equipo compacto que su técnico diseña. Pero el muro seguía repeliendo sus
ataques, y con el equipo obstinado, en la segunda mitad los contragolpes fueron
más acusados. Era cuestión de tiempo que los de Marcelino volvieran a conectar
con éxito cuatro pases en la misma jugada, y el guión no defraudó. Bakambu se
volvió a quedar solo frente al portero para repetir disparo y conclusión. Una
jugada que ejemplifica como ninguna el riesgo que asumen con arrojo conjuntos
con esta apuesta tan particular.
Un resultado que aún pudo ser más abultado, y que dejó la
sensación de enfrentar a dos equipos con niveles de forma muy dispares. El
Leverkusen nunca consiguió agitar al Villarreal todo lo que necesitó, y sin
espacios para correr naufragó a orillas del área. Si pretendes jugar un partido
a ver cuál de los dos equipos se desorganiza más, procura que tu rival no tenga
a Bruno Soriano en el centro del campo. Ni a Marcelino García Toral en el
banquillo. De no ser así, te puedes encontrar con un partido que si bien
inicialmente el técnico esperaba necesitar un equipo más atrevido, terminó por
reconducirse en cuatro escasos minutos al contexto donde, este año sí, son una
garantía de competitividad. Pero en el otro está Roger Schmidt, así que la
vuelta promete ser un encuentro de emociones fuertes.
Artículo publicado en garrinchamagazine.com
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