lunes, 31 de agosto de 2015

El cuarto Villarreal de Marcelino García Toral

El análisis profundo del juego te lleva a buscar soluciones en cada momento, tienes que buscar soluciones para contrarrestar, con las armas que dispones en cada momento, otras ideas de juego diferentes. Yo por ejemplo soy una de las personas que hace unos años me daba rabia que todo el fútbol tenía que ser como el que practicaba el Barcelona y la Selección Española ¿por qué? Pues porque no todos los equipos, no todas las selecciones tienen esos argumentos futbolísticos individuales con los cuales es fácil desarrollar ese tipo de juego, pero que si en otros equipos con otros jugadores de perfiles diferentes quieres hacer lo mismo, pues vas a quedar a medio camino o incluso si quieres desarrollar algo para contrarrestar y no tienes otros jugadores de otra forma. Yo creo que el fútbol es la diversidad, y creo que cada equipo es competitivo utilizando las armas adecuadas a los jugadores que tiene.

Marcelino García Toral es un entrenador especial, y así hablaba en una entrevista a Espacio Reservado en noviembre de 2013, poco después de haber vuelto a Primera con el Villarreal. Estaba asombrando a todo el mundo tras sumar veinte puntos en las primeras diez jornadas. Puntos que consiguió con el mismo bloque que logró el ascenso, al que sólo sumó un par de piezas de una valía extraordinaria como Giovanni Dos Santos y Sergio Asenjo, entre otros. No llevaba ni un año en el cargo y ya había conseguido cambiar la dinámica del equipo, pasando de una incierta lucha por el playoff en Segunda a ocupar puestos de Europa League. Todo, a base de recuperar el fútbol que mejor encajaba en el Madrigal. El que él creía mejor. Le dio los galones a Bruno, la batuta a Cani, y la jerarquía a Musacchio para que una columna vertebral de Liga de Campeones recuperara el nivel que le correspondía al equipo, mientras subía más hombres a su barco. Cuando Bruno necesitaba ayuda en la medular, no tardaba en aparecer Pina en lo que Trigueros pulía su enseñanza. Si Musacchio no llegaba a una cobertura, primero Chechu y después Víctor Ruiz corregían su movimiento. Mientras Cani se recuperaba de un esfuerzo, Aquino llegaba con su habitual derroche de entrega y velocidad. Siempre sumando algo al equipo. Siempre poniendo sus granitos de arena para que Marcelino hiciera un reloj de fiabilidad suiza.

      Esta temporada, la columna vertebral del Villarreal ha sufrido más cambios de los deseados.

Como buen profesional, el técnico del conjunto castellonense ha visto como sus clientes le han ido comprando sus mejores obras. Sus joyas de orfebrería deslumbraban en los escaparates españoles y europeos, y aquellos privilegiados que pudieron permitírselo no lo dudaron. Ante eso, la reacción de Marcelino fue sencilla: “Más materia”. Sin tiempo que perder. Dispuesto a crear otra hornada de sus mejores creaciones, el de Villaviciosa simplemente dio por bueno su trabajo anterior, y se volvió a poner manos a la obra. Para ello, dos claves guiaron su receta. Por un lado, traer jugadores que poder moldear a su gusto, en su inamovible 4-2-2-2, y combinarlos con una base que parece haber guardado bajo llave a los ojos del mercado: Bruno Soriano y Manu Trigueros. Con los ingredientes ya en su mano, es el turno de su tarea favorita. Crear un equipo.

Bruno y Manu van a ser los pilares sobre los que construir el juego del equipo. Con amplísima experiencia en la máxima competición y en el estilo que quiere Marcelino, sus figuras se agigantaran más si cabe durante esta temporada. En materias ofensivas, ambos son los encargados de que la salida de balón se produzca según los deseos de su técnico, y los balones largos pasen a ser exclusivamente una medida de contraataque. Ahí es donde más brilla Manu. Un chico que probablemente se equivocó de oficio, porque ya quisieran muchos artificieros su permanente templanza. No se pone nervioso en ningún momento, la pide y se suma al ataque para terminar jugadas desde la frontal, y mientras Bruno pone la brújula y el equilibrio. Siempre que pueda, el equipo intentará salir con el balón jugado desde atrás sin que ello conlleve una pérdida en su verticalidad. Faceta que, por cierto, es la mayor diferencia con el conjunto que dirigió Manuel Pellegrini, y que ya maravilló al mundo con su juego. Ambos coinciden en que el buen trato del balón es una seña de identidad irrenunciable del Villarreal. Sus combinaciones en el centro del campo son dignas de haber sido diseñadas por un Guardiola o Del Bosque, y en cierto modo, las del ingeniero fueron anteriores a las de éstos, por lo que algunos le otorgan parte del mérito. Pero Pellegrini es Pellegrini, Guardiola es Guardiola, y Marcelino es Marcelino, y éste último tiene claro que en cuanto puedan, sus jugadores tienen que echar a correr. Explotar los espacios. Para eso han llegado dos hombres que no sólo comparten nombre, sino también virtudes.

      Samu García quizá sea quien, de inicio, mejor vaya a encajar en el esquema de Marcelino.

Samu Castillejo, Samuel García y Nahuel serán los designados para ocupar esas posiciones de vital importancia histórica en el Villarreal. Donde hace un tiempo se hicieran un nombre los Cazorla y Cani, y aparecieran otros como Pires, tendrán su oportunidad para brillar tres jugadores que apuntan muy buenas maneras. Samuel, por su mayor madurez futbolística, probablemente sea quien encaje antes en el esquema del técnico. Tampoco lo tendrá fácil. Jonathan Dos Santos competirá por un puesto que podría no ser el suyo pero en el que ha demostrado ser muy solvente. A priori sin las dotes técnicas de sus compañeros, Samuel deberá ser uno de los encargados de aportar desmarques y gol al equipo. A su favor tiene la sobriedad con la que ha demostrado moverse en el Málaga. Su tocayo, en cambio, ha demostrado tener una cualidad muy cotizada en Villarreal. Samu Castillejo tiene un trato de balón exquisito, que complementa de fábula con su aceleración para zafarse de los rivales, pero aún le queda trabajo en cuanto a movilidad y protagonismo. Temas en los que Marcelino seguro que está deseando trabajar. Por último, Nahuel ha maravillado a propios y a extraños este verano tanto en la Selección Sub-19, como en la pretemporada del conjunto amarillo, y es que ha parecido ser una mezcla perfecta de sus dos compañeros. Tiene gol, sentido del juego, y unas ganas enormes de demostrarlo esta temporada con el primer equipo.

      Ni un solo hombre del conjunto amarillo repite equipo esta temporada.

Si ya estás pensando que Marcelino tiene trabajo esta temporada, toma asiento. Queda abordar la delantera. Si el periscopio del submarino está asegurado, los generales que disparen los misiles son su mayor incógnita. Tres delanteros de tres perfiles muy distintos han aterrizado a orillas del Madrigal para hacer suya la artillería del equipo, y dar juego al técnico en sus alineaciones. Baptistao se antoja como el hombre clave de los tres, con un estilo de movimientos y caídas a banda que marida mejor con el estilo del equipo. Un juego del que se podría aprovechar el segundo de ellos, Roberto Soldado. Pese al nombre que ya tiene en el mundo del fútbol, el ex-jugador del Tottenham es la apuesta más arriesgada de todas. En Inglaterra se ha ganado el santo de “falla goles”, y su confianza cayó en picado desde su llegada. Pero venir con aires de estrella a Villarreal, y recuperar ese olfato que sólo su propio bloqueo le arrebata pueden recuperar a un hombre que garantiza 18-20 goles por temporada, y que canalice todas las ocasiones que el equipo le genere con buenos remates. Además, su potencia puede ser útil en las transiciones amarillas, donde nunca se le pide a un delantero más esfuerzo que el de un desmarque rápido que pueda finalizar en gol. Menos si cabe, con Marcelino explotando las virtudes de Roberto y no recurriendo a sus defectos. Seguro que es el camino por donde le quiere conducir. La guinda del pastel la pone Bakambu, un auténtico interrogante a los ojos de todos aquellos que no sigan la liga turca, pero que derrocha velocidad y juventud. Dos de las predilecciones de Marcelino.

Este 4-2-2-2 que siempre plasma el técnico sobre el terreno de juego en ataque pasa a ser un bloque más compacto en defensa, formando en 4-4-2. Nada nuevo en la libreta de Marcelino. Líneas juntas, orden táctico y cuando aparezca la oportunidad, presión intensa. Es ahí donde se hace grande la baja de Musacchio por lesión. No fue tanto como la de Bruno, pero la temporada pasada el equipo notó la ausencia de su mariscal desde aquel partido en Getafe. La pierna del argentino cedió, y este año aún necesitará tiempo para volver a estar en forma, así que hasta su regreso la zaga la dirigirá su segundo de a bordo, Víctor Ruíz. Causó tan buenas sensaciones el año pasado que la directiva no lo dudó para traérselo en propiedad. Con los años ha aprendido a complicarse menos defendiendo, ser más pragmático, y sumado con su poderío aéreo hará buena pareja con el veloz Eric Bailly. Todo un proyecto de central el marfileño que debe consolidarse esta temporada. Mientras, los laterales están bien cubiertos por dos jugadores que siempre pasan desapercibidos a ojos del aficionado, pero que son vitales para el equipo. Mario y Jaume Costa son dos hombres que, indirectamente, se han ido complementando con el paso de los años. Mientras Mario era un lateral limitado en sus inicios, que defendía con acierto, Jaume subía constantemente la banda izquierda del ataque, incluso más de lo que su entrenador le pedía, dejando espacios en defensa. A día de hoy, Mario ha perfeccionado sus subidas hasta el punto de llamar con fuerza a la puerta de Del Bosque, sin perder ni un ápice de esa seriedad táctica que Jaume ha ido adquiriendo para no dejar su banda desprotegida. Son el contrapunto perfecto al esquema de Marcelino, capaces de equilibrarlo tanto en ataque como en defensa.


En esa misma entrevista, Marcelino García Toral decía que él no afrontaba un partido tranquilo sin conocerlo todo sobre su rival y su equipo. Que era muy exigente con su trabajo y el del cuerpo técnico. La pretemporada, en la que han terminado invictos ante equipos de nivel como el Wolfsburgo o el Lyon, seguro que le ha servido para cumplir con ese segundo requisito, y él mismo reconocía que el equipo estaba trabajando muy bien. Éstas son sus armas. Veremos qué va ideando para contrarrestar el juego de los demás.

Artículo publicado en garrinchamagazine.com

miércoles, 19 de agosto de 2015

La canción del vikingo

Con dos cañones por banda,
Kroos en popa a toda vela,
no cabalga, sino vuela
el ataque del Madrid:
bajel portugués que llaman
por su pujanza, el Bicho,
en todo estadio bravío
en el puesto de adalid.

La luna en el cielo riela,
en la lona rueda el cuero,
con sutiles movimientos
al compás de un andaluz;
otea el capitán Benítez,
mandando alegre en la popa,
Liga a un lado, al otro Europa
aún recordando Estambul.

«Navega, velero mío,
sin temor,
que ningún rival impío,
ni tormenta, ni venganza
tu meta a torcer alcanza,
querer ser siempre el mejor.

«Veinte goles
hemos hecho
al acecho
de un galés,
y ha rendido
cien naciones
y aficiones
a sus pies.

«¿Qué es mi estadio? Mi tesoro.
¿Qué es mi Dios? La lealtad.
¿Mi ley? ¡La contra y el juego!
¿Mi única patria? Ganar.

«Allá muevan feroz guerra
ciegos reyes
por un palmo más de tierra:
que yo tengo aquí por mío
grada y hombres bien bravíos
y los goles son mis leyes.

«Y no hay hinchada
sea cual quiera,
ni bandera
de esplendor,
que no sienta
mi derecho
y dé pecho
a mi valor.

«¿Qué es mi estadio? Mi tesoro.
¿Qué es mi Dios? La lealtad.
¿Mi ley? ¡La contra y el juego!
¿Mi única patria? Ganar.

«A la voz de «¡ojo al nueve!»
Es de ver
cómo gira y se previene
mientras ve a Dani centrar:
que mi don es desbordar,
y mi gol has de temer.

«En la zaga
él dirige
y exige
por igual:
Sergio quiere
con presteza
la cabeza
del rival.

«¿Qué es mi estadio? Mi tesoro.
¿Qué es mi Dios? La lealtad.
¿Mi ley? ¡La contra y el juego!
¿Mi única patria? Ganar.

«¡Sentenciado estoy a muerte!
Yo me río:
no tendrán esa gran suerte,
y al mismo que me condena,
haré parecer verbena,
ante su propio gentío.

«Y si caigo,
¿qué es la Liga?
Por perdida
no la di.
Moviendo así
la pelota,
la derrota
yo prohibí.

«¿Qué es mi estadio? Mi tesoro.
¿Qué es mi Dios? La lealtad.
¿Mi ley? ¡La contra y el juego!
¿Mi única patria? Ganar.

Son mi táctica mejor
gladiadores;
el estrépito y temblor
de los rivales vencidos,
desde el césped despedidos
y el rugir de mis campeones.

«Y golpeo
al son violento,
y aviento
a mi rival.
Yo me duermo,
sosegado,
si he logrado
conquistar.

«¿Qué es mi estadio? Mi tesoro.
¿Qué es mi Dios? La lealtad.
¿Mi ley? ¡La contra y el juego!

¿Mi única patria? Ganar.

Artículo publicado en garrinchamagazine.com

La pesca del boquerón en Málaga

Cada verano a mediados de agosto, Antonio, vecino de la ciudad de Málaga, sube hasta el Mirador Gibralfaro para observarla a sus pies. Desde ese punto privilegiado de la Costa del Sol, admira la armonía de sus calles, la estética de sus edificios y el reflejo del atardecer en sus aguas, pero mientras divaga asombrado por las vistas, uno de sus ojos busca con ahínco ver qué Rosaleda se encontrará este año. ¿Verá a Joaquín recorriendo la banda? ¿Será Juanmi quien defina? Todos los años las mismas dudas. Cada agosto una nueva aventura.

Como ya va siendo habitual, este verano el Málaga CF ha perdido muchas de sus piezas clave. En movimientos ciertamente incomprensibles para buena parte de la afición blanquiazul, ‘los Samus’ partieron de la mano rumbo a Villarreal, Juanmi cogió las maletas dirección Southampton, y otros como Portillo o Javi Guerra simplemente no regresarán. Si le añadimos la posible baja de Darder al Olympique de Lyon, que en Francia dan por hecha, Javi Gracia tiene motivos para sufrir más de un quebradero de cabeza esta temporada. La columna vertebral de un equipo que el año pasado consiguió hacer un fútbol de bastantes quilates hasta bien entrada la segunda vuelta, no va a estar ahí, y sin dejar tanto dinero como en otras descomposiciones –los Cazorla, Isco y compañía, sin ir más lejos-, por lo que los recambios de primer nivel son más difíciles de conseguir. Así han llegado hombres como Charles, Tighadouini y Fabio Espinho en propiedad, Albentosa, Juan Carlos y Čop en calidad de cedidos, y la mejor noticia de todas: el fichaje definitivo de Nordin Amrabat. El enésimo vaivén de nombres.

Con todo, el factor sorpresa puede jugar a favor de los de Gracia, y una de sus dos claves del éxito sigue intacta: la solidez defensiva. El técnico pamplonica tiene muchas piezas para poder dar forma a un equipo que nos cuesta definir a día de hoy, pero que cuenta con cuatro jugadores que garantizan la continuidad de su proyecto: Kameni, Weligton, Camacho y Amrabat. Cada uno en su línea, estos cuatro hombres son cruciales en su puesto, capaces de plasmar sobre el terreno de juego la idea de Javi Gracia, y de tutelar a sus compañeros en su adaptación. En portería, el camerunés sorprendió a muchos al quitarle el puesto a un flamante Ochoa, que venía de deslumbrar en el Mundial de Brasil, y experiencia es un grado a tener en cuenta. Precisamente, su compañero en la próxima línea, Weligton, también va sobrado de experiencia y deberá dirigir una defensa que sólo cambia a Sergio Sánchez por el cedido Albentosa, por lo que no tendrán excusas para no seguir en la línea de solidez que tanta importancia tiene en la táctica del equipo. Pero la solidez es una responsabilidad que Javi Gracia traslada a todo el equipo, y que dirige desde la medular Ignacio Camacho, su extensión en el terreno de juego. De hecho, de confirmarse la salida de Darder, el rol del aragonés será todavía más decisivo a la hora de compensar el presumible bajón de nivel que supondría la entrada de un Recio o un Tissone en el once. El nivel del equipo se resentiría en tanto en tareas defensivas como en las incorporaciones en segunda línea para finalizar desde la frontal, y por ahí empieza a tener trabajo Javi Gracia. Pero el verdadero rompecabezas reside en el ataque del conjunto malagueño.

28 de los 42 goles que hizo el Málaga la temporada pasada -en Liga- fueron obra de jugadores que se han ido del equipo. Dos de cada tres. Casi nada. Pero para compensar ese dato, la Rosaleda ha depositado su confianza en dos hombres: Amrabat y Charles. Por nombre, juego, y sensaciones de pretemporada, marroquí y brasileño tendrán la difícil tarea de aumentar sus cifras goleadoras para que el equipo no eche de menos a los Juanmi y compañía. Si bien Charles ya ha demostrado en Almería y en Vigo que tiene instinto de nueve, Amrabat destaca más bien por su gran juego de espaldas, su hiperactividad arriba y su desborde. Sumado a la electricidad de un Ricardo Horta que tiene la oportunidad perfecta para dar un paso adelante en el juego del equipo, ambos estilos pueden complementarse para asumir el ratio de gol que el equipo necesitará esta temporada. Además, la efectividad de la segunda línea goleadora del equipo será determinante en un conjunto que nunca ha vivido de los goles de un solo hombre, sino del colectivo. Por ahí tendrán su oportunidad de sumar los recién llegados Tighadouini y Čop, pero también hombres más conocidos como Duda o Rosales.


“Con lo bien que se está aquí, no sé cómo veo tan pocas caras familiares cada agosto”, piensa Antonio, que encima este año ha tenido que ver cómo muchas de ellas eran de canteranos. En el fondo, sabe lo que significa. En Málaga están haciendo bien las cosas y eso es motivo de alegría, pero no quiere que ese sentimiento se mude de la Costa del Sol. Antes de irse, como cada año, mira de nuevo hacia el mar, donde observa a sus amigos que vuelven de pescar y sonríe. Uno nunca sabe qué boquerón es mejor que otro, ni cual triunfará más, pero con el paso de los años, Antonio ha aprendido que si los expertos han decidido que es ése, él lo probará sin dudar.

Artículo publicado en garrinchamagazine.com