Cada verano a mediados de agosto, Antonio, vecino de la ciudad de
Málaga, sube hasta el Mirador Gibralfaro para observarla a sus pies. Desde ese
punto privilegiado de la Costa del Sol, admira la armonía de sus calles, la
estética de sus edificios y el reflejo del atardecer en sus aguas, pero
mientras divaga asombrado por las vistas, uno de sus ojos busca con ahínco ver
qué Rosaleda se encontrará este año. ¿Verá a Joaquín recorriendo la banda?
¿Será Juanmi quien defina? Todos los años las mismas dudas. Cada agosto una
nueva aventura.
Como ya va siendo habitual, este verano el Málaga CF ha perdido
muchas de sus piezas clave. En movimientos ciertamente incomprensibles para
buena parte de la afición blanquiazul, ‘los Samus’ partieron de la mano rumbo a
Villarreal, Juanmi cogió las maletas dirección Southampton, y otros como
Portillo o Javi Guerra simplemente no regresarán. Si le añadimos la posible
baja de Darder al Olympique de Lyon, que en Francia dan por hecha, Javi Gracia
tiene motivos para sufrir más de un quebradero de cabeza esta temporada. La
columna vertebral de un equipo que el año pasado consiguió hacer un fútbol de bastantes
quilates hasta bien entrada la segunda vuelta, no va a estar ahí, y sin dejar
tanto dinero como en otras descomposiciones –los Cazorla, Isco y compañía, sin
ir más lejos-, por lo que los recambios de primer nivel son más difíciles de conseguir.
Así han llegado hombres como Charles, Tighadouini y Fabio Espinho en propiedad,
Albentosa, Juan Carlos y Čop en calidad de cedidos, y la mejor noticia de
todas: el fichaje definitivo de Nordin Amrabat. El enésimo vaivén de nombres.
Con todo, el factor sorpresa puede jugar a favor de los de Gracia,
y una de sus dos claves del éxito sigue intacta: la solidez defensiva. El
técnico pamplonica tiene muchas piezas para poder dar forma a un equipo que nos
cuesta definir a día de hoy, pero que cuenta con cuatro jugadores que
garantizan la continuidad de su proyecto: Kameni, Weligton, Camacho y Amrabat.
Cada uno en su línea, estos cuatro hombres son cruciales en su puesto, capaces
de plasmar sobre el terreno de juego la idea de Javi Gracia, y de tutelar a sus
compañeros en su adaptación. En portería, el camerunés sorprendió a muchos al
quitarle el puesto a un flamante Ochoa, que venía de deslumbrar en el Mundial
de Brasil, y experiencia es un grado a tener en cuenta. Precisamente, su
compañero en la próxima línea, Weligton, también va sobrado de experiencia y
deberá dirigir una defensa que sólo cambia a Sergio Sánchez por el cedido
Albentosa, por lo que no tendrán excusas para no seguir en la línea de solidez
que tanta importancia tiene en la táctica del equipo. Pero la solidez es una responsabilidad
que Javi Gracia traslada a todo el equipo, y que dirige desde la medular
Ignacio Camacho, su extensión en el terreno de juego. De hecho, de confirmarse
la salida de Darder, el rol del aragonés será todavía más decisivo a la hora de
compensar el presumible bajón de nivel que supondría la entrada de un Recio o
un Tissone en el once. El nivel del equipo se resentiría en tanto en tareas
defensivas como en las incorporaciones en segunda línea para finalizar desde la
frontal, y por ahí empieza a tener trabajo Javi Gracia. Pero el verdadero
rompecabezas reside en el ataque del conjunto malagueño.
28 de los 42 goles que hizo el Málaga la temporada pasada -en Liga-
fueron obra de jugadores que se han ido del equipo. Dos de cada tres. Casi
nada. Pero para compensar ese dato, la Rosaleda ha depositado su confianza en
dos hombres: Amrabat y Charles. Por nombre, juego, y sensaciones de
pretemporada, marroquí y brasileño tendrán la difícil tarea de aumentar sus
cifras goleadoras para que el equipo no eche de menos a los Juanmi y compañía.
Si bien Charles ya ha demostrado en Almería y en Vigo que tiene instinto de
nueve, Amrabat destaca más bien por su gran juego de espaldas, su
hiperactividad arriba y su desborde. Sumado a la electricidad de un Ricardo
Horta que tiene la oportunidad perfecta para dar un paso adelante en el juego
del equipo, ambos estilos pueden complementarse para asumir el ratio de gol que
el equipo necesitará esta temporada. Además, la efectividad de la segunda línea
goleadora del equipo será determinante en un conjunto que nunca ha vivido de
los goles de un solo hombre, sino del colectivo. Por ahí tendrán su oportunidad
de sumar los recién llegados Tighadouini y Čop, pero también hombres más
conocidos como Duda o Rosales.
“Con lo bien que se está aquí, no sé cómo veo tan pocas caras
familiares cada agosto”, piensa Antonio, que encima este año ha tenido que ver
cómo muchas de ellas eran de canteranos. En el fondo, sabe lo que significa. En
Málaga están haciendo bien las cosas y eso es motivo de alegría, pero no quiere
que ese sentimiento se mude de la Costa del Sol. Antes de irse, como cada año,
mira de nuevo hacia el mar, donde observa a sus amigos que vuelven de pescar y
sonríe. Uno nunca sabe qué boquerón es mejor que otro, ni cual triunfará más,
pero con el paso de los años, Antonio ha aprendido que si los expertos han
decidido que es ése, él lo probará sin dudar.
Artículo publicado en garrinchamagazine.com
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