Fuente: entrenamiento.dext.es
Son ya cuatro meses desde aquel choque con el interior belga, y
aún soy incapaz de no estremecerme al recordarlo. Seguiré mi recuperación,
volveré a jugar y el recuerdo seguirá ahí, acompañándome de por vida. Uno de los peores legados de lesiones como
ésta es el recuerdo vital que tu cerebro almacena del momento de la lesión.
Momento que no me atrevería a calificar cómo triste, alegre, asqueroso, miedoso
o de ira, como nos definen los sentimientos en la sensacional obra de Disney y
Pixar “Del Revés”, sino como algo totalmente distinto a ellos. Especial a su
modo. Ahora bien, como he dicho ya en más de una ocasión en esta narración, no
puedes cambiar lo que ha pasado, pero sí cómo afrontarlo, así que el
fisioterapeuta me esperaba.
Empecé este cuarto mes lesionado del Ligamento Cruzado Anterior y
el Menisco Interno con una revisión médica, como ya os comenté en el tercer
capítulo de esta historia, y afortunadamente el resultado fue positivo,
permitiéndome a los pocos días empezar a ir al fisioterapeuta para seguir
avanzando en esta carrera de fondo hacia el terreno de juego. Es precisamente
en el fisio donde más suerte tengo. De mi desgraciada tradición de lesiones
–dos esguinces de grado 2/3 en el tobillo derecho a la cabeza-, la búsqueda de un buen profesional de este
campo la traía de serie, y sin ánimo de menospreciar a los demás, me encuentro
en las mejores manos de Zaragoza. Son tan buenas, que de hecho compagina
este trabajo con el de fisioterapeuta del Real Zaragoza. Míchel, María, Alba,
gracias de corazón.
En la primera exploración, la conclusión unánime fue incidir en
dos aspectos fundamentales: reducir la
inflamación de la rodilla y conseguir estirar más la pierna. Doblar hasta
noventa grados también es importante, pero como es algo que se consigue con
mayor facilidad conforme se desinflama la zona afectada, los esfuerzos de este
primer mes iban a ir dirigidos a esos dos puntos. Así, a base de masajes para descargar, ejercicios básicos de doblar y estirar,
ultrasonidos y descargas eléctricas –que para aquellos que no hayan tenido que
hacerlo nunca, es lo más relajante-, hemos conseguido que poco a poco estire la
pierna correctamente y la rodilla empiece a parecerse a su hermana.
Básicamente, los ejercicios consisten en estar tumbado en una camilla y, con el
fisioterapeuta controlando, doblar y estirar la rodilla en alto. Una vez hechos
ambos movimientos, la pierna debe quedar muerta en el aire para que sea el
fisio quien, aun doliendo un poco, haga fuerza para vencer la resistencia de la
articulación y estires mejor la misma. No es lo más relajante del mundo, pero
es vital conseguir estirarla bien en el corto plazo para que no sea más duro
conseguirlo en el largo. Además de la
fisioterapia, el médico me instó a realizar yo mismo ejercicios en casa cuando
me fuera posible, ponerme el hielo tres o cuatro veces al día y tomar algún
antiinflamatorio. Los ejercicios, de nuevo, iban encaminados a estirar
mejor la pierna, con una cinta elástica para que sean más eficaces.
Otro de los avances de este mes ha sido poder apoyar la pierna.
Tras las tres semanas obligatorias sin hacerlo, médico y fisio coincidían en que la evolución de la lesión estaba
siendo la adecuada para dar el siguiente paso y empezar a andar apoyando la
pierna con ambas muletas aún a mi lado. Con el paso de los días, he ido
andando mejor, con un apoyo más firme y constante que me hacía plantearme si no
sería el momento de seguir avanzando y abandonar a una de mis amigas, pero con
el menisco hay que ser muy precavido. Todo pasa por no cargarle demasiado peso
en un momento en el que no pueda soportarlo, así que he optado por esperar a la
próxima revisión. Lo que sí que he podido es empezar a hacer ejercicios en la piscina, donde puedo estar a solas
sin mis amigas. Es cómo re-enseñar a tu cerebro a andar sin dejar caer peso en
otro apoyo, y creedme que de verte inválido a poder dar unos pasos, el alivio
psicológico es considerable. Lo divertido viene al entrar y salir a la piscina,
pero no todo iba a ser fácil. Tres series de ejercicios laterales y frontales
de la rodilla, caminar unos metros entre series, propiocepción –equilibrio-, y
listo para descansar un rato en el agua. Como siempre, ejercicios allá donde
vaya.
El mes después de la operación es, probablemente, el momento más
delicado de toda la recuperación, y la vida se reduce a pensar en tu rodilla.
Los planes no serán los mejores, cuesta hasta encontrar la posición para
sentarte y tu casa te aborrecerá sobremanera. Pero conforme avanzas en la recuperación, los pasos que vas dando
compensan el esfuerzo realizado. En mi caso, el primero fue salir de casa
para ir en coche al cine, a ver Del Revés. Después, a comer por ahí por mi
cumpleaños, y antes de ayer ya pude dar una vuelta a la manzana con mi chica. Tomándote
la situación con la paciencia necesaria, los resultados llegan, y reconfortan
mucho más porque sabes lo que te ha costado llegar hasta ellos. Con suerte, en
la próxima entrega os puedo decir que ya ando bien, y que las pocas vacaciones
que voy a tener entre fisioterapeuta y estudios han sido sensacionales. El optimismo es el camino correcto para
afrontar cualquier lesión. Más, si es dura como ésta.
Hoy, quedan cuatro meses menos para mi recuperación.

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