domingo, 26 de octubre de 2014

La evolución de Isco

Francisco Román Alarcón Suárez, más conocido como Isco. Quédense bien con este nombre porque en no mucho estaremos hablando de uno de los mejores jugadores del mundo, y de una pieza clave en el juego de nuestra selección.

Ayer, en el Santiago Bernabéu, nada menos que contra el F.C. Barcelona, Isco demostró a todo el mundo que su madurez como jugador ha llegado, y que lejos quedan aquellos días en los que se le tachaba de tener el síndrome del superclase: talento con el balón en los pies, cero esfuerzo en defensa. Así que para entender cómo ha llegado a este punto, vamos a estudiar su evolución a lo largo de su carrera.

Nacido en Benalmádena en 1992, Isco dio sus primeros pasos en el mundo del fútbol en la escuela de fútbol del retamar, de donde se marchó al Atlético Benamiel para empezar a destacar. Fue en el modesto equipo de su ciudad –cuyo primer equipo juega actualmente la Primera División Andaluza- donde empezó a destacar, y con 14 añitos, Isco recaló en la cantera valencianista. A los 17 años ya estaba en las filas del Valencia Mestalla, equipo filial del conjuntó ché, y en el año 2011 consiguió, junto con los Alcácer y Bernat, que el equipo volviera a la Segunda División B tras un desliz que le hizo descender a Tercera dos años atrás. A partir de ahí, la vida de Isco cambió.

Con el por entonces presidente del Valencia, Manuel Llorente, alabando el juego del malagueño,  Unai Emery se vio en la clásica encrucijada de tener que darle minutos a una joven estrella porque afición y jugador creen que los merece, pero en la que no confiaba tanto el técnico. Y no porque Isco no tuviera la calidad para jugarlos. El de Fuenterrabía,  que de esto entiende un poco, sabía que el proceso de evolución que necesitaba Isco para sacar todo el potencial que tenía dentro no era ése, sino el de sumar algún minuto con el primer equipo en Copa y seguir progresando en las filas del Valencia Mestalla. Mestalla es de sobra conocida por exigirle incluso a veces demasiado a su equipo, y un Valencia con esa terrible responsabilidad podía destrozar a un chico como él al que aún le faltaba dar algún paso más en su juego para ganarse el dorsal del primer equipo, y dicho dorsal pasaba probablemente por mejorar su faceta defensiva. 

Así, en el verano de 2011 el club le ofrece un contrato a Isco que él no ve con buenos ojos, y además llega a las oficinas de Mestalla una suculenta oferta del equipo de su tierra, el Málaga F.C., que gracias a los petrodólares está dispuesto a pagar su cláusula de rescisión de seis millones de euros y de darle una oportunidad en el primer equipo bajo las órdenes del técnico Manuel Pellegrini.

En Málaga, Isco es feliz. Llegado de un equipo filial como el Valencia Mestalla, Isco entiende su mayoritaria suplencia en un equipo plagado de estrellas como Toulalan, Van Nistelrooy o Santi Cazorla, y se va ganando poco a poco un hueco como jugador número 12 o 13. Ese año el Málaga firma una gran campaña y consigue clasificarse para la Champions League, torneo que encumbrará a Isco el año siguiente. Pero en la temporada 2012/13, el jeque Al Thani se ve obligado a remodelar la estructura del equipo para adecuarlo al fair play financiero de la FIFA, y la situación genera cierta incertidumbre. Se producen salidas de jugadores algo inexplicables, como la de Cazorla, y el panorama resultante en el equipo es el idóneo para que Isco empiece a ganarse un puesto en el once titular.

Pellegrini, un técnico con una faceta humana extraordinaria, lejos de huir de esta situación, asumió el riesgo y decidió hacer de su plantilla un equipo luchador, y de Isco su estrella. Le dio el dorsal número 10, lo colocó como enganche, y más liberado de sus tareas defensivas como gente como Iturra o Toulalán por detrás, Isco explotó. En liga sus números fueron algo más discretos, pese a jugar muchos partidos a gran nivel. Pero en Champions realizó una campaña memorable, como quien sabe que el verdadero escaparate al mundo está ahí y se guarda lo mejor para ese torneo. Como quien se dice a sí mismo: os voy a enseñar quién es Francisco Román Alarcón. Con tres goles –y qué goles- y cinco asistencias, sólo un Borussia Dortmund en fuera de juego fue capaz de echar al equipo malagueño en cuartos de final del más alto torneo de fútbol. Pero por si esto fuera poco, ese mismo año la FIFA le galardonó con el Golden Boy, y ese verano se salió en el Europeo sub-21 que ganó España.

Su calidad era indiscutible, y es entonces cuando un Florentino Pérez, que decidió invertir en producto nacional ese año, fijó sus ojos en el malagueño y se lo trajo al Real Madrid por 35 millones de euros. Tenía por delante su mayor reto.

A la par que Isco, Ancelotti aterrizaba en el banquillo del Real Madrid con la difícil misión de hacer olvidar al portugués José Mourinho, y conseguir de una vez la ansiada Décima para las vitrinas blancas. Y como todo entrenador que llega a un club nuevo, probó esquemas y jugadores. En un principio, gracias a las decisivas actuaciones de Isco con el gol de la victoria en el debut liguero contra el Betis, o su doblete frente al Athletic, Carletto decidió apostar por él como enganche en su 1-4-2-3-1, pero veía al equipo falto de equilibrio. El equipo atacaba fenomenal, pero en defensa estaba partido y le costaba más de un disgusto, así que reafloró su idea principal de jugar con un 1-4-3-3, y el damnificado fue el malagueño. Isco no conseguía hacerse a la posición de interior porque es una posición en la que sus carencias defensivas salían más a la luz, y ahí Di María era una bestia. Fue un duro correctivo, pero que a la postre se ha convertido en su más valioso aprendizaje.

La calidad de Isco con el balón en los pies ha estado desde el Atlético Benalmádena fuera de toda duda. En ataque siempre es una solución o la crea, tiene buen disparo, y de hecho ha mejorado mucho también en su punto débil ofensivo: perder menos el balón. Con ello Isco cubría su mayor carencia, que nunca se le había exigido explotar al cien por cien. Siempre podía liberarse un poco de sus tareas defensivas, siempre jugaba en posiciones que le pedían un mínimo esfuerzo defensivo, y que podía cumplir sin problemas. Pero en el Madrid esa posición no existía. En las bandas no había hueco: Cristiano Ronaldo y Gareth Bale. Casi nada. De falso nueve probó alguna vez, pero al técnico no le convencía ni su actuación ni la opción de jugar con esa figura, y la otra opción que le quedaba se la había cargado Carletto al cambiar el esquema. Así que si Isco quería jugar en ese equipo, y dar el penúltimo paso en la evolución de su juego, no le quedaba otra: tenía que defender mejor.

Y así ha sido. Durante la pasada campaña, Isco hizo un máster como interior fijándose en cómo jugaban Di María y Modric, mientras que Ancelotti le corregía y ayudaba todo lo que podía. Horas y más horas corrigiendo pequeños detalles, ligeros movimientos tácticos. Pero sobre todo, un cambio de actitud radical en su agresividad defensiva. En los partidos finales, Isco sumaba minutos de interior con las rotaciones del técnico, y con ello experiencia para aprender y seguir creciendo. Y la Final de Lisboa, en la que salió como revulsivo para acabar ganando la Décima, fue una inyección de autoestima brutal. Tampoco se le exigió demasiado defensivamente, pero ya se le notaba otro aire en su juego. Más serio.

El resultado de toda esta evolución, que se ha completado en lo que llevamos de temporada, lo pudimos ver ayer. Ya contra el Liverpool en Anfield realizó un encuentro sensacional, pero en el Clásico en el Bernabéu fue donde todo el mundo decidió ponerse de acuerdo: este chico ha madurado. Si Alves se dormía con el balón, Isco aparecía por su espalda y se lo quitaba. Si Marcelo subía demasiado en un ataque, Isco hacía el esfuerzo y recuperaba su posición para que el Madrid no se desangrara por su banda. Si Rakitic sacaba mal un córner, Isco corría a la presión y su agresividad significaba un gol. Un verdadero recital de lo que la posición de interior requiere, que sumado a su tremenda calidad individual dio como resultado lo que todos pudimos ver.


Seguro que cuando Unai ve a Isco jugar ahora no tendrá ninguna duda: acerté al no subírmelo. Y desde luego no debe entenderse como un acierto del conjunto ché –no tener a este Isco es un fracaso en cualquier equipo del mundo-, sino como un acierto de un entrenador que quiere lo mejor para sus jugadores. Éste es el Isco que tenía que ser. No un Isco que jugase diez partidos bien en Valencia por temporada, no. Un Isco que conquiste al Bernabéu con su juego, y al mundo entero. Ahora solo queda esperar que Del Bosque lo vea tan claro como nosotros, y que la Roja pueda beneficiarse del que seguro que será un grandísimo jugador de fútbol. De hecho, ya lo es.

Artículo publicado en dlgrada.es

domingo, 12 de octubre de 2014

El primer hat-trick de la historia

El diccionario de Oxford define un hat-trick como marcar tres goles en un solo partido y por un mismo jugador, pero estoy seguro de que si le preguntara a cualquier aficionado que me cruzara por la calle una definición, me diría la misma. Es curioso cómo hemos conseguido acoger la palabra inglesa hat-trick dentro de nuestros lenguajes futbolísticos sin apenas darnos cuenta, y más si analizamos su traducción literal.

Hat-trick literalmente significa truco de sombrero, pero entonces ¿cómo podemos haber asociado esa palabra a su homónimo español “triplete”? ¿Qué tendrá que ver un sombrero con el fútbol más allá de las míticas celebraciones de Joaquín en el campo del Betís? Para entenderlo debemos retroceder al primer hat-trick de la historia, que por cierto, no se consiguió en un campo de fútbol.

En 1858, durante un partido de cricket en el campo de Hyde Park, Sheffield, el jugador inglés H.H. Stephenson consiguió, por primera vez en la historia de dicho deporte, derribar los tres wickets –los palos que se usan en el cricket- con tres lanzamientos de bola consecutivos. Tras dicho partido, como era costumbre en las grandes gestas realizadas por un profesional, se llevó a cabo una celebración en la que se presentó a Stephenson con un sombrero comprado con las ganancias de dicho encuentro. Y desde entonces, en cricket a cada vez que un jugador conseguía dicha gesta se le conocía popularmente como hat-trick. No sería hasta 1878 cuando el término fue usado por primera vez de manera escrita, y de su popularidad fue acogido en diversos deportes, entre los que evidentemente se encuentra el fútbol.

Más que probablemente, Stephenson habría sido incapaz de imaginar que iba a pasar a la historia no sólo de su deporte, sino del que le arrebataría el puesto como deporte rey en su país y en el mundo. Cuando intentaba derribar los wickets del equipo contrario apenas estaría pensando en la posición del rival al defenderlos, o en el bote que daría la bola para sortearle y conseguir su objetivo. Y del mismo modo, a quien se le ocurrió presentarlo con un sombrero en la fiesta que se había celebrado en su honor tras el partido tampoco se le habría ocurrido que ese hecho podría ser algo más que un bonito detalle con su estrella. Pero el destino es así, y hoy en día la palabra hat-trick se asocia a los mejores goleadores de todos los tiempos.

El americano Bert Patenaude consiguió en su primera edición, Uruguay 1930, el primer hat-trick de la historia de los Mundiales de fútbol en el partido entre EEUU y Paraguay, y a él se han sumado con el paso del tiempo nombres como los de Eusebio, Pélé, Paolo Rossi o Gerd Müller –por partida doble- en materia de hat-tricks mundialistas. En la Champions League el primero en conseguirlo fue Juul Ellerman en el PSV-Zalgiris Vilnius, y actualmente Messi ya ha conseguido hasta cuatro –uno de ellos de cuatro y otro de cinco goles-. Y en la Premier League actual, Eric Cantona fue el encargado de estrenar esta categoría.


Nombres, nombres y más nombres de estrellas se siguen sumando año tras años a la lista de profesionales que se merecerían un buen sombrero en su fiesta post-partido. Pero sólo hay uno a quien de verdad recordaran por ello: al gran jugador de cricket, H.H. Stephenson.

Artículo publicado en dlgrada.es

sábado, 11 de octubre de 2014

La Roja nos necesita

No nos vamos a andar con rodeos en este artículo. Dada la gravedad de la situación, iremos directos al grano: la selección española de fútbol se encuentra en entredicho. Y lo que es más importante, su juego también lo está.

Tras el nefasto papel que jugó la Roja en el Mundial de Brasil siendo la primera selección eliminada de las 32 participantes, era evidente que había que analizar el porqué de semejante desastre, y que la confianza en los nuestros iba a sufrir un ligero traspiés. Pero las sensaciones que ha ido dejando en los siguientes encuentros no han conseguido tranquilizar a un país que está demasiado acostumbrado en los últimos años a que ganar sea un mero trámite.

La principal reflexión, unánime, fue que España necesitaba ya un cambio generacional. Por ser demasiado bueno, Vicente del Bosque había querido premiar a los Xavi, Villa y compañía con la disputa de un más que posible último mundial, siendo que probablemente ni por estado de forma ni por momentum fuesen los más indicados para intentar revalidar el título de campeón del mundo en un dificilísimo escenario como el de Brasil. Un premio que a mi entender es más que merecido por una generación que lo ha ganado todo en los últimos cuatro años, y que por qué no, podía hacer un buen mundial si recuperaba su mejor versión.

Los resultados los conocemos todos, y el cambio fue la solución. Para que nos hagamos una idea, entre la convocatoria que hizo Vicente para el Mundial de Brasil y la última para los partidos frente a Eslovenia y Luxemburgo, hay 9 caras nuevas. A la espera de la recuperación de Thiago y Jesé o la llamada definitiva de Isco, Valdés, Reina, Ramos, Xabi, Xavi, Mata, Villa, Torres y Javi Martínez, más de uno de ellos por lesión, han dejado su sitio a De Gea, Casilla, Carvajal, Bartra, Iturraspe, Rodrigo, Bernat, Raúl García y Alcácer. Casi nada.

Pero la idea de juego no se toca. Sin dudarlo, la Federación Española de Fútbol ofreció a Vicente del Bosque continuar en el puesto tras el desastre de Brasil porque entendían, y me sumo a ello, que es el más adecuado para realizar el cambio sin renunciar al estilo que ha definido los mejores éxitos de nuestra selección. Así que tras pensarlo bien durante sus vacaciones, Vicente decidió asumir el reto, y en estas nos encontramos. Con un grupo de personas en el que se está produciendo un cambio muy intenso, pero a las que se les exige los mismos resultados que a una generación irrepetible para la historia de nuestro país, y del mundo del fútbol entero.

Es cierto que el juego desplegado en partidos como los de Francia o Eslovenia no es el que queremos. Esas combinaciones de pases de un lado a otro para que la organización defensiva del equipo rival se descomponga y se pueda dar un pase vertical por el centro que provoque una acción de gol, no se da con la misma eficacia que hace un tiempo. Es lo más normal del mundo.

Una selección no puede jugar al mismo nivel con el mejor Xavi de la historia que sin él. Una selección no puede jugar al mismo nivel con el mejor Busquets de su carrera que con su versión actual. Una selección no puede jugar al mismo nivel con el mejor Iker de la historia, que con la versión desconfiada actual. Es tan simple como eso. Y si bien es también cierto que hay jugadores con calidad suficiente para intentar recuperar el nivel de esta selección, también lo es que necesitan un tiempo de adaptación al equipo –y del equipo a ellos como en el caso de Diego Costa- para que eso se produzca. Tiempo que en una selección, por las características de su formato, es más difícil que en un equipo.

Decía al principio del artículo que la situación es grave, y puede sonar dramático, pero cuando hablo de gravedad, me refiero a que se cuestione a una selección que consiguió dos Eurocopas y un Mundial en cuatro años. Y no me cansaré de repetirlo porque parece que a muchos se les haya olvidado que hace nada no conseguíamos pasar de cuartos ni a tiros, y ahora lo hemos ganado todo.

Por todo ello, si queremos conseguir que nuestra selección vuelva a luchar por los grandes éxitos como hizo hace nada, en calidad de número 12 del equipo, tenemos que saber jugar nuestro papel. Tenemos que tener un poco más de paciencia para que los resultados aparezcan mientras Vicente consigue encajar todas las piezas en su sitio y el juego vuelva a carburar. Para que hombres como Javi, Thiago y Jesé vuelvan de sus lesiones y suban el nivel competitivo, y que los Koke, Busquets o Isco encuentren su mejor versión. Pero sobre todo, paciencia para no juzgarlos premeditadamente.

Sé que para la prensa sensacionalista actual será difícil de llevar a cabo –ya hay encuestas circulando sobre quién podría ser mejor sustituto de Vicente…- pero nuestra selección nos necesita. Si todos aportamos nuestro granito de cordura a la situación, y con paciencia no dejamos de animar pese a los malos momentos, conseguiremos nuestro objetivo: la Eurocopa. Eurocopa, a la que por cierto, hay que llegar en buena forma en 2016. No ahora.

Ahora sólo hay que conseguir pasar de un grupo clasificatorio bastante asequible, y despacito y con buena letra todo llegará. Paciencia, y si no tenéis claro si confiar a ciegas en este bloque, confiad al menos en la persona que nos hizo llevar esa estrella dorada que tenemos en el pecho: Don Vicente del Bosque

Artículo publicado en tiempodelfutbol.blogspot.com

martes, 16 de septiembre de 2014

Camino a Berlín

Cuando fuimos eliminados contra el Oporto en la Champions League sólo dormí dos horas. No era una persona como para estar con ella en ese momento.”

Ruud Van Nistelrooy, ex-jugador del Manchester United y del Real Madrid entre otros

Vuelve el fútbol por excelencia. Vuelven la emoción, la alegría de los campeones y las lágrimas de los perdedores. Vuelve el himno que todo aficionado quiere escuchar en la megafonía de su estadio. Vuelve la Champions League. Y no vuelve de cualquier manera, sino que lo hace por todo lo alto.

Si miramos las candidaturas de todos los equipos una por una, probablemente podemos estar ante la edición más disputada en años. Si bien es cierto que varias destacan sobre las demás, tampoco lo es menos que esto es fútbol amigos, y en el fútbol sólo hace falta marcar un gol más que tu rival para ser tú el ganador. Da igual si unos han tenido 38 ocasiones y los otros sólo una, si el 85% de la posesión ha sido del local o si juegas con dos hombres menos. Si la suerte está de tu parte, todo puede ocurrir, y la suerte es para quien la busca.

Pero no es sólo el nivel futbolístico de los equipos lo que hace de esta edición una tan especial. Lo es también porque este año el himno de la Champions vuelve a sonar en dos estadios tan especiales como son Anfield y San Mamés. Porque este va a ser el primer año desde hace trece en el que no sonará en San Siro, ni por el Milan ni por el Inter, ni en Old Trafford desde hace veinte. Porque será una edición en la que los madridistas no se obsesionarán con la décima, y porque los atléticos recordarán con tristeza ese gol de Ramos que ya es historia viva de este deporte.

Todo indica que esta edición de la Champions será preciosa, y como todos, aquí os mostramos los que para nosotros son los favoritos para alzarse con la orejona.

Nuestra apuesta es el Bayern de Munich. Con la lección que le dio en el año pasado el Madrid en semifinales, el equipo de Pep habrá tomado buena nota de que la competitividad hay que mantenerla hasta el último segundo de la temporada, y con los buenos refuerzos de Lewandowski, Xabi y Benatia los bávaros tienen un once de puro vértigo. No han comenzado con buen pie entre el cambio de sistema y la baja forma de muchos de sus jugadores, pero como ya hizo el año pasado, para los cruces ya habrá alcanzado su nivel óptimo de juego, y si consigue salir vivo del grupo E con el City y la Roma acechándole, en nuestra opinión es el equipo más fuerte del torneo.

Por otro lado, equipos como el Chelsea de Mourinho con su recién formada dupla Cesc-Costa en ataque, Courtois echando el cierre en la portería y su fondo de plantilla, o el Atlético del Cholo con un vestuario mejor estructurado para dar descanso a sus figuras de cara a afrontar tres competiciones –no como el año pasado, en el que aún así consiguió ser campeón hasta el último minuto de torneo-, son dos rivales muy duros a doble partido que les hace claros candidatos a nuestro parecer.

Y ya en un tercer escalón ponemos a Madrid y Barcelona, así como al Manchester City o el Paris Saint-Germain. Los españoles tienen muy buenos proyectos a los que aún les queda por mucho por definir. El Madrid habría sido claro candidato si hubiese mantenido la base que le hizo campeón y hubiese retenido tanto a Di María como a Xabi, pero con sus pérdidas que aún no han podido suplir bien, y con la maldición del campeón sobre sus hombros, nos cuesta verle revalidar título. El Barcelona, por otro lado, está causando buenas sensaciones de la mano de Luis Enrique, pero aún queda ver cómo maneja el equipo cuando entren del todo en él Neymar y Luis Suárez, y nos falta verlos en un partido del más alto nivel competitivo. Los de Manchester, por su parte, siempre tienen buena plantilla, pero con su juego en Europa y los rivales que hay aún los vemos lejos de ser campeones -más en el grupo E con Bayern y Roma-, y el PSG está por ver si consigue que la Ligue 1 le permita a su gran plantilla llegar con un buen nivel competitivo de cara a las eliminatorias.

Por último, los Arsenal, Borussia, Juventus, Liverpool y compañía son, desde luego, serios rivales que nadie querría en su camino para ser campeón de Europa, y que dan buena cuenta del altísimo nivel que habrá en esta Champions League, pero también nos cuesta verlos jugando la final y alzándose con el título este año.

Ahora sólo queda que eche a rodar el balón, y desde hoy 16 de septiembre hasta el 6 de junio del año que viene, disfrutaremos de la mejor competición del mundo en la que sólo uno puede coronarse como mejor equipo de Europa en Berlín. Mucha suerte a todos, y que gane el mejor.

Z

miércoles, 10 de septiembre de 2014

El rompecabezas de Louis

No somos  como  otros  clubes  que  pueden  gastar  fortunas en bienes  probados. En el Manchester United  invertimos en jugadores que estarán en el club por mucho tiempo, que forman el carácter de este club y la pasión en nuestros aficionados.”

Sir Alex Ferguson, ex-entrenador del Manchester United

Sir Alex Ferguson ha sido una figura histórica en el Manchester United, y desde luego lo será para siempre. Pero su leyenda la están haciendo aún mayor sus sucesores. Aunque fue él mismo quien eligió a su primer, y en teoría definitivo sucesor, David Moyes, su historia ya la conocemos todos y no pudo ser peor para un club que hacía gala de respetar a sus entrenadores con proyectos a largo plazo. Es ahí cuando la directiva se ve en una difícil situación, y surge la figura de Louis Van Gaal como remedio para los males del club.

Louis encajaba perfectamente en el perfil que se buscaba tras el fracaso de Moyes: con experiencia, un entrenador que enseñe, le guste trabajar la cantera y que pueda prosperar un proyecto a medio/largo plazo. Y tras ver su fantástico trabajo con Holanda en el Mundial, en Old Trafford ya se frotaban las manos de lo que se les venía encima entre el esfuerzo económico del club en fichajes y el nuevo entrenador. Probablemente ni el más escéptico se imaginaba todas las dudas que se mantendrían tras el comienzo de liga.

Tácticamente, la mayor aportación de Van Gaal ha sido su 1-3-4-1-2. Con la selección holandesa tuvo muy buenos resultados jugando con tres centrales, y no fue al único equipo al que le funcionó en el Mundial. Estaba de moda, y en la pretemporada también funcionó muy bien, pero llegó la competición oficial y todo cambió.

Este esquema está pensado para un fin: ganar el partido arriba con una línea de presión muy alta al acumular más hombres en campo contrario y una estrategia muy ofensiva. Pero curiosamente, en el Mundial el esquema funcionaba cuando se usaba del modo contrario: estar bien replegado atrás con defensa de cinco y salir rápido a la contra. Incluso a la Holanda de Van Gaal le funcionaba de esta manera. Entonces, ¿cuál es el problema? El problema es que para los aficionados el esquema es el mismo porque lo que ven es lo llamativo, tener tres centrales, pero en verdad lo que jugaba Holanda y se jugó en el Mundial era un 1-5-3-2, y es un esquema que funciona y se gana desde la defensa.

Pues bien, ni Old Trafford ni sus jugadores están pensados para jugar a la defensiva.

Jugando contra el Madrid en pretemporada el equipo funcionaba porque era normal jugarles a la contra, y el aficionado estaba encantado con el esquema, pero al Swansea, al Sunderland y al Burnley no puedes hacerles eso. El equipo se ve con la necesidad de buscar el dominio del partido a través de la posesión de balón, y así lo hace, pero tocan y tocan y la creatividad que se espera en tres cuartas partes a Rooney, Mata y compañía no aparece, mientras que la fragilidad defensiva del equipo sí lo ha hecho. Los carrileros están desubicados porque entienden que son los extremos del equipo, pero además también parte decisiva de la defensa, no como en el Mundial cuando eran los laterales del equipo, y si podían subían a ayudar a su equipo en ataque. No en vano los entrenadores siempre dicen que en un partido de 11 defensas contra 11 atacantes ellos siempre apostaran porque ganaran los defensas.

Y si encima tus tres centrales no son nada del otro mundo, el desastre está servido. Así que la solución fue revolucionar el mercado con las llegadas de Di María, Blind y Falcao. Quién se lo iba a decir al bueno de Ferggie hace un tiempo… Ahora solo queda encajar las piezas del puzzle para que juntas puedan devolver a este club a donde le corresponde, a lo más alto de la clasificación.

Y para ello, si Louis quiere mantener su arriesgada apuesta con su esquema, nuestra sugerencia es la que mostramos más abajo. Con Blind en el medio y Rojo de central para darle más seguridad, Shaw cuando se recupere en banda para que tanto él como Valencia recuerden que antes de nada deben defender, y después sorprender con las subidas, Di María creando peligro en 3/4 partes del campo ayudado por Rooney que no podía faltar en el once. Así al menos no perderían tanto el equilibrio y las transiciones serían menos bruscas.

No obstante, nuestra apuesta personal es el segundo esquema, con el que evitaría el desequilibrio que tiene ahora mismo, colocaría a Di María en donde mejor rinde, y a Rooney de diez por detrás de sus dos rematadores Van Persie y Falcao. Además con una defensa a nuestro entender más sólida y con buena salida de balón por los lados y por el centro al contactar con Blind y Ander.

Dicho esto, sólo nos queda desearle toda la suerte a un señor de los pies a la cabeza como es Don Louis Van Gaal, que seguro que le traerá grandes noches a los red devils, y a los aficionados del fútbol en general.

Z



sábado, 6 de septiembre de 2014

Las dos caras del mercado

Con este fichaje, todo el país se hizo del Real Madrid.

Florentino Pérez, presidente del Real Madrid, al presentar a James Rodríguez


El mercado de fichajes 2014/15 ha echado el cierre hasta navidades, y no ha dejado indiferente a nadie. Fichajes, cesiones, y otras mil historias se han dado cita estos días, que voy a intentar resumir en unas líneas junto con la impresión que me ha dejado.

Cuando intentamos analizar el mercado de fichajes, paradójicamente, no podemos hacerlo exclusivamente desde el punto de vista futbolístico. Aunque pensemos que los clubes siempre tienen en cuenta lo mejor para sus plantillas a la hora de fichar, cada año me convence de que eso es más bien una utopía. Por ello distingo los movimientos intra fútbol de los extra fútbol.

Hablando de los primeros, este verano hemos podido ver grandes reconstrucciones como la del Rayo Vallecano –en mi opinión, el mejor en este mercado en la relación calidad/precio de sus fichajes-, con hasta 17 caras nuevas, o del Córdoba con 16. Equipos cuyos movimientos estaban motivados únicamente por lo que sus necesidades les dictaban, como el Bayern de Munich al fichar a Benatia tras la grave lesión de Javi Martínez. Jugadores que buscan continuar progresando en su carrera como Thorgan Hazard en su cambio Zulte-Monchengladbach. Y todo ello por no hablar de la expresión más pura de lo que podría ser el mercado de fichajes: el Oporto de Lopetegui.

Pero los movimientos extra fútbol también están ahí. De hecho, la impresión principal que me ha dejado este mercado es que cada vez explican un porcentaje mayor de los movimientos realizados año tras año.

El mejor ejemplo es el fichaje de James Rodríguez por el Real Madrid. Con el MP más que cubierto con Di María e Isco, el Mundial dio una oportunidad que a los ojos de Florentino no podía dejar escapar. Fichar a James era fichar a la nueva estrella del Mundial, a la revelación futbolística del 2014, a la estrella de Colombia. La publicidad, las camisetas y todo el marketing madridista abierto a un mercado nuevo como el colombiano amortizaban el fichaje por sí sólos. Seguro que si le preguntáramos a Carletto también habría escogido, sin dudar, forzar la marcha de su mejor jugador la pasada temporada para fichar a un jugador aún por consolidar y por encajar en su esquema. Seguro.

Y ha habido muchos más casos. Los más sonados podrían ser el del Manchester United al fichar a Falcao en el último momento cuando su verdadero problema reside en la zona defensiva y en la salida de balón por el centro, o el de Negredo fichando por el Valencia cuando el DC del 1-4-3-3 estaba muy bien cubierto con Alcácer y Rodrigo.

Tras todo esto, hay una cosa que me queda clara: el fútbol no es sólo fútbol. El fútbol es deporte, pero también es dinero. Es negocio. Es ilusión. Es pasión. Como decía Bill Shankly, el fútbol no es cosa de vida o muerte, es mucho más que eso.


Z

jueves, 7 de agosto de 2014

Tres palos y ¿dos porteros?

Fíjense bien si los porteros somos distintos a los demás, que hasta vamos vestidos diferentes.

Mono Burgos, ex-portero del Atlético de Madrid

4-2-3-1, 4-4-2, 4-3-3 con falso nueve,… son esquemas más que repetidos por entrenadores y aficionados de las distintas formas de jugar al fútbol. Pero, ¿no echáis algo de menos?

Exacto, sumas esos números y te sale 10. El portero es una especie futbolística tan distinta del resto de jugadores que muchas veces hasta nos olvidamos de ponerlo en el esquema. Tienen una personalidad muy marcada e históricamente han tenido que aguantar muy poca competencia interna, entendida como competencia dentro del club.

Pero, desde hace poco, el caso de Iker y Diego ha hecho preguntarse a todo el mundo del fútbol sobre qué es mejor: ¿un solo portero que se sepa titular, o dos porteros luchando por ella?

Pues bien, para mí la respuesta no tiene nada que ver con el fútbol.

La competencia nunca es mala. Obliga a esforzarse al máximo, porque sabes que si no lo haces, tu rival sí lo hará y te quedarás en la banqueta. Pero también tiene una vertiente negativa: genera tensiones. Tensión por el miedo a perder tu puesto, tensión porque a tu rival le favorecen sin motivo, tensión porque te vigilan muy de cerca, etc.

En un equipo de fútbol de amigos de la tercera regional aragonesa, estas tensiones como mucho te hacen dormir mal una noche al año. Pero si hablamos de equipos de Primera División, la cosa cambia. Y ni os cuento en un equipo en el que los peinados de Cristiano abren portadas. Por eso el fútbol cada vez se está abriendo más a la psicología, porque no todas las personas son capaces de llevar semejante peso mediático sobre sus hombros.

Es con esas tensiones cuando nos desviamos del fútbol. Lo normal sería poner a quien pare más, o al que mejor encaje en el perfil de portero del entrenador, pero eso no es así. Nace en todos una necesidad de justificar sus actuaciones y decisiones ante los demás que provoca decisiones políticas que acaban perjudicando al club y a los propios porteros.

Por eso, creo que para tener dos porteros al máximo nivel en la plantilla lo importante es cómo se llevan entre ellos, y su relación con el entrenador. El factor humano. Ese es mi factor diferencial para responder a la pregunta.

Si se llevan bien entre ellos, el entrenador es cercano y, en resumen, consiguen minimizar todas las tensiones que se generan, casos como el de Iker y Diego podrían ser útiles para el equipo. En caso contrario, lo mejor para todos será que uno de los dos se marche.



Z

domingo, 3 de agosto de 2014

El pitido inicial

¡Hola a todos nuestros espectadores! Les habla Manolo Lama y a mi lado en la cabina de comentaristas tengo a Paco González…

Manolo Lama, comentarista deportivo

Hace ya tiempo que tenía ganas de encontrar un lugar donde pudiera hablar de una de mis dos pasiones: el fútbol. Un lugar donde dar mi opinión sobre esta maravilla que une y separa a la gente.

Siempre he dicho que en España (principalmente, porque en el resto del mundo estoy seguro de que también ocurre) todos somos entrenadores de fútbol y políticos. No hay más que ir a un bar para oír a cualquier entendido, caña en mano, decir que los jugadores de la Selección son una “panda de mataos” por perder dos partidos, o acordarse de la familia de Neymar porque en el Barcelona no es el mismo que en Brasil.

Por eso lo que yo diga de ahora en adelante no será más que mi humilde opinión. Estaré encantado de debatir con cualquiera que no la comparta sobre el asunto que sea, siempre que sea de manera educada. Y es que, ¿qué sería de nosotros de no ser por los pre y post-partidos? Finales de Mundiales, de Champions, o de la mismísima Guiness Internacional Champions Cup. Lo que haga falta.

Se avecina un año de fútbol descomunal.

Con una tremenda resaca del Mundial de Brasil, habrá que ver si Carletto es capaz de hacer que dentro del vestuario madridista haya más hambre de títulos que de polémicas. Si Luis Enrique es capaz de hacer funcionar a un Barcelona en plena revolución con los Rafinha, Rakitic, Mathieu y Deulofeu, a la par que intenta encajar a sus tres estrellas arriba. Si el Cholo es capaz de sacarse otra baraja de la manga para que Griezzman, Mandzukic y Oblak vuelvan a ilusionar al Calderón con algún título.

Habrá que ver si el Chelsea de Mou y Cesc acaba tan alto como apunta, si Old Trafford se recupera de la pesadilla del año pasado de la mano de Louis Van Gaal, o si el PSG remata su proyecto para ser un serio candidato a la Champions.

Si, si, y si…. Hay tantos síes en esta temporada 2014/15 que se haría pesado hasta ponerlos y haceos leerlos todos.

Y todo ello en un año muy especial para mí porque me voy de Erasmus a Bruselas, donde espero poder jugar y conocer el fútbol belga de primera mano.

Ahora sólo queda esperar a que el árbitro pite, y comience la magia.



Z