Como buen almirante, Marcelino García Toral se conoce al dedillo
todas las partes y escotillas de su Submarino Amarillo. Se suben hombres y ya
sabe qué camarote les corresponde, se bajan otros y enseguida instruye a los
cadetes para suplir su ausencia. Es su ojito derecho. Su proyecto más especial.
Y en el lugar más perdido del sumergible, en el rincón más olvidado de su
querido navío, ahí esconde sus mejores creaciones. Sólo las emplaza cuando se
viene la batalla. Pues sólo así se explica que Manu Trigueros escape mercado
tras mercado a los focos de los grandes europeos. O eso, o está esperando a
terminar la carrera de Magisterio.
El talaverano es un hombre que pasa desapercibido por naturaleza.
Tal es así, que en la clarividente página de Wikipedia lleva cuatro años siendo
mediapunta o interior en la banda del Villarreal, y a nadie le ha hecho daño a
la vista. Ni al que la modificó hace tan sólo tres días, no. Un jugador del que
hasta el propio Marcelino se olvida en ocasiones. O eso nos quiere hacer creer.
El técnico del conjunto castellonense conoce muy bien a Manu desde que en Segunda
División le diera la oportunidad de entrar en el once del primer equipo. Quizá
sea la única temporada del centrocampista que viese aquel editor de su página
de Wikipedia, pues en un centro del campo compuesto por Bruno y Marcos Senna
–en un alarde de compromiso con su equipo-, el de Talavera de la Reina sólo
tenía hueco en una de las dos bandas, pero tras la marcha del hispano-brasileño
comenzó a centrar su posición. Dotándolo de los matices que quería su
entrenador, Manu fue cogiendo experiencia y cualidades en la sala de máquinas hasta
formar la dupla que hoy conocemos junto a Bruno. Probablemente, ni Marcelino
García Toral se imaginaba en aquel 5-0 que encajó frente al Castilla a su
llegada en lo que se convertiría ese chaval de 21 años que alineó en el
interior derecho.
A día de hoy, Manu Trigueros es capaz de organizar la salida de
balón del Villarreal frente a cualquiera. Junto a Bruno, son los encargados de
perpetrar el estilo de un equipo que se caracteriza por su buen trato de balón,
y lo hace con una soltura impropia de su edad. Su desparpajo a la hora de pedir el balón es
sólo comparable a la frialdad con la que decide rodeado de hasta tres rivales,
y esto le sirve para desmontar con frecuencia presiones altas como las que
plantearon Atlético en Liga y Barcelona en la pasada Copa del Rey. No se
conforma con devolverle el balón al central, sino que quiere ser trascendente
en cada jugada. Casi en cada pase. Sin confundir trascendencia con riesgo ni
complejidad. A veces se confía en exceso y pierde algún balón en campo propio
cuando chocan con él, pero son más las veces en las que rompe líneas conectando
con los atacantes del conjunto amarillo, o solventa una presión con dos
sencillos pases. No se arruga ante nadie.
Su gran primer control de balón le sirve para tener la ventaja
necesaria sobre quien le presiona, y con su buen pase corto y medio materializa
lo que su cabeza maquina. Cabeza que, insisto, es su mayor virtud. Sólo así se
puede entender que consiga entrenar con su equipo por las mañanas, impartir
clases a niños de primaria por las tardes, y liderar la medular los fines de
semana sin que ninguna de esas actividades reste a las demás. Trigueros es un
centrocampista al que no le pesa el protagonismo en su equipo, sino que de
hecho lo busca. Guía a sus niños con palabras y a sus compañeros con pases,
ofreciéndose constantemente como solución. Además, la estabilidad de esquema de
la que ha dotado Marcelino al Villarreal le ha servido para controlar en todo
momento qué líneas de pase va a tener, y su porcentaje de acierto ha ido
creciendo temporada tras temporada. Un hombre que encaja de maravilla en la
idea de juego del equipo, y una idea que le permite desplegar al propio Manu su
mejor juego.
Todo ello lo adereza con su asiduidad para sumarse al ataque en
segunda línea, gracias a un Bruno que siempre mantiene más su posición. En
campo contrario, tanto uno como otro suelen situarse por detrás del balón en su
respectivo lado para dar continuidad al ataque del Submarino, pero si ve la
oportunidad no lo duda. Al contrario que su capitán, Manu avanza cinco metros
para ayudar en alguna triangulación, y cuando el juego se lo permite se anima a
disparar desde la frontal con ambas piernas. Movimiento que repercute
sensiblemente en su cifra goleadora a lo largo de la temporada para terminar
con unos números notables. Una cualidad más del talaverano, que tampoco
desentona en defensa. De nuevo gracias a su capacidad mental, Trigueros lee muy
bien los ataques del rival para anticiparse a sus movimientos, y así ocultar
sus carencias físicas. No descubrimos nada si decimos que el cuerpo a cuerpo no
es su fuerte, pero su organización táctica le permite estar bien colocado para
ser más rápido que su rival. Y si el partido requiere una defensa más
posicional, tampoco sufre en exceso con Bruno y los dos centrales por detrás de
él, siguiendo bien las instrucciones de Marcelino. Cómo consiga recuperar el
balón su equipo, él mismo se encargará de dar velocidad a la transición con un
pase, ya que en conducción aún tiene margen de mejora. Algún vídeo de un croata
que juega en el Madrid le vendría bien.
Muy bien escondido tiene que tener su camarote Marcelino para que
Manu Trigueros pase tan desapercibido al mundo del fútbol. El perfil de este
protomaestro de educación física está muy cotizado en equipos de Inglaterra,
donde podría decidir títulos, pero aún parecen preferir algo más de físico y
menos de control. Tampoco es que Manu ralentice el ritmo de su equipo. De
hecho, más de una bronca se ha llevado por correr demasiado. El suyo es un
perfil curioso, que no encaja del todo ni con el de un equipo Premier ni con el
de Vicente del Bosque. Pero es que ese punto intermedio sea tal vez la mejor
definición del Villarreal. Un equipo hecho a la medida del jugador. Una
simbiosis que espera seguir creciendo para brindar por primera vez en la
historia un título a su afición.
Artículo publicado en garrinchamagazine.com
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