miércoles, 14 de octubre de 2015

El maestro de Villarreal

Como buen almirante, Marcelino García Toral se conoce al dedillo todas las partes y escotillas de su Submarino Amarillo. Se suben hombres y ya sabe qué camarote les corresponde, se bajan otros y enseguida instruye a los cadetes para suplir su ausencia. Es su ojito derecho. Su proyecto más especial. Y en el lugar más perdido del sumergible, en el rincón más olvidado de su querido navío, ahí esconde sus mejores creaciones. Sólo las emplaza cuando se viene la batalla. Pues sólo así se explica que Manu Trigueros escape mercado tras mercado a los focos de los grandes europeos. O eso, o está esperando a terminar la carrera de Magisterio.

El talaverano es un hombre que pasa desapercibido por naturaleza. Tal es así, que en la clarividente página de Wikipedia lleva cuatro años siendo mediapunta o interior en la banda del Villarreal, y a nadie le ha hecho daño a la vista. Ni al que la modificó hace tan sólo tres días, no. Un jugador del que hasta el propio Marcelino se olvida en ocasiones. O eso nos quiere hacer creer. El técnico del conjunto castellonense conoce muy bien a Manu desde que en Segunda División le diera la oportunidad de entrar en el once del primer equipo. Quizá sea la única temporada del centrocampista que viese aquel editor de su página de Wikipedia, pues en un centro del campo compuesto por Bruno y Marcos Senna –en un alarde de compromiso con su equipo-, el de Talavera de la Reina sólo tenía hueco en una de las dos bandas, pero tras la marcha del hispano-brasileño comenzó a centrar su posición. Dotándolo de los matices que quería su entrenador, Manu fue cogiendo experiencia y cualidades en la sala de máquinas hasta formar la dupla que hoy conocemos junto a Bruno. Probablemente, ni Marcelino García Toral se imaginaba en aquel 5-0 que encajó frente al Castilla a su llegada en lo que se convertiría ese chaval de 21 años que alineó en el interior derecho.

A día de hoy, Manu Trigueros es capaz de organizar la salida de balón del Villarreal frente a cualquiera. Junto a Bruno, son los encargados de perpetrar el estilo de un equipo que se caracteriza por su buen trato de balón, y lo hace con una soltura impropia de su edad.  Su desparpajo a la hora de pedir el balón es sólo comparable a la frialdad con la que decide rodeado de hasta tres rivales, y esto le sirve para desmontar con frecuencia presiones altas como las que plantearon Atlético en Liga y Barcelona en la pasada Copa del Rey. No se conforma con devolverle el balón al central, sino que quiere ser trascendente en cada jugada. Casi en cada pase. Sin confundir trascendencia con riesgo ni complejidad. A veces se confía en exceso y pierde algún balón en campo propio cuando chocan con él, pero son más las veces en las que rompe líneas conectando con los atacantes del conjunto amarillo, o solventa una presión con dos sencillos pases. No se arruga ante nadie.

Su gran primer control de balón le sirve para tener la ventaja necesaria sobre quien le presiona, y con su buen pase corto y medio materializa lo que su cabeza maquina. Cabeza que, insisto, es su mayor virtud. Sólo así se puede entender que consiga entrenar con su equipo por las mañanas, impartir clases a niños de primaria por las tardes, y liderar la medular los fines de semana sin que ninguna de esas actividades reste a las demás. Trigueros es un centrocampista al que no le pesa el protagonismo en su equipo, sino que de hecho lo busca. Guía a sus niños con palabras y a sus compañeros con pases, ofreciéndose constantemente como solución. Además, la estabilidad de esquema de la que ha dotado Marcelino al Villarreal le ha servido para controlar en todo momento qué líneas de pase va a tener, y su porcentaje de acierto ha ido creciendo temporada tras temporada. Un hombre que encaja de maravilla en la idea de juego del equipo, y una idea que le permite desplegar al propio Manu su mejor juego.

Todo ello lo adereza con su asiduidad para sumarse al ataque en segunda línea, gracias a un Bruno que siempre mantiene más su posición. En campo contrario, tanto uno como otro suelen situarse por detrás del balón en su respectivo lado para dar continuidad al ataque del Submarino, pero si ve la oportunidad no lo duda. Al contrario que su capitán, Manu avanza cinco metros para ayudar en alguna triangulación, y cuando el juego se lo permite se anima a disparar desde la frontal con ambas piernas. Movimiento que repercute sensiblemente en su cifra goleadora a lo largo de la temporada para terminar con unos números notables. Una cualidad más del talaverano, que tampoco desentona en defensa. De nuevo gracias a su capacidad mental, Trigueros lee muy bien los ataques del rival para anticiparse a sus movimientos, y así ocultar sus carencias físicas. No descubrimos nada si decimos que el cuerpo a cuerpo no es su fuerte, pero su organización táctica le permite estar bien colocado para ser más rápido que su rival. Y si el partido requiere una defensa más posicional, tampoco sufre en exceso con Bruno y los dos centrales por detrás de él, siguiendo bien las instrucciones de Marcelino. Cómo consiga recuperar el balón su equipo, él mismo se encargará de dar velocidad a la transición con un pase, ya que en conducción aún tiene margen de mejora. Algún vídeo de un croata que juega en el Madrid le vendría bien.


Muy bien escondido tiene que tener su camarote Marcelino para que Manu Trigueros pase tan desapercibido al mundo del fútbol. El perfil de este protomaestro de educación física está muy cotizado en equipos de Inglaterra, donde podría decidir títulos, pero aún parecen preferir algo más de físico y menos de control. Tampoco es que Manu ralentice el ritmo de su equipo. De hecho, más de una bronca se ha llevado por correr demasiado. El suyo es un perfil curioso, que no encaja del todo ni con el de un equipo Premier ni con el de Vicente del Bosque. Pero es que ese punto intermedio sea tal vez la mejor definición del Villarreal. Un equipo hecho a la medida del jugador. Una simbiosis que espera seguir creciendo para brindar por primera vez en la historia un título a su afición.

Artículo publicado en garrinchamagazine.com

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