miércoles, 14 de octubre de 2015

El príncipe de los olvidados

Cuenta la leyenda que allá por la temporada 1966-67, una pequeña localidad costera salió a las calles para celebrar su primer ascenso a Segunda División. Nunca en su historia habían llegado tan alto, así que lo celebraron como el hito merecía. Y cuentan también sus gentes que un grupo de sobra conocido fue quien puso la música a tal acontecimiento con uno de sus nuevos singles. Ese grupo, que quizás os suene a algunos, se llamaba “The Beatles”, y la canción, “Yellow Submarine”. Así dice la historia que nacería el apodo del Villarreal. Una ciudad que pasara lo que pasara siempre salía a flote.

Quien soy yo para desdecir semejante historia de festividad y superación, protagonizada por unos hombres que por unos días fueron los héroes de su humilde pueblo. No soy nadie, desde luego. Así que aprovechándome de dicha condición, os voy a dar mi propia versión de por qué el Submarino Amarillo se ha ganado su apodo. Algo que poco tiene que ver con el mundo de la música, sino con una característica que le ha permitido salir a flote año tras año, y que se ejemplifica en su máxima expresión en el hoy internacional por España, Mario Gaspar.

El lateral derecho del Villarreal es uno de esos hombres que no destaca. Casi nunca brilla. Pero como si su piel fuera de un tono mate, no por no brillar quiere decir que juegue mal. Mario es un jugador que te garantiza el notable cada partido. Rezuma tranquilidad. Seguro que Marcelino es quien más se lo agradece, teniendo que transformar el equipo temporada tras temporada pero sabiendo al menos que en ese puesto no hay quebradero que valga. Aunque a veces seguro que le habría gustado inyectarle adrenalina. Por mucho que al aficionado le cueste imaginarse ya los tiempos de Javi Venta o Ángel en el sector derecho del Madrigal, Mario Gaspar tiene sólo 24 primaveras a sus espaldas. Su constancia hizo que desde que le dieran la oportunidad, el de Novelda les devolviera la confianza con un valor que no abunda en su puesto actualmente: la solvencia defensiva. Su altura le permitía luchar los balones por alto –que no ganarlos siempre-, su concentración aseguraba un buen posicionamiento, y su inteligencia permitía que ninguno de sus técnicos tuviese quejas con el desempeño de las funciones que le encomendaban. Si el equipo se veía desbordado por la izquierda, Mario basculaba para evitar el remate en el segundo palo. Si había que presionar arriba, avanzaba su posición para intentar anticiparse o chocar. Y además no sufría con el balón. Todas ellas virtudes, que sin embargo en ningún partido le acercaron a la matrícula de honor. Matrícula que en el fútbol se reserva casi en exclusiva a la parcela ofensiva.

En sus primeros años en el club, Mario no sumaba en ataque más allá de ofrecer un pase de seguridad. Participaba en combinaciones sin demasiada implicación. Sus internadas no estaban bien coordinadas con el equipo, y se le veía algo perdido cuando entraba en zona de extremo. Y ahí aparecieron Marcelino y Jaume Costa. Lo que sumó a su juego del primero os lo podéis imaginar todos. Vio sus características, y le proporcionó un ecosistema en el que se sintiera cómodo sumando en ataque, poblando su banda de socios como Campbell, Trigueros o Nahuel. En izquierda sería más incisivo, y en derecha no tendrían problemas en madurar la jugada. Pero fue del segundo del que, indirectamente, aprendió más de lo que se podría haber imaginado. Jaume empezó siendo un lateral izquierdo ultraofensivo. Tal era el caso que Marcelino tenía que quitarlo para poner a Joan Oriol si el partido le pedía aguantar más atrás. Sumaba en ataque, y restaba en defensa. El espejo perfecto en el que mirarse. Así que con el paso de los años compartiendo vestuario, tanto Mario como Jaume han aprendido del otro las cualidades que les faltaban. Se han complementado para que el Villarreal pueda ser un equipo más equilibrado tanto en defensa como en ataque. Pero como dijo un sabio entrenador: “Si jugaran un partido once defensas contra once atacantes, yo siempre apostaré por los defensas”. Es más efectivo defender y empezar a atacar, que atacar y empezar a defender, y por ese camino ha conseguido progresar más Mario. Un hombre que si antes garantizaba un ocho por partido, cuando está inspirado en ataque ha subido esa media en la última temporada y el comienzo de ésta.

Si hace un tiempo los aficionados groguets decidieron que su equipo sería un Submarino Amarillo, a día de hoy les diría que ese color debe ser mate por méritos propios. No por gris, ni por descuidado, sino por desapercibido. Sólo así se explica la capacidad de escapar del mediático mundo actual que tienen sus jugadores, de los que Bruno es rey, y Mario príncipe. Este año, tras la baja de Carvajal, Don Vicente del Bosque ha creído ver un destello en la popa del equipo castellonense. Habrá que ver cómo encaja esa pieza del submarino en su maquinaria, pues aún quedan dudas de que encaje en un estilo que pide a sus laterales incorporaciones profundas que puedan romper líneas. Pero no te equivoques, Vicente. Has visto bien. Mario, si se lo propone, puede brillar en el lateral. 

Artículo publicado en garrinchamagazine.com

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