Quien no haya podido seguir la Liga BBVA esta temporada e intente
descifrar el por qué del cuarto puesto del Villarreal se llevaría casi seguro a
engaño. Si crees que Roberto Soldado se ha reencontrado con el gol, que
Marcelino ha confiado su juego a los atacantes y que los laterales doblan
alegremente a sus interiores, esto es un aviso de spoiler. El Villarreal ha
cambiado. Este equipo es, por encima de todo eso, competitivo. Y con un modelo
bastante más propio de su técnico que de su club.
El Submarino Amarillo está siendo un equipo que podríamos definir
como rocoso para sus rivales. Desde que la temporada comenzara, su solidez
defensiva ha sido su principal activo para ser competitivo en todas las
competiciones que ha disputado, y así ha llegado a este punto de la temporada
con la clasificación para Champions League muy cerca en la Liga y en
semifinales de Europa League. Con un bloque bajo, encantado de entregar el
balón a su rival, los de Marcelino han desarrollado una defensa posicional
férrea y sin fisuras, que después la verticalidad de sus hombres de ataque ha
hecho buena con goles puntuales pero suficientes. En esta faceta hay que
destacar a su pareja de delanteros: Roberto Soldado y Cédric Bakambu. El
primero, con sus toques y su capacidad de retener el esférico, ha sido el
complemento perfecto del segundo, que es potencia y remate en estado puro. Con
Denis Suárez y Samu Castillejo en las bandas, son el principal plan del equipo
para perforar la red enemiga.
Dicho esto, no siempre la máquina funciona perfectamente
engrasada, y cuando el rival es menos propositivo en su juego, el Villarreal
tiene dificultades para crear peligro y defender el enemigo. Como se ha podido
observar en sus últimos encuentros ligueros, los equipos que han optado por
cerrar los espacios atrás y con balón ser igual de verticales que los
castellonenses han sido los que peor versión del conjunto amarillo nos han
ofrecido. Y no es que haya tenido su reflejo en un bajón defensivo, pues la
portería seguía siendo un cerrojo que exigía mucho acierto para ser
desbloqueado. Pero ante un equipo asentado en su propio campo, con dos
laterales que en ataque no suman demasiado, se han encontrado en serios apuros
para ser efectivos de cara a portería. Un debe que no siempre ha sido así, y
que también está en gran medida relacionado con el pequeño bajón del equipo
tras su victoria en Praga sellando la clasificación para semifinales.
Y no podríamos terminar este análisis del conjunto
de Marcelino sin hablar de dos de sus hombres más importantes en el once. Los
que junto con Soldado y el portero –que puede ser Asenjo o Aréola sin que el
nivel se resienta- conforman la columna vertebral por la que se sostiene el
equipo esta temporada. Son Víctor Ruíz y Bruno Soriano. El primero, defensa
central, ha cuajado sin lugar a dudas la mejor temporada de su carrera, y se ha
consolidado como central izquierdo del equipo gracias a su excelente elección
de movimientos y esfuerzos. Coberturas, juego aéreo, reparto de espacios,…
Favorecido por el plan de Marcelino, el catalán ha brillado con luz propia y
ayudado al equipo partido tras partido. Y en cuanto a Bruno, no se puede decir
otra cosa sobre él que es el mejor capitán que el Villarreal podía tener.
Fundamental tanto en tareas defensivas como en decidir el ritmo del equipo en
ataque, el mediocentro ha sido, es y será el alma del equipo hasta que él
decida aceptar alguna de las ofertas que por seguro ya han llegado a las
oficinas del club. Entiende como ninguno el plan del técnico, y tanto con sus
gestos como con sus órdenes se encarga de que los demás lo sigan al dedillo.
Por si fuera poco, su precisión en el pase y su capacidad de retención del
balón le hacen un jugador ideal para el puesto y el juego del Villarreal. El
faro de un Submarino, que ya otea por el periscopio la ciudad de Basilea.
Artículo publicado en estoesanfield.com
No hay comentarios:
Publicar un comentario