lunes, 2 de enero de 2017

Los recursos de Mendilibar

Las dos últimas temporadas, la SD Eibar siguió una misma tónica. El equipo del norte de España firmaba una primera vuelta memorable, que le colocaba en puestos cercanos incluso a competiciones europeas, y en la segunda vuelta, por un motivo u otro, no conseguía competir al mismo nivel. Esto puede provocar más de un susto a sus aficionados, como de hecho ocurrió en la primera de las dos campañas, y más allá de la preparación física del equipo, tenía una causa fundamental: la rigidez de su plan de juego. En la Liga Santander, si tu plan es único o muy inflexible, enseguida los equipos encuentran cómo hacerte daño. Y por eso, en la temporada 2016/17, José Luis Mendilibar ha decidido probar algo nuevo.

Pocos equipos han acusado tan poco la marcha de sus dos grandes estrellas en el mercado estival como la SD Eibar. No es fácil perder a un delantero que anotó dieciocho goles la pasada temporada como Borja Bastón y al eje del juego ofensivo que suponía Keko. Menos todavía en un equipo cuyo objetivo principal es mantener la categoría. Pero con los movimientos justos en el mismo mercado, la respuesta no podía ser más positiva. La llegada de Pedro León y Bebé dieron un nuevo aire a las bandas del conjunto armero, que en el nuevo plan de juego de su técnico han multiplicado las opciones. Los desplazamientos del primero y la potencia del segundo le han permitido ser más directo cuando lo ha querido, pero sus experiencias en equipos con la posesión como arma también le han permitido variar a un juego más asociativo. No hay mejor ejemplo que el partido que disputó en el Santiago Bernabéu.

Otros dos nombres que le han permitido a Mendilibar proponer un juego diferente esta temporada han sido los dos centrales que llegaron: Florian Lejeune y Alejandro Gálvez. Aunque el segundo no está participando tanto en el equipo, el buen trato del balón que poseen permite al equipo crear desde más atrás que las temporadas pasadas, y sumado al buen momento de compañeros cercanos como Dani García o Ander Capa han enriquecido mucho su posesión. Por no hablar de Fran Rico o Adrián González. El madrileño, por ejemplo, está demostrando ser útil en todas las posiciones en las que le necesita el técnico de Zaldívar, acertando especialmente en los últimos toques.


Takashi Inui, Sergi Enrich, Mauro Dos Santos, Gonzalo Escalante. Son tantos los jugadores que han protagonizado un excelente arranque en la SD Eibar que parece imposible que ocurra como en las anteriores segundas vueltas. El equipo ha jugado de maravilla en una de las campañas ligueras más competidas de los últimos años. Y aunque preparar físicamente a tu equipo para rendir mejor al principio que al final es una estrategia extendida entre los conjuntos menos mediáticos, hay que hacerlo muy bien para que salga así. No en vano el equipo contaba con 21 puntos en la jornada 14, comparable con los 25 del Atlético. Pero da la sensación de que esta temporada, con todos estos recursos, Mendilibar ha querido tener planes A, B y C. Y eso, para la segunda vuelta, promete ser un activo muy valioso.

Artículo publicado en garrinchamagazine.com

Los Diablos de Bobby

La Eurocopa de Francia era un evento muy esperado en Bélgica. La que podría ser la mejor generación futbolística del país iba a llegar en un momento óptimo de madurez, tanto grupal como futbolística, para ser un candidato real al título en casa del eterno enemigo. Por eso dolió tanto su eliminación a manos de una selección teóricamente inferior como Gales. Un resultado que tuvo muchos culpables, pero un protagonista unánime: Marc Wilmots. De mutuo acuerdo, la Federación Belga y él decidieron que había llegado el momento de cambiar ante el mal juego y la sensación de que había potencial para más. Había que ser exquisitos con su sucesor. No valdría cualquiera. El elegido fue Roberto Martínez, y junto a Thierry Henry está empeñado en probar todo lo que se le ocurra para que el equipo despliegue un juego acorde a su potencial.

Los primeros cambios de la selección que manejaba el técnico belga respecto del español se enfocaron a la salida de balón. Tanto creando nuevos automatismos como apostando por laterales puros en lugar de centrales, Roberto Martínez empezó la casa por los cimientos construyendo una base más sólida sobre la que el equipo pudiera crecer hacia delante. Tener arriba a Eden Hazard o Kevin de Bruyne te permite poder centrarte en el tercio defensivo sin perder competitividad. Y para ello, son muchas las pruebas que ha ido haciendo a lo largo de los partidos que lleva al cargo.

En un primer momento, el ex-entrenador del Everton decidió probar con una defensa de cuatro que consolidara a Thomas Meunier en el lateral derecho. Era un sistema continuista, donde solamente introdujo ciertos mecanismos en la salida del balón y a Jordan Lukaku en el lateral izquierdo. Pero aunque los resultados no fueron malos, posteriores partidos dejaron claro que este sistema fue más bien un paso intermedio a la verdadera apuesta del técnico. Una forma de introducir su idea de manera paulatina, que culminó en la gran novedad hasta el momento: la defensa de tres.

Bien pensado, el 3-4-3 que ha utilizado Bélgica en más de un encuentro tiene bastante sentido. Una selección que por ahora no tiene demasiados laterales de primer nivel, pero que no para de producir centrales. Un sistema que permite tener a tu estrella principal centrada en su mejor rol. Sobre el papel, el esquema escogido por Bobby Martínez parece tener argumentos para funcionar.

Como decíamos, el esquema de tres centrales ha permitido alinear a los defensas en sus posiciones naturales y liberar a Eden Hazard de parte de la carga defensiva. Es decir, al igual que le ocurre en el Chelsea, el hecho de contar con un carrilero y un central izquierdo en su sector permite que el extremo pese más en el ataque del conjunto belga. Y equipos como Hungría, Estonia o Gibraltar dan fe de que eso es una mala noticia para los rivales.

Las pruebas hasta la fecha demuestran que hay motivos para confiar en este equipo. Con las dudas de la posición que mejor le siente a Kevin de Bruyne y el hecho de reducir a Yannick Ferreira-Carrasco al puesto de carrilero, los resultados respaldan la apuesta. Porque si algo está haciendo el técnico es probar cosas para que Bélgica sea lo que puede ser. Y pronto los Diablos de Bobby darán que hablar.

Artículo publicado en garrinchamagazine.com

Un Submarino sin fisuras

Probablemente, si le preguntáramos a cualquier seguidor del Submarino Amarillo a principios de temporada qué esperaba del equipo, muy pocos acertarían. Si bien su estilo se había matizado en los años de Marcelino, el Villarreal siempre se ha definido desde el balón y la calidad de la posesión. Así es cómo se había forjado un nombre en Europa, y había crecido como entidad futbolística: por sus parejas de delanteros y su buen trato del esférico. Pero en la temporada 2015/16, su técnico decidió apostar por su mayor valor como profesional y ser, por encima de todo, competitivos. Una apuesta que no ha traído bellas noches de fútbol combinativo al Madrigal, sino grandes partidos que a base de una defensa sólida y una verticalidad eléctrica les acercaron a los títulos como hace mucho que no conseguían.

Para conseguir esa solidez defensiva, el técnico asturiano definió un bloque bajo en el terreno de juego liderado por su pareja de centrales. Tanto Mateo Musacchio como, especialmente, Víctor Ruíz han cuajado su mejor temporada sosteniendo al equipo en defensa, y protegidos por el planteamiento del equipo han sido capaces de cubrir mejor su área de los ataques rivales. Pero no estaban solos. La solidez aérea de Alphonse Aréola, la constancia de la banda derecha formada por Jonathan Dos Santos y Mario Gaspar, o la jerarquía de Bruno Soriano han sido grandes activos defensivos. Aunque reducir al capitán al calificativo de “activo defensivo” sería denunciable. Bruno era el Villarreal y el Villarreal era Bruno. Desde su posición central, organizaba tanto la presión retrasada como los contraataques, y su influencia fue tal que sin él sería difícilmente explicable la presencia del equipo en Anfield para intentar acceder a su primera final europea. Aunque finalmente no lo lograran.

El complemento perfecto a este entramado defensivo fueron dos descubrimientos estelares. Una nueva pareja de atacantes que enamoró a los aficionados por su calidad y su efectividad, dando al equipo una escapatoria ofensiva en todo momento. El primero de ellos, Cedric Bakambu, llegaba de Turquía con mejores sensaciones que cifras, pero sus desmarques y su pegada enseguida convencieron a los más agnósticos. Y el segundo, Roberto Soldado, deslumbró en una faceta anteriormente desconocida en él, asistiendo y dando toques de mucha calidad fuera del área. Una dupla aderezada con un Denis Suárez muy participativo y vertical en la banda izquierda, y que protagonizaron un fútbol vertiginoso pero efectivo.

Éstos fueron los protagonistas de un equipo que terminó el mes de abril venciendo por 1-0 al Liverpool de Jurgen Klopp en la ida de las semifinales de la Europa League. En Liga también dejó su sello venciendo a equipos como Real Madrid o Atlético. Pero sobre todo, este último Villarreal de Marcelino fue un equipo de autor. Un bloque extremadamente rocoso atrás, que pocos rivales pudieron superar, y que aumentó el techo competitivo del conjunto hasta cuotas cercanas al ansiado título que persiguen. De no ser por Anfield, quién sabe qué habría ocurrido después.


Artículo publicado en garrinchamagazine.com 

Brasil por fin es de Oro

El cinco de agosto todo el mundo miraba a Río de Janeiro. Una nueva edición de los Juegos Olímpicos estaba siendo inaugurada y una constelación de estrellas encabezada por Michael Phelps, Usain Bolt o Simone Biles se disponía a brillar con luz propia en los días siguientes. Todos olían a oro. Lo traían desde casa y sólo parecía importar cuántos conseguirían, en plural. Pero otro grupo de hombres les quería acompañar para acabar con una maldición histórica. Un país que presume de ser el mejor del mundo en el deporte rey, y que pese a ello no poseía una sola medalla olímpica de oro. Se trata de Brasil, y para cuando el pebetero iluminó al mundo ya habían sufrido su primer tropiezo.

Con las particularidades reglamentarias que tienen los equipos de fútbol en este torneo, Brasil se presentaba ante sus aficionados con un equipo capitaneado por sus tres hombres por encima de los veintitrés años: el portero Weverton, Renato Augusto y su capitán, Neymar Jr. Cierto es que parece difícil hablar del fútbol como deporte rey en un contexto olímpico, pero especialidades al margen, los anfitriones eran uno de los dos mejores conjuntos del torneo junto con Alemania. Entre sus jóvenes componentes tenían la suerte de contar con la velocidad de Felipe Anderson, la inteligencia de Rafinha o la jerarquía de Marquinhos. Y sobre todo, a este equipo se le reconocía su candidatura al Oro Olímpico por los dos atacantes de idéntico nombre que acompañaban al diez arriba. Gabriel Jesús y Gabriel Barbosa derrochaban calidad pese a su pronta edad. Y con esos mimbres afrontarían su cita con la historia.


Los dos primeros encuentros demostraron a la pentacampeona por qué los Juegos Olímpicos estaban hechos de otra pasta. Incomprensiblemente, tanto Sudáfrica como Irak fueron rocas lo suficientemente sólidas como para dejar a los anfitriones sin marcar y hacerles sumar sólo dos puntos de seis posibles. La frustración crecía y el Oro parecía cada vez más lejano, pero por suerte el equipo se enchufó a tiempo para derrotar por 0-4 a Dinamarca y acceder a los cuartos de final. Una vez en las eliminatorias, Neymar dejó de ser sólo jerárquico para ser también decisivo y abrió la cuenta en los tres partidos que disputaron. El tridente que formó junto con Gabriel Jesús y Gabriel Barbosa fue mejorando progresivamente y el fútbol comenzaba a fluir. Pero mención especial merece la defensa, que tan sólo recibió un gol en contra en todo el torneo. Gol que llegó en la propia final, a cargo de Maximilian Meyer, y que llevó al país al borde del infarto en la tanda de penaltis. Pero el destino, cuando quiere, es caprichoso. Por eso el balón decisivo estuvo en las botas de su capitán. Por eso el número diez se disponía a tirar el penalti vencedor. Neymar no falló, y la pentacampeona mundial del fútbol conseguía por primera vez su correspondiente título olímpico. En su casa, Brasil rompió la maldición y se colgó el Oro.

Artículo publicado en garrinchamagazine.com