lunes, 2 de enero de 2017

Un equipo siempre atrevido

Cuando Roger Schmidt llegó a la ribera del Rin tras su éxito en el mediático Red Bull Salzburgo, todos sabían quién llegaba. El Bayer Leverkusen estaba enlazando temporadas en los puestos altos de la Bundesliga, clasificando casi siempre para la Champions League. No es que necesitaran imperiosamente un cambio de rumbo. Pero así pensaría la directiva cuando llamó al técnico alemán, y no precisamente para mal. Además de los buenos resultados, querían que el equipo tuviera una identidad de juego reconocible. Una identidad que Schmidt ya había conseguido implantar en un equipo teóricamente inferior. Y casi dos años después, podemos decir que la tienen.

El Bayer Leverkusen volvía del parón invernal con retos de altura por delante. Por encima de todo, el club apuntaba a la clasificación para la máxima competición internacional de forma directa. El equipo había accedido a la fase eliminatoria de la Europa League y afrontaba la competición con mucha ilusión, al igual que la DFB Pokal, pero la Bundesliga era la prioridad. Y llegaban con serias opciones a esta fase de la temporada gracias a su juego atrevido y ofensivo.

Las líneas adelantadas y el pressing alto eran el sello del conjunto de Leverkusen. Organizados sobre la base de un 4-4-2 adelantado, con Chicharito y Kießling como referencias, el equipo planteaba un fútbol agresivo que dejaba muchos metros a sus espaldas, pero que les funcionaba bien en términos generales. Gran parte de la culpa la tenía el jovencísimo Jonathan Tah, que a sus diecinueve años asumió sus galones en la zaga junto a Omer Toprak, y su velocidad permitía al equipo sufrir menos en esos espacios. Por delante, otro joven como Christoph Kramer era el centrocampista que sostenía al equipo en transiciones tanto ofensivas, como sobre todo defensivas.

Con esa base defensiva, el equipo desplegaba el plan de su maestro convencido de sus posibilidades. Pero si hablábamos de la importancia de esos jugadores en defensa, también hay que hablar de otros más arriba que aportaban lo mismo o más, como Hakan Çalhanoglu. Escorado a la banda izquierda, la calidad de su diestra suponía una amenaza doble tanto en ataque como a balón parado, y su capacidad para centrar el juego y atraer rivales estaba perfectamente complementada por la verticalidad de Karim Bellarabi en banda derecha. Si a esto le sumamos dos laterales ofensivos y un equipo diseñado para acumular hombres arriba, nadie podía dudar del carácter atrevido del equipo alemán.


Pero si había un gran beneficiado de todo este sistema, ése era el delantero mexicano Javier Hernández. Bajo el plan de Roger Schmidt, el Chicharito estaba gran parte del tiempo en su zona de mayor influencia: el área. Así, viviendo cerca de los últimos metros, con un hombre más físico a su lado como Kießling, y su innata capacidad de sacrificio, el mexicano disfrutó de su mejor momento y el equipo se beneficiaba a base de goles. Un equipo que, guiado por su técnico, no tenía miedo al error pese a facilitarlos. Porque aquí escrito, suena muy bonito. Pero hay que ser valiente para jugar al fútbol como lo hacía este Bayer. Un equipo atrevido como pocos.

Artículo publicado en garrinchamagazine.com

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