Cuando salió la alineación del Villarreal en el Santiago Bernabéu,
muchos nos preguntábamos si sería Cheryshev o Castillejo quien acompañara a
Sansone en la doble punta del conjunto castellonense. No parecía un once
propicio para tener dos delanteros, pero había bajas y nadie pensaba en otra
formación que no fuera el 4-4-2. Es la seña de identidad de los amarillos. Pero
en su banquillo había un hombre sensato, con ideas frescas, que aunque sabe
aprovecharlo no pensaba dejarse condicionar por lo que otros hicieron antes que
él para elegir el sistema que más opciones tenía de rascar algún punto en el
feudo blanco.
Fran Escribá no es Marcelino García Toral, y eso pareció
entenderlo todo el mundo para mal cuando el equipo cayó en la previa de la
Champions League. Apenas llevaba días en el cargo, al igual que algunos de los
jugadores que disputaron esa eliminatoria. El resultado frente al Mónaco
difícilmente iba a ser diferente. Ahora, con unas semanas de rodaje a sus
espaldas, parece que muchos van a entender lo que eso supone para bien, con un
equipo que respeta la herencia adquirida pero que no tiene miedo a avanzar en
la ruta que él cree correcta. Por eso anoche, muchos meses después, el
Villarreal no tuvo dos delanteros en la punta de ataque y salió en 4-1-4-1 a
luchar con el Real Madrid. Un partido en el que los blancos no estuvieron muy
acertados, y que nos permitió ver algunos detalles de lo que puede ser el sello
del valenciano a su paso por Villarreal.
La solidez
defensiva, el sello de Marcelino, también se intuyó con el 4-1-4-1
Con un centro del campo formado por Bruno Soriano como pivote y
Manu Trigueros junto a Jonathan Dos Santos en los interiores, el principal
cometido defensivo que siempre persiguen los amarillos se cumplió, dejando la
productividad del Real Madrid bajo mínimos en la parcela central. Gran parte de
la culpa también la tuvo el propio Madrid, con una pareja de atacantes tan desacertada
como previsible, pero todo el juego blanco se desviaba a las bandas y terminaba
en centros al área. Funcionó en la primera mitad, donde Musacchio y Víctor Ruíz
apenas sufrieron con los envíos de Danilo y Marcelo, aunque no tanto en la
segunda, cuando James y Carvajal tomaron las riendas de estos centros y éstos
eran mucho más peligrosos. Más de una bronca se llevó Castillejo por parte de
su capitán, que no podía creer la cantidad de veces que su marca –el
colombiano- tenía dos segundos para demostrar la calidad de su zurda. Pero
podríamos decir que es un problema que también habría estado ahí con el 4-4-2,
así que el cambió no pareció ser negativo en defensa. Con todo lo que eso
significa viniendo el equipo del cerrojo que tenía la temporada pasada.
En ataque, por otro lado, el Villarreal sí desplegó un plan
bastante diferente del que nos tenía acostumbrados, aunque no por ello
irreconocible. Fuimos muchos los que vimos destellos de ese equipo menos de
Marcelino, cuando la posesión no era tan incisiva sino que tenía momentos de
gustarse en el centro del campo. Un equipo que daba más protagonismo a Bruno y
Trigueros que a Sansone y Cheryshev. Que sacrificaba contragolpes –hasta en
exceso- por tener la posesión un minuto más. Un equipo que en su día maravilló
por su estilo, que nunca se fue y que este año tiene piezas para asomar la
cabeza más a menudo si Fran Escribá lo estima conveniente. Porque con Bruno
Soriano en forma puedes jugar así en el estadio que quieras. Y el Bernabéu
tiene algo con los jugadores grandes como él, que les permite brillar.
El cambio de
esquema en el Villarreal tuvo consecuencias positivas y negativas
Tras cada arreón ofensivo del Madrid, el conjunto castellonense
decidía secuestrar la pelota un par de jugadas para frenar la intensidad que
puede adquirir ese estadio si le dejan coger carrerilla. Bruno, Trigueros y Dos
Santos tenían la misión de adueñarse de un centro del campo en el que se
enfrentarían a James Rodríguez, y Mateo Kovacic, jugadores que durante todo el
partido sufrieron para recuperar sus posiciones. Tampoco Toni Kroos es Casemiro
para suplir ese problema, y cuando se lo proponían, los centrocampistas
amarillos no sufrían para mantener la pelota a buen recaudo. Aunque
oportunidades tuvieron muchas, no querían correr. Superaban a los medios y
volvían hacia atrás. En alguna ocasión fue ciertamente desesperante para sus
seguidores, que veían cómo tenían un ataque en igualdad numérica y la falta de
agresividad en la conducción de los interiores les hacía volver hacia atrás.
Corrió una vez Trigueros y Sansone estuvo a un metro de quedarse sólo frente a
Kiko Casilla. Corrió la siguiente jugada Dos Santos y se frenó para dar un pase
treinta metros atrás a su central. No parecían tener prisa o confianza en sus
posibilidades, pero de haberla tenido quién sabe cuánto más habría sufrido la
defensa blanca. No fue casualidad que un robo de Trigueros a Varane, en el que
sí decidió atacar, terminara en el penalti de Sergio Ramos y fuera el 0-1. Si
tan sólo se hubiesen creído la oportunidad que tenían, con ese Real Madrid tan
pasivo atrás…
La realidad terminó siendo la que fue, y Sergio Ramos enmendó su
error con un acierto en un córner para igualar el encuentro. Cheryshev y
Castillejo ocuparon las bandas sin demasiada mordiente arriba, y cuando las
fuerzas empezaban a flaquear tampoco ayudaron demasiado atrás. La decisión de
poner a Sansone como único punta fue un desacierto tanto para él, perdido
durante todo el encuentro, como para el equipo, que nunca supo contactar con
acierto con su punta. Probablemente un nueve como Alexandre Pato desde el
inicio habría dado más sentido al plan castellonense del que ya tuvo,
conectando algún contraataque más. Pero las rotaciones, las bajas, el escenario
y el mes de competición en el que todavía nos encontramos también juegan un
papel. Empatar en el Santiago Bernabéu no está al alcance de muchos.
Encontrarse con un Madrid tan debilitado tampoco le ocurre a demasiados. Ni
unos ni otros tuvieron una actuación que podamos catalogar como brillante. Ni
siquiera como acertada. Pero Fran Escribá propuso detalles propios sobre el
campo y el equipo puntuó en uno de los dos estadios más complicados para el
Villarreal de toda la temporada. Si el técnico necesitaba un empujón anímico,
éste para empezar no está nada mal.
Artículo publicado en garrinchamagazine.com
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