lunes, 2 de enero de 2017

Los detalles de Fran Escribá

Cuando salió la alineación del Villarreal en el Santiago Bernabéu, muchos nos preguntábamos si sería Cheryshev o Castillejo quien acompañara a Sansone en la doble punta del conjunto castellonense. No parecía un once propicio para tener dos delanteros, pero había bajas y nadie pensaba en otra formación que no fuera el 4-4-2. Es la seña de identidad de los amarillos. Pero en su banquillo había un hombre sensato, con ideas frescas, que aunque sabe aprovecharlo no pensaba dejarse condicionar por lo que otros hicieron antes que él para elegir el sistema que más opciones tenía de rascar algún punto en el feudo blanco.

Fran Escribá no es Marcelino García Toral, y eso pareció entenderlo todo el mundo para mal cuando el equipo cayó en la previa de la Champions League. Apenas llevaba días en el cargo, al igual que algunos de los jugadores que disputaron esa eliminatoria. El resultado frente al Mónaco difícilmente iba a ser diferente. Ahora, con unas semanas de rodaje a sus espaldas, parece que muchos van a entender lo que eso supone para bien, con un equipo que respeta la herencia adquirida pero que no tiene miedo a avanzar en la ruta que él cree correcta. Por eso anoche, muchos meses después, el Villarreal no tuvo dos delanteros en la punta de ataque y salió en 4-1-4-1 a luchar con el Real Madrid. Un partido en el que los blancos no estuvieron muy acertados, y que nos permitió ver algunos detalles de lo que puede ser el sello del valenciano a su paso por Villarreal.

            La solidez defensiva, el sello de Marcelino, también se intuyó con el 4-1-4-1

Con un centro del campo formado por Bruno Soriano como pivote y Manu Trigueros junto a Jonathan Dos Santos en los interiores, el principal cometido defensivo que siempre persiguen los amarillos se cumplió, dejando la productividad del Real Madrid bajo mínimos en la parcela central. Gran parte de la culpa también la tuvo el propio Madrid, con una pareja de atacantes tan desacertada como previsible, pero todo el juego blanco se desviaba a las bandas y terminaba en centros al área. Funcionó en la primera mitad, donde Musacchio y Víctor Ruíz apenas sufrieron con los envíos de Danilo y Marcelo, aunque no tanto en la segunda, cuando James y Carvajal tomaron las riendas de estos centros y éstos eran mucho más peligrosos. Más de una bronca se llevó Castillejo por parte de su capitán, que no podía creer la cantidad de veces que su marca –el colombiano- tenía dos segundos para demostrar la calidad de su zurda. Pero podríamos decir que es un problema que también habría estado ahí con el 4-4-2, así que el cambió no pareció ser negativo en defensa. Con todo lo que eso significa viniendo el equipo del cerrojo que tenía la temporada pasada.

En ataque, por otro lado, el Villarreal sí desplegó un plan bastante diferente del que nos tenía acostumbrados, aunque no por ello irreconocible. Fuimos muchos los que vimos destellos de ese equipo menos de Marcelino, cuando la posesión no era tan incisiva sino que tenía momentos de gustarse en el centro del campo. Un equipo que daba más protagonismo a Bruno y Trigueros que a Sansone y Cheryshev. Que sacrificaba contragolpes –hasta en exceso- por tener la posesión un minuto más. Un equipo que en su día maravilló por su estilo, que nunca se fue y que este año tiene piezas para asomar la cabeza más a menudo si Fran Escribá lo estima conveniente. Porque con Bruno Soriano en forma puedes jugar así en el estadio que quieras. Y el Bernabéu tiene algo con los jugadores grandes como él, que les permite brillar.

            El cambio de esquema en el Villarreal tuvo consecuencias positivas y negativas

Tras cada arreón ofensivo del Madrid, el conjunto castellonense decidía secuestrar la pelota un par de jugadas para frenar la intensidad que puede adquirir ese estadio si le dejan coger carrerilla. Bruno, Trigueros y Dos Santos tenían la misión de adueñarse de un centro del campo en el que se enfrentarían a James Rodríguez, y Mateo Kovacic, jugadores que durante todo el partido sufrieron para recuperar sus posiciones. Tampoco Toni Kroos es Casemiro para suplir ese problema, y cuando se lo proponían, los centrocampistas amarillos no sufrían para mantener la pelota a buen recaudo. Aunque oportunidades tuvieron muchas, no querían correr. Superaban a los medios y volvían hacia atrás. En alguna ocasión fue ciertamente desesperante para sus seguidores, que veían cómo tenían un ataque en igualdad numérica y la falta de agresividad en la conducción de los interiores les hacía volver hacia atrás. Corrió una vez Trigueros y Sansone estuvo a un metro de quedarse sólo frente a Kiko Casilla. Corrió la siguiente jugada Dos Santos y se frenó para dar un pase treinta metros atrás a su central. No parecían tener prisa o confianza en sus posibilidades, pero de haberla tenido quién sabe cuánto más habría sufrido la defensa blanca. No fue casualidad que un robo de Trigueros a Varane, en el que sí decidió atacar, terminara en el penalti de Sergio Ramos y fuera el 0-1. Si tan sólo se hubiesen creído la oportunidad que tenían, con ese Real Madrid tan pasivo atrás…


La realidad terminó siendo la que fue, y Sergio Ramos enmendó su error con un acierto en un córner para igualar el encuentro. Cheryshev y Castillejo ocuparon las bandas sin demasiada mordiente arriba, y cuando las fuerzas empezaban a flaquear tampoco ayudaron demasiado atrás. La decisión de poner a Sansone como único punta fue un desacierto tanto para él, perdido durante todo el encuentro, como para el equipo, que nunca supo contactar con acierto con su punta. Probablemente un nueve como Alexandre Pato desde el inicio habría dado más sentido al plan castellonense del que ya tuvo, conectando algún contraataque más. Pero las rotaciones, las bajas, el escenario y el mes de competición en el que todavía nos encontramos también juegan un papel. Empatar en el Santiago Bernabéu no está al alcance de muchos. Encontrarse con un Madrid tan debilitado tampoco le ocurre a demasiados. Ni unos ni otros tuvieron una actuación que podamos catalogar como brillante. Ni siquiera como acertada. Pero Fran Escribá propuso detalles propios sobre el campo y el equipo puntuó en uno de los dos estadios más complicados para el Villarreal de toda la temporada. Si el técnico necesitaba un empujón anímico, éste para empezar no está nada mal.

Artículo publicado en garrinchamagazine.com

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