lunes, 2 de enero de 2017

Un Submarino sin fisuras

Probablemente, si le preguntáramos a cualquier seguidor del Submarino Amarillo a principios de temporada qué esperaba del equipo, muy pocos acertarían. Si bien su estilo se había matizado en los años de Marcelino, el Villarreal siempre se ha definido desde el balón y la calidad de la posesión. Así es cómo se había forjado un nombre en Europa, y había crecido como entidad futbolística: por sus parejas de delanteros y su buen trato del esférico. Pero en la temporada 2015/16, su técnico decidió apostar por su mayor valor como profesional y ser, por encima de todo, competitivos. Una apuesta que no ha traído bellas noches de fútbol combinativo al Madrigal, sino grandes partidos que a base de una defensa sólida y una verticalidad eléctrica les acercaron a los títulos como hace mucho que no conseguían.

Para conseguir esa solidez defensiva, el técnico asturiano definió un bloque bajo en el terreno de juego liderado por su pareja de centrales. Tanto Mateo Musacchio como, especialmente, Víctor Ruíz han cuajado su mejor temporada sosteniendo al equipo en defensa, y protegidos por el planteamiento del equipo han sido capaces de cubrir mejor su área de los ataques rivales. Pero no estaban solos. La solidez aérea de Alphonse Aréola, la constancia de la banda derecha formada por Jonathan Dos Santos y Mario Gaspar, o la jerarquía de Bruno Soriano han sido grandes activos defensivos. Aunque reducir al capitán al calificativo de “activo defensivo” sería denunciable. Bruno era el Villarreal y el Villarreal era Bruno. Desde su posición central, organizaba tanto la presión retrasada como los contraataques, y su influencia fue tal que sin él sería difícilmente explicable la presencia del equipo en Anfield para intentar acceder a su primera final europea. Aunque finalmente no lo lograran.

El complemento perfecto a este entramado defensivo fueron dos descubrimientos estelares. Una nueva pareja de atacantes que enamoró a los aficionados por su calidad y su efectividad, dando al equipo una escapatoria ofensiva en todo momento. El primero de ellos, Cedric Bakambu, llegaba de Turquía con mejores sensaciones que cifras, pero sus desmarques y su pegada enseguida convencieron a los más agnósticos. Y el segundo, Roberto Soldado, deslumbró en una faceta anteriormente desconocida en él, asistiendo y dando toques de mucha calidad fuera del área. Una dupla aderezada con un Denis Suárez muy participativo y vertical en la banda izquierda, y que protagonizaron un fútbol vertiginoso pero efectivo.

Éstos fueron los protagonistas de un equipo que terminó el mes de abril venciendo por 1-0 al Liverpool de Jurgen Klopp en la ida de las semifinales de la Europa League. En Liga también dejó su sello venciendo a equipos como Real Madrid o Atlético. Pero sobre todo, este último Villarreal de Marcelino fue un equipo de autor. Un bloque extremadamente rocoso atrás, que pocos rivales pudieron superar, y que aumentó el techo competitivo del conjunto hasta cuotas cercanas al ansiado título que persiguen. De no ser por Anfield, quién sabe qué habría ocurrido después.


Artículo publicado en garrinchamagazine.com 

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