La Eurocopa de Francia era un evento muy esperado en Bélgica. La
que podría ser la mejor generación futbolística del país iba a llegar en un
momento óptimo de madurez, tanto grupal como futbolística, para ser un
candidato real al título en casa del eterno enemigo. Por eso dolió tanto su
eliminación a manos de una selección teóricamente inferior como Gales. Un
resultado que tuvo muchos culpables, pero un protagonista unánime: Marc
Wilmots. De mutuo acuerdo, la Federación Belga y él decidieron que había
llegado el momento de cambiar ante el mal juego y la sensación de que había
potencial para más. Había que ser exquisitos con su sucesor. No valdría
cualquiera. El elegido fue Roberto Martínez, y junto a Thierry Henry está
empeñado en probar todo lo que se le ocurra para que el equipo despliegue un
juego acorde a su potencial.
Los primeros cambios de la selección que manejaba el técnico belga
respecto del español se enfocaron a la salida de balón. Tanto creando nuevos
automatismos como apostando por laterales puros en lugar de centrales, Roberto
Martínez empezó la casa por los cimientos construyendo una base más sólida
sobre la que el equipo pudiera crecer hacia delante. Tener arriba a Eden Hazard
o Kevin de Bruyne te permite poder centrarte en el tercio defensivo sin perder
competitividad. Y para ello, son muchas las pruebas que ha ido haciendo a lo
largo de los partidos que lleva al cargo.
En un primer momento, el ex-entrenador del Everton decidió probar con
una defensa de cuatro que consolidara a Thomas Meunier en el lateral derecho.
Era un sistema continuista, donde solamente introdujo ciertos mecanismos en la
salida del balón y a Jordan Lukaku en el lateral izquierdo. Pero aunque los
resultados no fueron malos, posteriores partidos dejaron claro que este sistema
fue más bien un paso intermedio a la verdadera apuesta del técnico. Una forma
de introducir su idea de manera paulatina, que culminó en la gran novedad hasta
el momento: la defensa de tres.
Bien pensado, el 3-4-3 que ha utilizado Bélgica en más de un
encuentro tiene bastante sentido. Una selección que por ahora no tiene
demasiados laterales de primer nivel, pero que no para de producir centrales.
Un sistema que permite tener a tu estrella principal centrada en su mejor rol.
Sobre el papel, el esquema escogido por Bobby Martínez parece tener argumentos
para funcionar.
Como decíamos, el esquema de tres centrales ha permitido alinear a
los defensas en sus posiciones naturales y liberar a Eden Hazard de parte de la
carga defensiva. Es decir, al igual que le ocurre en el Chelsea, el hecho de
contar con un carrilero y un central izquierdo en su sector permite que el
extremo pese más en el ataque del conjunto belga. Y equipos como Hungría,
Estonia o Gibraltar dan fe de que eso es una mala noticia para los rivales.
Las pruebas hasta la fecha demuestran que hay
motivos para confiar en este equipo. Con las dudas de la posición que mejor le
siente a Kevin de Bruyne y el hecho de reducir a Yannick Ferreira-Carrasco al
puesto de carrilero, los resultados respaldan la apuesta. Porque si algo está
haciendo el técnico es probar cosas para que Bélgica sea lo que puede ser. Y
pronto los Diablos de Bobby darán que hablar.
Artículo publicado en garrinchamagazine.com
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