lunes, 2 de enero de 2017

Los Diablos de Bobby

La Eurocopa de Francia era un evento muy esperado en Bélgica. La que podría ser la mejor generación futbolística del país iba a llegar en un momento óptimo de madurez, tanto grupal como futbolística, para ser un candidato real al título en casa del eterno enemigo. Por eso dolió tanto su eliminación a manos de una selección teóricamente inferior como Gales. Un resultado que tuvo muchos culpables, pero un protagonista unánime: Marc Wilmots. De mutuo acuerdo, la Federación Belga y él decidieron que había llegado el momento de cambiar ante el mal juego y la sensación de que había potencial para más. Había que ser exquisitos con su sucesor. No valdría cualquiera. El elegido fue Roberto Martínez, y junto a Thierry Henry está empeñado en probar todo lo que se le ocurra para que el equipo despliegue un juego acorde a su potencial.

Los primeros cambios de la selección que manejaba el técnico belga respecto del español se enfocaron a la salida de balón. Tanto creando nuevos automatismos como apostando por laterales puros en lugar de centrales, Roberto Martínez empezó la casa por los cimientos construyendo una base más sólida sobre la que el equipo pudiera crecer hacia delante. Tener arriba a Eden Hazard o Kevin de Bruyne te permite poder centrarte en el tercio defensivo sin perder competitividad. Y para ello, son muchas las pruebas que ha ido haciendo a lo largo de los partidos que lleva al cargo.

En un primer momento, el ex-entrenador del Everton decidió probar con una defensa de cuatro que consolidara a Thomas Meunier en el lateral derecho. Era un sistema continuista, donde solamente introdujo ciertos mecanismos en la salida del balón y a Jordan Lukaku en el lateral izquierdo. Pero aunque los resultados no fueron malos, posteriores partidos dejaron claro que este sistema fue más bien un paso intermedio a la verdadera apuesta del técnico. Una forma de introducir su idea de manera paulatina, que culminó en la gran novedad hasta el momento: la defensa de tres.

Bien pensado, el 3-4-3 que ha utilizado Bélgica en más de un encuentro tiene bastante sentido. Una selección que por ahora no tiene demasiados laterales de primer nivel, pero que no para de producir centrales. Un sistema que permite tener a tu estrella principal centrada en su mejor rol. Sobre el papel, el esquema escogido por Bobby Martínez parece tener argumentos para funcionar.

Como decíamos, el esquema de tres centrales ha permitido alinear a los defensas en sus posiciones naturales y liberar a Eden Hazard de parte de la carga defensiva. Es decir, al igual que le ocurre en el Chelsea, el hecho de contar con un carrilero y un central izquierdo en su sector permite que el extremo pese más en el ataque del conjunto belga. Y equipos como Hungría, Estonia o Gibraltar dan fe de que eso es una mala noticia para los rivales.

Las pruebas hasta la fecha demuestran que hay motivos para confiar en este equipo. Con las dudas de la posición que mejor le siente a Kevin de Bruyne y el hecho de reducir a Yannick Ferreira-Carrasco al puesto de carrilero, los resultados respaldan la apuesta. Porque si algo está haciendo el técnico es probar cosas para que Bélgica sea lo que puede ser. Y pronto los Diablos de Bobby darán que hablar.

Artículo publicado en garrinchamagazine.com

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