miércoles, 18 de marzo de 2015

Alan Pardew, el hombre de los 100 millones de libras


Siete victorias, un empate y cuatro derrotas. Señoras y señores, les presento los números del Crystal Palace desde la llegada de su salvador el 3 de enero de 2015: Alan Pardew. Vistos en frío tal vez no les sorprendan demasiado, pero si les digo que antes de su llegada los eagles no habían conseguido nada más que tres victorias y veinte puntos en otros tantos encuentros de la Premier, ¿cambiaría vuestra opinión? Está bien, sé que sois muy exigentes así que echaré el resto: sumad 100 millones de libras a la operación. El Efecto Pardew.

Cuando termina tu carrera como futbolista, no son pocos los que tardan apenas segundos en tomar la decisión de probar suerte como entrenador, y si va bien, de hacerlo en el club de tus amores. Pero como el Pipo Inzaghi o Seedorf bien sabrán, no sólo de pasión viven los entrenadores, sino que necesitas muchos conocimientos que tal vez no poseías.  Te puede llevar más o menos tiempo. Puedes tener la suerte de ser un Guardiola o tal vez necesites pasar antes por algún equipo como Simeone, pero si de verdad deseas poner a tu equipo en el lugar que se merece desde los banquillos, nada te lo impedirá. Así es como, en estas pasadas navidades, Alan Pardew decidió dejar de ser el entrenador del Newcastle para aceptar la oferta del club de su vida –junto al Charlton Athletic, al que también entrenó durante dos años-: un Crystal Palace que no atravesaba su mejor momento.

El reto no era fácil, pero el ya nombrado Efecto Pardew no dejó indiferente a nadie. Tal y como aterrizó en el club de Londres, el Crystal Palace consiguió contra todo pronóstico encadenar nada menos que cuatro victorias consecutivas entre FA Cup y Premier League, en lugares tan complicados como el St. Mary’s Stadium, donde venció al Southampton por 2-3, pero el Everton de Roberto Martínez consiguió cortar su racha al vencerles a domicilio. No obstante, al contrario que en el primer tramo de la temporada, la derrota no hundió al equipo, que siguió jugando a un grandísimo nivel y que sólo pudieron superar un Liverpool todavía más en forma, el Arsenal del mejor Giroud de su carrera, y el Southampton de un Koeman que no cae dos veces en la misma trampa.

El resultado es el de haber jugado un decente papel en la FA Cup, un doceavo puesto en liga que les permite respirar a ocho puntos del descenso, y un despliegue sobre el terreno de juego que ha ilusionado a la afición. Casi nada para haberlos cogido en descenso. Pero el destino, que tiene estos caprichos, le tenía guardada una sorpresa a los aficionados de los eagles.

Como el que premia el buen hacer de una persona, la brillante actuación de los de Pardew no ha pasado inadvertida a los ojos del mundo del fútbol, y los inversores Josh Harris y David Blitzer parecen estar a punto de cerrar el acuerdo para la compra del club londinense. Desde verano, los ya dueños de Philadelphia 76ers (NBA) y los New Jersey Devils (NHL) han decidido expandir sus inversiones al mundo del fútbol, y en su búsqueda del lugar ideal para la misma se han encontrado con un equipo a las afueras de la capital británica con el potencial necesario para rentabilizarla. Su propuesta ronda los 100 millones de libras, una remodelación de Selhust Park, y el apoyo incondicional al equipo de Pardew. Además, el ahora presidente, Steve Parish, no sería destituido sino que trabajaría en el día a día del equipo, dejando las funciones más organizativas en manos de los nuevos inversores. Y lo más importante para la afición: están decididos en darle a Pardew los jugadores que necesite en el próximo mercado de fichajes.


Quién sabe qué habría ocurrido si el equipo hubiese seguido con la racha de malos resultados que asolaba a los eagles bajo las órdenes de Neil Warnock. La negociación de la compra del club había comenzado a inicios de esta temporada, pero las estrictas normas que la Premier tiene para este tipo de operaciones han hecho que el cierre de la operación no se haya podido completar ni a la fecha de publicación de este artículo. De finalmente producirse, gran parte de culpa será del técnico de Wimbledon, porque ya se sabe como son los negocios. Hasta que no se hace la última firma no puedes dar nada por cerrado, y si en el momento de la decisión final tu inversión tiene más pinta de Championship que de Premier, puede que te lo pienses y te lleves tu dinero a otro lado. Pero para eso está Alan aquí, para que todo esté bajo control y poner a su Crystal Palace en el lugar que se merece.

Artículo publicado en yosedelapremier.com

martes, 17 de marzo de 2015

La recuperación del Liverpool



Anfield Road, mediados de agosto de 2014. Una nueva temporada echaba a rodar en la orilla del Mersey, ansioso por ver a sus chicos volver a jugar la Premier. La habían rozado con los dedos, y a pesar de la melancolía final por el tropiezo, el ambiente creado tanto por el club como por la afición daba la sensación de que se habían montado en un tren del que no se querían bajar. Liverpool quería volver a ser el gigante inglés que siempre había sido, y lo quería demostrar en Inglaterra y en Europa –con una flamante clasificación a la Champions League-, pero resultó que el listón estaba tan alto que se dieron con él de narices.

La marcha del probablemente mejor jugador que ha vestido la elástica red en los últimos tiempos –Luis Suárez-, a la larga resultó imposible de compensar por una directiva que se esforzó sobremanera para aprovechar el dinero que dejó en las arcas del club, y construir con él las bases de un equipo fuerte y de futuro. Lovren, Manquillo, Alberto Moreno, o Markovic probaban la intención de formar una plantilla joven, a la par que Balotelli y Lambert suponían el reemplazo más inmediato del charrúa, aunque sin encajar en el perfil. La realidad fue que el equipo que había maravillado en la pasada edición de la Premier, aún con el mismo entrenador, no había conseguido reponer las piezas que necesitaba, sino que trajo jugadores individualmente buenos que tal vez no encajaban tanto en la idea colectiva de juego.

Trágicamente para los intereses de Anfield, nadie supo reemplazar a Luis Suárez, y cuando Sturridge se lesionó, el equipo dejó de tener argumentos de peso para poder ganar los partidos. Tampoco Gerrard estaba en su mejor momento, y las piezas nuevas no terminaban de encajar en ese 4-3-3 que definió Rodgers sobre el terreno de juego. El resultado fue el de tirar la Premier a las primeras de cambio, caer en la fase de grupos de la Champions League, y desplegar un juego que desquiciaba a una afición más melancólica si cabe. El bloqueo era absoluto.

Sterling de falso nueve, Gerrard de mediapunta, Lambert con Balotelli arriba, sentar a Mignolet,… El bueno de Brendan ya no sabía qué pruebas hacer ni qué caras poner al ver que ninguna le daba resultados. Tocó mil y una teclas, pero el reto parecía una sinfonía infernal que le terminaría costando el puesto… hasta que la encontró. Y vaya si la encontró.

Desde que Brendan cambiara su 4-3-3 por un 3-4-3, el Liverpool ha dado un salto de juego y de resultados tal, que le colocan como el segundo mejor equipo de las cinco grandes ligas en puntos por partido en 2015 (2,5), sólo por detrás del Wolfsburgo (2,67), con un exquisito balance de seis victorias y dos empates. El propio Mourinho afirmó en una rueda de prensa que pese al mal comienzo de los reds, habían conseguido remontar el vuelo siendo ahora un equipo muy difícil de batir.

Los buenos resultados del esquema se deben, en gran medida, a la enorme adaptación a las características de los jugadores que lo componen. Emre Can está dando auténticos recitales con su salida de balón en el puesto de central derecho –lugar en el que ya lo puso Pep Guardiola en el Bayern-, sin desentonar tampoco en las tareas defensivas. El ex del Benfica, Lazar Marković, ha sorprendido a todos con su rendimiento como carrilero derecho, y Henderson-Allen está demostrando ser una gran pareja de mediocentros para sostener este sistema. Incluso han recuperado a Sturridge –al que tanto necesitaban- y hombres como Alberto Moreno o Coutinho están en un momento de forma sensacional.

Pero si esto no os convence aún, ahí tenéis unos datos que lo harán. Antes del Boxing Day -26 de diciembre-, el Liverpool promediaba 1,3 puntos por partido, metía 1,2 goles por encuentro, y encajaba 1,4. Con una simple operación lógica, veréis que si metes 1,2 goles y te meten 1,4 por partido, bien no lo estás haciendo. Pero tras el día del fútbol británico por excelencia, el Liverpool ha cambiado su dinámica para conseguir 2,6 puntos por partido, meter 1,9 goles por partido y encajar tan solo 0,6. Han duplicado los puntos, y reducido los goles encajados a la mitad. Bárbaro.


El Liverpool ya sabe a qué juega, y aunque el Besiktas haya conseguido eliminarles de la Europa League tras la tanda de penaltis, las sensaciones que se viven ahora en Anfield son bien distintas. Ya lo han sufrido equipos como el Manchester City o el Tottenham, y con unos objetivos más definidos, los reds están preparados para dar guerra a quien se les ponga por el camino, y volver a la Champions y conquistar la FA Cup. Argumentos, desde luego, ahora no les faltan.

Artículo publicado en yosedelapremier.com

lunes, 16 de marzo de 2015

El MK Dons, dando la nota desde 1990

El Alcorcón en 2009, el Mirandés en 2011, el Millwall en 2012,… Todos los años hay un par de equipos que, gracias a las competiciones coperas, dan la sorpresa y clavan su nombre en el corazón del panorama futbolístico aunque sea por unas semanas. Con ese espíritu de quien se siente David contra Goliat, se empeñan en demostrarnos que si se le da una oportunidad al fútbol, en muchas ocasiones los presupuestos están de más y la única regla que importa es que gana el que más goles mete, como hicieran Bradford o MK Dons esta campaña. Así que lejos de entrar en el sempiterno debate de por qué en Inglaterra se dan estos casos con mayor frecuencia, que no es el objeto de este artículo, os voy a contar la historia del equipo que levantó las vergüenzas al equipo de Van Gaal: el Milton Keynes Dons.

Curiosamente, el MK Dons es un equipo muy joven, ya que como tal no existió hasta junio de 2004, cuando el promotor de música Pete Winkelman decidió unilateralmente cambiarle el nombre al Wimbledon FC por el de su ciudad natal, Milton Keynes, pero todo comenzó unos años atrás. A finales de los 90, el trabajador de la CBS decidió remodelar unas instalaciones deportivas que había en Milton Keynes para poder así reunir los requisitos FIFA y tener un equipo de fútbol en su ciudad. Por supuesto, crear uno de la nada iba a costarle demasiado tiempo en cuestión de ascensos, así que con esta idea en mente varios clubes cercanos se acercaron a Winkelman para remodelar sus estadios, pero sin éxito. Y ahí apareció el Wimbledon FC.

El equipo del sur de Londres tenía la necesidad de cambiar su estadio y problemas financieros, y finalmente fue el elegido para utilizar estas nuevas instalaciones, no sin causar un tremendo revuelo entre sus aficionados, que boicotearon numerosos partidos para mostrar su desconformidad. No es para menos: el equipo de su ciudad se trasladaba a nada menos que 90 kilómetros de distancia de su afición. Con todo, el equipo entró administración financiera en 2003 con una deuda de 20 millones de libras esterlinas, y un fondo gestionado por el propio Winkelman compró el equipo y saldó la deuda en su totalidad. Así que Pete ya había conseguido lo que quería: tenía su propio equipo y se encontraba apenas a unas calles de su estudio de música, en su ciudad natal. Y el verano de 2004 fue el elegido para dar los retoques definitivos.

Pese al discurso con el que llegó al equipo tras sacarlo de la quiebra, en el que defendió su integridad y prometió que cualquier cambio importante se sometería a votación con los aficionados, Winkelman, ya en calidad de dueño del club, decidió cambiarle el nombre de Wimbledon F.C. al que hoy en día conocemos, Milton Keynes Dons F.C., cambiando con él su equipación y escudo. No parecía que fuese a ser el mejor comienzo para un equipo tras todo lo ocurrido, pero el caso es que, tal vez por sanear sus cuentas, la afición decidió no ser tan agresiva en esta ocasión con sus decisiones, y en poco tiempo el fútbol volvió a reinar en el ambiente.

Poco a poco, el equipo fue creciendo tanto en juego como en resultados, y dos años después de descender a la Football League Two en 2006, consiguieron ganar la liga para volver a la League One, donde han permanecido hasta la fecha. Además, en 2008 ganaron la Johnstone’s Paint Trophy –copa inglesa en la que participan los equipos de League One y League Two-, que en su día consiguieron equipos como el Swansea o el Southampton. Y como colofón, este año consiguieron el archiconocido 4-0 frente al Manchester United de Van Gaal en la Capital One Cup, aunque cayeron en octavos de final contra el Sheffield United tras eliminar también al Bradford –efectivamente, el que ganó en Stamford Bridge- en dieciseisavos.


Tras la tormenta, viene la calma, y parece que pocos años después de su turbulento comienzo, el MK Dons puede conseguir el ascenso esta temporada, y plantarse con apenas doce añitos de vida en el Championship inglés. A falta de unas cuantas jornadas, son segundos con 59 puntos en 31 partidos, y todo parece indicar que lucharan hasta el final por el ascenso directo con Swindon, Preston y Bristol City. Con más o menos popularidad, Pete se ha vuelto a hacer con la suya.

Artículo publicado en dlgrada.es

Ranko, con R de Riesgo

Un punto de los últimos doce, y una rueda de prensa en la que eres el único que piensa que tu equipo ha jugado bien. Si la directiva de tu equipo no está contigo, ten por seguro que han encontrado la excusa perfecta para que pases a ser historia en el club, y eso es lo que le ha pasado a Víctor Muñoz. Hace apenas dos días, el entrenador aragonés fue despedido de la disciplina del Real Zaragoza, y en cuestión de horas era anunciado su sustituto para sorpresa de todos: Ranko Popovic.

Sin saber los motivos, cuesta imaginar por qué la directiva del club maño ha decidido esta contratación y no otras con el abanico de entrenadores en paro actual. Desde luego, el nombre de Popovic no es el primero que le viene a uno a la mente cuando decide cambiar de entrenador, y menos, en teoría, a una directiva que acaba de llegar al fútbol y al club esta temporada. Tampoco es un entrenador que conozca la categoría, que esté ligado históricamente con el club o que brille por su trayectoria en los banquillos. Vamos, que ni el propio Google parecía saber decirme algo útil sobre él. Además, decidir apostar por Popovic, contactar con él, y llegar a un acuerdo tampoco sugiere que sea una decisión de última hora, sino algo premeditado.

Sintiéndolo mucho, poco o nada podemos aclararos sobre el por qué de su elección hasta que la directiva lo explique. Se trata de una decisión que, en un ambiente tan hostil para las directivas como es el Real Zaragoza post-Agapito, es doblemente arriesgada y que ya desde el inicio no ha dejado indiferente a nadie, predominando el escepticismo ante una nueva directiva incompetente. Pero los riesgos son lo que tienen, y si finalmente Popovic consigue ascender al equipo todo serán flores para quienes apostaron por él.

Así que hablemos de Ranko. Como ya se ha dicho en las noticias, Ranko Popovic es un ex-jugador serbio que aún no tiene demasiada experiencia en los banquillos. Tras entrenar equipos a nivel regional en Austria y Serbia, Ranko se marchó a Japón a seguir ejerciendo como técnico, destacando su paso por el Tokyo FC y el Cerezo Osaka, de la primera división japonesa. Por si os lo preguntáis, sí. El Cerezo Osaka de Diego Forlán.

Tanto en el primero como en el segundo, Ranko formaba con un clásico 1-4-2-3-1, en el que los laterales tienen bastante protagonismo en ataque permitiendo sus constantes subidas para crear superioridad en banda. Un centrocampista de contención y otro más creativo, junto a la movilidad de los tres mediapuntas por dentro, son los argumentos del serbio para basar su juego en el toque y en la profundidad por bandas. Pero su mayor debilidad está en el aspecto defensivo, ya que si bien consiguió mejorar bastante a varios de los defensas del Tokyo FC convirtiéndolos en internacionales, su estilo de juego hace que el equipo se vuelque mucho en ataque y las pérdidas sean más difíciles de corregir en las transiciones defensivas.

El propio técnico se ha encargado de dejarlo claro en su primera entrevista tras conocerse la contratación. “Me gusta tener el dominio total, controlar el partido, tener la posesión y ser efectivo” dijo al ser preguntado por su estilo de juego. Y a quién no Ranko. El caso es que el flojo nivel de la liga japonesa no avala su trabajo, y menos cuando tampoco es que haya deslumbrado con su juego ni en Tokyo ni en Osaka. Pero pese a ello, su esquema puede encajar perfectamente con el equipo maño, en el que tiene jugadores para poder implementarlo correctamente, y tal vez con un ritmo de juego más elevado que en Japón, Ranko pueda sorprender a más de uno.


En el fútbol, como en la vida, el que no arriesga no gana, y está claro que tanto directiva como entrenador han decidido arriesgar. Ahora, convertir todo el escepticismo sobre su llegada en aplausos está en sus manos, y si consigue que los Bastón, Willian José y Dorca pulan su idea de juego a base de intensidad, no dudes Ranko que la Romareda es una plaza perfecta para hacerte un hueco en el fútbol de primer nivel.

Artículo publicado en dlgrada.es