Entrenadores,
jugadores, directivos, aficionados,… Da igual quién seas en el mundo del
fútbol. Todos queremos escuchar la misma canción sonando en la megafonía de
nuestro estadio: el himno de la Champions League. Pero, ¿de dónde surgieron los
acordes con los que todos soñamos? ¿Tendrá una historia conforme a su
trascendencia?
El himno de la máxima
competición europea tiene su base en una
de las obras más conocidas del compositor alemán Georg Friedrich Händel, llamada
Zadok The Priest (Zadok el cura).
El tema fue compuesto en 1727 con motivo de la coronación del Rey Jorge II de
Gran Bretaña, y sonó durante la celebración de la misma en la Abadía de
Westminster. Tras ello, el himno ha sido usado en bodas reales, coronaciones e
incontables películas y obras de teatro. Pero, como hemos dicho, este tema sólo
es la base del himno que todos conocemos, y de hecho si lo escucháis
difícilmente podréis encontrar algún símil entre lo que estáis escuchando y lo
que esperabais oír. Del resto del trabajo de creación y composición tiene la
culpa un británico.
En el otoño de 1992,
con las olimpiadas de Barcelona aún en la retina de todos, el equipo de Marketing de la UEFA se puso en contacto con el productor
y compositor Tony Britten para que elaborase un tema que sirviera como himno a
la Champions League, la máxima competición europea del fútbol. Le dijeron
que lo que buscaban era algo clásico, que representara el nivel y la clase del
torneo, y que no querían ningún solo, así que el Sr. Britten les envió varios temas
corales ya existentes y ellos le respondieron que el que les gustaba era Zadok
The Priest, del que ya hemos hablado. Así, sin más preámbulos, el compositor se
puso manos a la obra, y tras dotar a la obra de Händel de otra voz y diferentes
sonidos, el himno estaba listo para ser interpretado
por la Orquesta Filarmónica Real de Londres y cantado por el Coro de la
Academia de St. Martin.
El resultado lo
conocemos todos. Una obra que introduce cada resumen de la máxima competición
europea en televisión, cada charla radiofónica sobre el mejor fútbol de Europa,
pero sobre todo, una obra que introduce cada partido de la Champions League en
el mismo césped del estadio.
Curiosamente, al ser
entrevistado hace un año, el propio Tony
Britten reconoce que en su momento no fue consciente de la magnitud que iba a
alcanzar su obra. Para él, se trataba de un trabajo más, al que
evidentemente dedicó mucho trabajo e ilusión por ser la propia UEFA la que se
dirigiera a él para componerlo, pero ni por asomo se imaginaba que se iba a
ganar un hueco en la historia del fútbol.
Y puede que ahí
resida una gran verdad sobre la esencia de la Champions League. Una competición
consolidada como la más grande del fútbol de clubes, y que para conseguir
conquistar requiere del trabajo humilde y absoluto de aquellos que
verdaderamente la componen: los jugadores y sus equipos.
Artículo publicado en dlgrada.es
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