jueves, 12 de marzo de 2015

Señales de alerta en la gestión de la Premier

Stamford Bridge, Emirates Stadium, White Hart Lane,… Si por cantidad fuera, Londres sería sin lugar a dudas la capital del fútbol mundial. Hace apenas unos días, tuve el honor de poder visitar la capital del Reino Unido en plena euforia prenavideña, y como buen amante del fútbol, pensé en aprovechar para disfrutar de la Premier en primera persona. El objetivo estaba claro: conseguir una entrada para cualquier partido de la Premier.  Y como en Londres el fútbol nunca descansa, durante la jornada de mi estancia Chelsea, Crystal Palace y Arsenal me daban la oportunidad de visitar sus respectivos feudos. Ahí fue cuando empezó la aventura.

Que los estadios ingleses son los que mayor asistencia de público tienen es de sobra conocido por todos. Hasta un 97% de media se llegaron a llenar el año pasado según un estudio, superando tanto a Calcio como a la Liga, e incluso a la todopoderosa Bundesliga, y si lo consiguieron fue, en gran medida, gracias a su sistema de venta de entradas. Desde el momento en que la Premier anuncia el calendario oficial de la temporada, tanto los días como los horarios de todos los partidos son públicos tanto para equipos como aficionados, así que los clubes pueden organizarse para poner a la venta las entradas de todos ellos en ese mismo instante. Si a ello se le suma los –cada vez menos- moderados precios y el alto número de abonados, el resultado es una asistencia espléndida, sólo culminada por el espíritu del aficionado inglés que siempre va a apoyar a su equipo al estadio.

Pero este sistema tiene un gran fallo, no a nivel de asistencia final, sino de accesibilidad a los partidos, y ahí es donde entra mi historia. Con esta organización que os acabo de describir, os podréis imaginar que el nivel de sold outs que nos podemos encontrar a principios de temporada escapa a toda lógica, por no hablar a mediados de diciembre. Encontrar una entrada a tres semanas de un Liverpool-Everton, un Arsenal-City, o sin ir más lejos, del Chelsea-Hull de esta jornada, es prácticamente misión imposible. Y como en todos lados, muchos han visto negocio en este sistema. Desde el día en que salen a la venta, miles de personas acuden en masa a comprar las entradas de toda la temporada para verlo, regalarlas, o en la mayoría de los casos, revenderlas después a quienes tengan el problema que os acabo de contar. Después se organizan a las puertas de los estadios en las horas y días previos a los encuentros, y en páginas web, en las que inflan los precios al ser el único modo de conseguir entrar al estadio. Desde luego, este no es un problema exclusivo de la Premier, pero su modelo basado en tener todas disponibles desde el día uno no ayuda.

Y en éstas me encontraba yo. Buscando con mucha antelación una entrada para un partido en Londres a un precio normal, pero no había manera. Hasta para el Fulham vi que eran demasiado caras, siendo un equipo de Championship inglesa. En esos momentos eché de menos un Coliseum Alfonso Pérez, que no llega a un 75% ni contra el Barcelona, pero esa no es la cuestión. Un club no va a renunciar a vender entradas por que sean más accesibles para extranjeros, o decisiones de más corto plazo, ni falta que hace. Además, la reventa no parece ser un problema para la Premier, ya que en Internet es algo natural para todos los partidos y, por experiencia propia, en los alrededores de los estadios tampoco cuesta nada encontrar a alguien que te venda una entrada un día antes  para el partido. Pero lo que sí es un problema es el dinero, y la imagen que eso da de cara al exterior. Costaría muy poco una medida tan simple como dejar un 1% de las entradas en venta, o incluso menos, para el fin de semana del choque. Que aquellos que de verdad quieran ver el partido, aunque tengan que aguantar cuatro horas en una fila, tengan siempre un modo accesible de poder disfrutar de la Premier, sin que eso afecte a las arcas del club en comparación con el sistema actual. Pero no estoy muy convencido de que sea algo que tengan en mente. 

Cuesta creer que la Premier, el espejo en el que mirarse en cuanto a gestión del reparto de los derechos televisivos y entradas, esté empezando a ceder terreno al negocio frente al espectáculo. Los aficionados ingleses también se han dado cuenta de que los precios están subiendo, ya no en la reventa, sino en los propios clubes y no están dispuestos a consentirlo, como ya demostró The Kop hace unas semanas en el Liverpool-Stoke. Y es una pena, porque la que lleva muchos años siendo la mejor liga del mundo, detalle a detalle, empieza a ceder terreno. Cuidadito Premier, porque la Bundesliga aprieta.

Artículo publicado en dlgrada.es

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