Stamford Bridge, Emirates Stadium, White Hart
Lane,… Si por cantidad fuera, Londres sería sin lugar a
dudas la capital del fútbol mundial. Hace apenas unos días, tuve el honor de
poder visitar la capital del Reino Unido en plena euforia prenavideña, y como
buen amante del fútbol, pensé en aprovechar para disfrutar de la Premier en
primera persona. El objetivo estaba
claro: conseguir una entrada para cualquier partido de la Premier. Y como en Londres el fútbol nunca descansa,
durante la jornada de mi estancia Chelsea, Crystal Palace y Arsenal me daban la
oportunidad de visitar sus respectivos feudos. Ahí fue cuando empezó la
aventura.
Que los estadios
ingleses son los que mayor asistencia de público tienen es de sobra conocido
por todos. Hasta un 97% de media se llegaron a llenar el año pasado según un
estudio, superando tanto a Calcio como a la Liga, e incluso a la todopoderosa
Bundesliga, y si lo consiguieron fue, en gran medida, gracias a su sistema de
venta de entradas. Desde el momento en
que la Premier anuncia el calendario oficial de la temporada, tanto los días
como los horarios de todos los partidos son públicos tanto para equipos como
aficionados, así que los clubes pueden organizarse para poner a la venta
las entradas de todos ellos en ese mismo instante. Si a ello se le suma los –cada
vez menos- moderados precios y el alto número de abonados, el resultado es una
asistencia espléndida, sólo culminada por el espíritu del aficionado inglés que
siempre va a apoyar a su equipo al estadio.
Pero este sistema
tiene un gran fallo, no a nivel de asistencia final, sino de accesibilidad a
los partidos, y ahí es donde entra mi historia. Con esta organización que os
acabo de describir, os podréis imaginar que el nivel de sold outs que nos
podemos encontrar a principios de temporada escapa a toda lógica, por no
hablar a mediados de diciembre. Encontrar una entrada a tres semanas de un
Liverpool-Everton, un Arsenal-City, o sin ir más lejos, del Chelsea-Hull de
esta jornada, es prácticamente misión imposible. Y como en todos lados, muchos
han visto negocio en este sistema. Desde el día en que salen a la venta, miles de personas acuden en masa a comprar
las entradas de toda la temporada para verlo, regalarlas, o en la mayoría de
los casos, revenderlas después a quienes tengan el problema que os acabo de
contar. Después se organizan a las puertas de los estadios en las horas y días
previos a los encuentros, y en páginas web, en las que inflan los precios al
ser el único modo de conseguir entrar al estadio. Desde luego, este no es un
problema exclusivo de la Premier, pero su modelo basado en tener todas
disponibles desde el día uno no ayuda.
Y en éstas me
encontraba yo. Buscando con mucha antelación una entrada para un partido en
Londres a un precio normal, pero no había manera. Hasta para el Fulham vi que
eran demasiado caras, siendo un equipo de Championship inglesa. En esos
momentos eché de menos un Coliseum Alfonso Pérez, que no llega a un 75% ni
contra el Barcelona, pero esa no es la cuestión. Un club no va a renunciar a vender entradas por que sean más accesibles
para extranjeros, o decisiones de más corto plazo, ni falta que hace. Además,
la reventa no parece ser un problema para la Premier, ya que en Internet es
algo natural para todos los partidos y, por experiencia propia, en los
alrededores de los estadios tampoco cuesta nada encontrar a alguien que te
venda una entrada un día antes para el
partido. Pero lo que sí es un problema es el dinero, y la imagen que eso da de
cara al exterior. Costaría muy poco una
medida tan simple como dejar un 1% de las entradas en venta, o incluso menos,
para el fin de semana del choque. Que aquellos que de verdad quieran ver el
partido, aunque tengan que aguantar cuatro horas en una fila, tengan siempre un
modo accesible de poder disfrutar de la Premier, sin que eso afecte a las arcas
del club en comparación con el sistema actual. Pero no estoy muy convencido de
que sea algo que tengan en mente.
Cuesta creer que la Premier, el espejo en el que mirarse en cuanto a gestión del reparto de los derechos televisivos y entradas, esté empezando a ceder terreno al negocio frente al espectáculo. Los aficionados ingleses también se han dado cuenta de que los precios están subiendo, ya no en la reventa, sino en los propios clubes y no están dispuestos a consentirlo, como ya demostró The Kop hace unas semanas en el Liverpool-Stoke. Y es una pena, porque la que lleva muchos años siendo la mejor liga del mundo, detalle a detalle, empieza a ceder terreno. Cuidadito Premier, porque la Bundesliga aprieta.
Cuesta creer que la Premier, el espejo en el que mirarse en cuanto a gestión del reparto de los derechos televisivos y entradas, esté empezando a ceder terreno al negocio frente al espectáculo. Los aficionados ingleses también se han dado cuenta de que los precios están subiendo, ya no en la reventa, sino en los propios clubes y no están dispuestos a consentirlo, como ya demostró The Kop hace unas semanas en el Liverpool-Stoke. Y es una pena, porque la que lleva muchos años siendo la mejor liga del mundo, detalle a detalle, empieza a ceder terreno. Cuidadito Premier, porque la Bundesliga aprieta.
Artículo publicado en dlgrada.es
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