Un punto de los
últimos doce, y una rueda de prensa en la que eres el único que piensa que tu
equipo ha jugado bien. Si la directiva de tu equipo no está contigo, ten por
seguro que han encontrado la excusa
perfecta para que pases a ser historia en el club, y eso es lo que le ha
pasado a Víctor Muñoz. Hace apenas dos
días, el entrenador aragonés fue despedido de la disciplina del Real Zaragoza,
y en cuestión de horas era anunciado su sustituto para sorpresa de todos: Ranko Popovic.
Sin saber los
motivos, cuesta imaginar por qué la directiva del club maño ha decidido esta
contratación y no otras con el abanico de entrenadores en paro actual. Desde
luego, el nombre de Popovic no es el
primero que le viene a uno a la mente cuando decide cambiar de entrenador,
y menos, en teoría, a una directiva que acaba de llegar al fútbol y al club
esta temporada. Tampoco es un entrenador que conozca la categoría, que esté
ligado históricamente con el club o que brille por su trayectoria en los
banquillos. Vamos, que ni el propio Google parecía saber decirme algo útil
sobre él. Además, decidir apostar por Popovic, contactar con él, y llegar a un
acuerdo tampoco sugiere que sea una decisión de última hora, sino algo
premeditado.
Sintiéndolo mucho, poco o nada podemos aclararos sobre el por
qué de su elección hasta que la directiva lo explique. Se trata de una
decisión que, en un ambiente tan hostil para las directivas como es el Real
Zaragoza post-Agapito, es doblemente arriesgada y que ya desde el inicio no ha
dejado indiferente a nadie, predominando el escepticismo ante una nueva
directiva incompetente. Pero los riesgos son lo que tienen, y si finalmente Popovic consigue ascender al
equipo todo serán flores para quienes apostaron por él.
Así que hablemos de
Ranko. Como ya se ha dicho en las noticias, Ranko Popovic es un ex-jugador
serbio que aún no tiene demasiada experiencia en los banquillos. Tras entrenar
equipos a nivel regional en Austria y Serbia, Ranko se marchó a Japón a seguir
ejerciendo como técnico, destacando su
paso por el Tokyo FC y el Cerezo Osaka, de la primera división japonesa.
Por si os lo preguntáis, sí. El Cerezo Osaka de Diego Forlán.
Tanto en el primero
como en el segundo, Ranko formaba con un clásico 1-4-2-3-1, en el que los
laterales tienen bastante protagonismo en ataque permitiendo sus constantes
subidas para crear superioridad en banda. Un centrocampista de contención y
otro más creativo, junto a la movilidad de los tres mediapuntas por dentro, son
los argumentos del serbio para basar su
juego en el toque y en la profundidad por bandas. Pero su mayor debilidad está
en el aspecto defensivo, ya que si bien consiguió mejorar bastante a varios de
los defensas del Tokyo FC convirtiéndolos en internacionales, su estilo de
juego hace que el equipo se vuelque mucho en ataque y las pérdidas sean más
difíciles de corregir en las transiciones defensivas.
El propio técnico
se ha encargado de dejarlo claro en su primera entrevista tras conocerse la
contratación. “Me gusta tener el dominio
total, controlar el partido, tener la posesión y ser efectivo” dijo al ser
preguntado por su estilo de juego. Y a quién no Ranko. El caso es que el flojo
nivel de la liga japonesa no avala su trabajo, y menos cuando tampoco es que
haya deslumbrado con su juego ni en Tokyo ni en Osaka. Pero pese a ello, su esquema puede encajar perfectamente
con el equipo maño, en el que tiene jugadores para poder implementarlo correctamente,
y tal vez con un ritmo de juego más elevado que en Japón, Ranko pueda
sorprender a más de uno.
En el fútbol, como
en la vida, el que no arriesga no gana, y está claro que tanto directiva como entrenador
han decidido arriesgar. Ahora, convertir todo el escepticismo sobre su llegada
en aplausos está en sus manos, y si consigue que los Bastón, Willian José y
Dorca pulan su idea de juego a base de intensidad, no dudes Ranko que la
Romareda es una plaza perfecta para hacerte un hueco en el fútbol de primer
nivel.
Artículo publicado en dlgrada.es
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