Partido sencillo en
Sclessin para los diablos rojos en el que un gran Defour se bastó para liderar
a su selección frente a una débil Australia. En su regreso, tanto a la
selección como a la ciudad de Lieja, el
ahora jugador del Anderlecht dio un recital en la medular belga durante los 62
minutos que estuvo sobre el terreno de juego, llevando la manija de su
equipo de tal manera que el equipo australiano apenas cruzar la línea del
centro del campo. Con el balón bajo llave, Kompany cortaba cualquier atisbo de
ataque visitante, y el centro del campo se encargaba de distribuir balones a
bandas a la par que mantenía la presión arriba. Y fue en uno de esos balones
cuando Defour sirvió a Mertens para que con una volea bastante afortunada, el
balón botara, superase a Ryan y pusiese el
1-0 en el minuto 18. Ya bien entrada la segunda parte, Witsel consiguió un
gran gol desde la frontal del área que acabó con las esperanzas australianas de
entrar en el partido en alguna jugada aislada y que sentenció el choque aumentando
la armonía entre afición y equipo.
El equipo con el
que salió Marc Wilmots dejaba entrever la importancia que para los belgas tenía
el encuentro. No se trataba de un amistoso cualquiera. Se trataba de un partido
en el que continuar con las buenas sensaciones mundialistas y así afrontar con
ilusión el camino a la Eurocopa 2016. Por ello, no se dejó nada en el banco y salió con el mejor once posible de la
convocatoria. Con Thibaut bajo palos, la defensa se mantuvo con el capitán
Kompany haciendo de mariscal, Alderweireld y Vertonghen en los laterales y la
novedad fue Lombaerts acompañando en la zaga al citizen. En cuanto al centro
del campo, el técnico dio los galones a Defour en detrimento de Nainggolan como
base de su 1-4-3-3, colocándolo como referencia para sacar el balón y dando así
más libertad a Witsel a la hora de sumarse al ataque mientras que De Bruyne se
movía en la zona de tres cuartos con total libertad. Mertens y Mirallas harían
de flechas en sus respectivas bandas, y con Divock Origi con mucha movilidad
arriba formarían el tridente de ataque para destrozar con su velocidad a los
australianos.
Por su parte,
sabedores de la importancia del choque para los belgas, el equipo de Ange Postecoglou salió también con su mejor once con hasta
9 de los jugadores que debutaron en el Mundial de Brasil frente a Chile.
Las únicas caras nuevas fueron las de dos de sus defensores, el lateral Herd y
el central Saintsbury, que junto al resto de sus compañeros se limitaron a
defender las acometidas belgas contra su marco. Sus esperanzas de marcar
residían en una buena labor defensiva de su equipo para que, en alguna
recuperación, tanto Jedinak como Milligan contactaran rápido con Bresciano para
atacar al contragolpe y poner algún buen balón en la cabeza de Cahill. El
eterno recurso australiano con el que apenas nos quedan meses para disfrutar.
Las instrucciones
del seleccionador belga quedaron claras desde el comienzo del encuentro. Controlar el balón y velocidad arriba, esas
eran las dos directrices para afrontar el partido, y los hombres de Wilmots lo
ejecutaron a la perfección. Como se puede ver en la imagen inferior, Defour
era el hombre por el que pasaban todos los balones en el esquema belga, dejando
así más libre a Witsel que podía sumarse al ataque frente a la bien
estructurada defensa rival. Además, al mantener a la mitad del equipo en tres
cuartas partes de campo podían subir la línea de presión y recuperar más
fácilmente el balón ante un rival que no era capaz de trenzar más de tres pases
seguidos. Y con la precisión de la ejecución belga en los pases y la presión,
los australianos se limitaron a defender. Así, a la mitad de la primera parte el gol de Mertens hizo que el plan belga
cobrara sentido.
En los segundos 45
minutos la tónica del partido apenas varió. Hasta la sustitución de Defour en
el minuto 62, la posesión volvió a ser la obsesión local, aunque más como
estrategia defensiva que de manera ofensiva, y con alguna imprecisión más que
en la primera parte. Y tras el doble
cambio en las filas belgas, el partido se abrió un poco más por la mayor
verticalidad de Nainggolan, que buscaba causar una buena impresión tras los
buenos partidos que lleva haciendo en el AS Roma. Australia intentó salir un
poco más de la presión, pero demostró un nivel más bien flojo respecto del que
hace unos años nos acostumbraba. Los cambios apenas le aportaron nada nuevo
tanto en defensa como en ataque, y en uno de los ataques belgas llegó un buen disparo de Witsel desde la frontal
que sentenció el partido a falta de más de diez minutos para el final. A
partir de ahí, el partido sirvió para dar minutos a otros jugadores como
Januzaj o Chadli por los locales y Valeri o Luongo por los visitantes, y para
que Ciman debutara con los diablos rojos en el que se espera que sea un buen
central en el futuro de esta selección.
Con este partido, tanto Bélgica como Australia confirman las
sensaciones que nos dejaron hace tan sólo unos meses en el Mundial de Brasil.
Por parte de los de Oceanía, siguen mostrando que el fútbol australiano vuelve
a estar bastante lejos del nivel medio europeo, por no hablar del nivel que se
exige para competir con Europa o Sudamérica. Por parte de los europeos, los
diablos rojos siguen creciendo a buen ritmo y consiguiendo formar lo que cualquier
selección que pretenda luchar por un título importante necesita: una buena base
con jugadores de gran nivel habituales en el once, cantera para que futuras
promesas vayan entrando en los esquemas de la absoluta, y una afición y un
sentimiento de equipo que vayan de la mano para que los jugadores hagan piña y
noten el apoyo de su país. Desde luego, si continúan así, los belgas cuentan con un buen proyecto a corto y medio plazo que
les hace ser aspirantes a conseguir algo grande en la Eurocopa de Francia 2016
y en el Mundial de Rusia 2018.
Artículo publicado en eltiralineas.es

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