lunes, 9 de marzo de 2015

Bélgica - Australia

Partido sencillo en Sclessin para los diablos rojos en el que un gran Defour se bastó para liderar a su selección frente a una débil Australia. En su regreso, tanto a la selección como a la ciudad de Lieja, el ahora jugador del Anderlecht dio un recital en la medular belga durante los 62 minutos que estuvo sobre el terreno de juego, llevando la manija de su equipo de tal manera que el equipo australiano apenas cruzar la línea del centro del campo. Con el balón bajo llave, Kompany cortaba cualquier atisbo de ataque visitante, y el centro del campo se encargaba de distribuir balones a bandas a la par que mantenía la presión arriba. Y fue en uno de esos balones cuando Defour sirvió a Mertens para que con una volea bastante afortunada, el balón botara, superase a Ryan y pusiese el 1-0 en el minuto 18. Ya bien entrada la segunda parte, Witsel consiguió un gran gol desde la frontal del área que acabó con las esperanzas australianas de entrar en el partido en alguna jugada aislada y que sentenció el choque aumentando la armonía entre afición y equipo.


El equipo con el que salió Marc Wilmots dejaba entrever la importancia que para los belgas tenía el encuentro. No se trataba de un amistoso cualquiera. Se trataba de un partido en el que continuar con las buenas sensaciones mundialistas y así afrontar con ilusión el camino a la Eurocopa 2016. Por ello, no se dejó nada en el banco y salió con el mejor once posible de la convocatoria. Con Thibaut bajo palos, la defensa se mantuvo con el capitán Kompany haciendo de mariscal, Alderweireld y Vertonghen en los laterales y la novedad fue Lombaerts acompañando en la zaga al citizen. En cuanto al centro del campo, el técnico dio los galones a Defour en detrimento de Nainggolan como base de su 1-4-3-3, colocándolo como referencia para sacar el balón y dando así más libertad a Witsel a la hora de sumarse al ataque mientras que De Bruyne se movía en la zona de tres cuartos con total libertad. Mertens y Mirallas harían de flechas en sus respectivas bandas, y con Divock Origi con mucha movilidad arriba formarían el tridente de ataque para destrozar con su velocidad a los australianos.

Por su parte, sabedores de la importancia del choque para los belgas, el equipo de Ange Postecoglou salió también con su mejor once con hasta 9 de los jugadores que debutaron en el Mundial de Brasil frente a Chile. Las únicas caras nuevas fueron las de dos de sus defensores, el lateral Herd y el central Saintsbury, que junto al resto de sus compañeros se limitaron a defender las acometidas belgas contra su marco. Sus esperanzas de marcar residían en una buena labor defensiva de su equipo para que, en alguna recuperación, tanto Jedinak como Milligan contactaran rápido con Bresciano para atacar al contragolpe y poner algún buen balón en la cabeza de Cahill. El eterno recurso australiano con el que apenas nos quedan meses para disfrutar.

Las instrucciones del seleccionador belga quedaron claras desde el comienzo del encuentro. Controlar el balón y velocidad arriba, esas eran las dos directrices para afrontar el partido, y los hombres de Wilmots lo ejecutaron a la perfección. Como se puede ver en la imagen inferior, Defour era el hombre por el que pasaban todos los balones en el esquema belga, dejando así más libre a Witsel que podía sumarse al ataque frente a la bien estructurada defensa rival. Además, al mantener a la mitad del equipo en tres cuartas partes de campo podían subir la línea de presión y recuperar más fácilmente el balón ante un rival que no era capaz de trenzar más de tres pases seguidos. Y con la precisión de la ejecución belga en los pases y la presión, los australianos se limitaron a defender. Así, a la mitad de la primera parte el gol de Mertens hizo que el plan belga cobrara sentido.



En los segundos 45 minutos la tónica del partido apenas varió. Hasta la sustitución de Defour en el minuto 62, la posesión volvió a ser la obsesión local, aunque más como estrategia defensiva que de manera ofensiva, y con alguna imprecisión más que en la primera parte. Y tras el doble cambio en las filas belgas, el partido se abrió un poco más por la mayor verticalidad de Nainggolan, que buscaba causar una buena impresión tras los buenos partidos que lleva haciendo en el AS Roma. Australia intentó salir un poco más de la presión, pero demostró un nivel más bien flojo respecto del que hace unos años nos acostumbraba. Los cambios apenas le aportaron nada nuevo tanto en defensa como en ataque, y en uno de los ataques belgas llegó un buen disparo de Witsel desde la frontal que sentenció el partido a falta de más de diez minutos para el final. A partir de ahí, el partido sirvió para dar minutos a otros jugadores como Januzaj o Chadli por los locales y Valeri o Luongo por los visitantes, y para que Ciman debutara con los diablos rojos en el que se espera que sea un buen central en el futuro de esta selección.



Con este partido, tanto Bélgica como Australia confirman las sensaciones que nos dejaron hace tan sólo unos meses en el Mundial de Brasil. Por parte de los de Oceanía, siguen mostrando que el fútbol australiano vuelve a estar bastante lejos del nivel medio europeo, por no hablar del nivel que se exige para competir con Europa o Sudamérica. Por parte de los europeos, los diablos rojos siguen creciendo a buen ritmo y consiguiendo formar lo que cualquier selección que pretenda luchar por un título importante necesita: una buena base con jugadores de gran nivel habituales en el once, cantera para que futuras promesas vayan entrando en los esquemas de la absoluta, y una afición y un sentimiento de equipo que vayan de la mano para que los jugadores hagan piña y noten el apoyo de su país. Desde luego, si continúan así, los belgas cuentan con un buen proyecto a corto y medio plazo que les hace ser aspirantes a conseguir algo grande en la Eurocopa de Francia 2016 y en el Mundial de Rusia 2018.


Artículo publicado en eltiralineas.es

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