Nacido en el 92, en
Talavera de la Reina, Javier Espinosa es una de las muchísimas jóvenes promesas
del panorama futbolístico actual. Con apenas 11 añitos, Real Madrid y Barcelona ya se peleaban por el joven talaverano,
pero pese a los esfuerzos de los blancos por hacerse con la joven perla,
visitar la Masía con sus padres e imaginarse un día jugando en el Camp Nou, fue
demasiado tentador y se enfundó la elástica blaugrana. Y tras esa decisión,
literalmente media vida después, con 22 años, tuvo que tomar otra más
complicada.
“El nuevo Iniesta”, como muchos
cariñosamente le llaman, al terminar la
temporada 2013/14 con el filial del equipo blaugrana con unos números sobresalientes
se reunió con los directivos para hablar de una renovación de contrato que no
fue como él habría deseado. Una oferta
de dos años más en el Barcelona B sobre la mesa, y ni una sola palabra
sobre el primer equipo. Espinosa se sintió bastante decepcionado. Su sueño
parecía demasiado lejano para el camino recorrido, y las alabanzas que recibía
de su entorno cada vez que deslumbraba al Mini Estadi no ayudaron a acercar
posturas con el club. Sentía que no apostaban por él, pero había alguien que sí
que lo iba a hacer. Así que para beneficio de las tres partes, Espinosa cogió las maletas y se mudó una temporadita
un poquito más al sur, a Villarreal. Decidió dar dos pasos en lugar de un
salto.
Como siempre digo,
en calidad de cedido hay que tener mucha calidad para ganarte un hueco en el
equipo, y al de Talavera calidad le sobraba. Empezó con fuerza, entrando en los
esquemas de Marcelino en la posición de interior, y no es que fuese un titular
indiscutible, pero para acabar de aterrizar en la disciplina grogueta, el balance de minutos hasta el
2 de octubre era muy positivo. Un total
de 289 minutos en liga distribuidos en 6 partidos, 3 de ellos como titular,
incluyendo un gol ante el Rayo Vallecano, y otros 3 partidos en Europa League
en los que firmó dos goles frente al Apollon de Limasson. Además, sus compañeros
siempre destacaban que era muy fácil jugar con él, que se entendían de
maravilla, y la verdad es que el juego combinativo del equipo castellonense le
iba como anillo al dedo a Espinosa.
Pero el hecho es
que no he elegido el 2 de octubre como una fecha al azar, sino porque desde entonces no ha disputado ni un solo
minuto en ninguna competición oficial. Y no precisamente por lesión. Tras
el encuentro contra el Apollon de Europa League en el que Espinosa marcó dos
goles y firmó uno de sus mejores encuentros en el Villarreal, Marcelino ha ido
dejándole fuera de las convocatorias o en el banquillo sin minutos por
decisiones técnicas. Ni revulsivo, ni los minutos de la basura, ni mucho menos
titular. En todo momento, Moi, Cani, Dos
Santos
o Cheryshev
–que también se encuentra en calidad de cedido- han sido la opción escogida por
el técnico de Villaviciosa para ocupar los interiores en detrimento del
talaverano. Competencia feroz, desde luego, pero que no ensombrece el llevar
casi dos meses fuera de los terrenos de juego.
No obstante, en
declaraciones al diario As a principios de noviembre, el propio Espinosa dijo
que era consciente de la situación que estaba viviendo, demostrando una madurez encomiable. Declaró que “lo importante es dar la cara y aprovechar
las oportunidades que da el entrenador y por ahora estoy contento de cómo han
ido las cosas”, demostrando que no tiene sólo calidad, sino también cabeza.
Una mezcla que normalmente suele dar buenos resultados.
Bien es cierto que esas declaraciones las realizó hace casi un mes, y que probablemente ahora piense que igual sí se merece más una oportunidad en el campo para poder demostrarle a Marcelino que puede contar con él. Pero tener la cabeza para asumir su situación de cedido, aprender día a día en los entrenamientos de un equipo que tanto puede aportar a su juego, y aprovechar las oportunidades que tenga, son pensamientos de un jugador maduro, al que acompaña una conducción de balón y visión de juego que tarde o temprano le harán ganarse su hueco no en Villarreal, sino en el panorama futbolístico. Desde luego, su oportunidad le llegará, y personalmente estoy seguro de que no la desaprovechará.
Bien es cierto que esas declaraciones las realizó hace casi un mes, y que probablemente ahora piense que igual sí se merece más una oportunidad en el campo para poder demostrarle a Marcelino que puede contar con él. Pero tener la cabeza para asumir su situación de cedido, aprender día a día en los entrenamientos de un equipo que tanto puede aportar a su juego, y aprovechar las oportunidades que tenga, son pensamientos de un jugador maduro, al que acompaña una conducción de balón y visión de juego que tarde o temprano le harán ganarse su hueco no en Villarreal, sino en el panorama futbolístico. Desde luego, su oportunidad le llegará, y personalmente estoy seguro de que no la desaprovechará.
Artículo publicado en dlgrada.es
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