viernes, 13 de marzo de 2015

Las estrellas della Madonnina

Milán, 1908. Hace apenas nueve años que en la ciudad ha nacido el Milan Cricket and Football Club, sin saber que de cricket iba a tratar poco la cosa, cuando a los dirigentes del club se les ocurrió la magnífica idea de impedir que los extranjeros pudiesen formar parte del club. Xenofobia pura y dura. Más frecuente de lo que nos gustaría asumir en los inicios del siglo XX. Y como reacción a dicha intolerancia nace el FC Internazionale de Milano. Desde entonces, la Madonnina ha podido presenciar desde su privilegiado lugar en lo más alto de la Catedral de Milán cómo Inter y Milan se batían en más de 200 ocasiones para conseguir reinar en la ciudad italiana.

El fútbol tiene estas cosas. De lo más vil e intolerante que pueda tener el ser humano como es el odio al extranjero, es capaz de crear rivalidades preciosas que asombren y emocionen a millones de personas de todo el mundo, haciendo olvidar los motivos por los que antaño se odiaban –al margen de fanatismos-. El deporte rey.

Pasaban los años y la rivalidad aumentaba. Tanto Inter como Milan crecían como instituciones y lo que en su día fue un derbi local pasó a ser un atractivo mundial, por el que han pasado miles de jugadores que han querido dejar su huella en un partido que es historia viva del fútbol, y que ahora tanto nerazzurris como rossoneris parecen empeñados en quitarle importancia. Pero no nos engañemos. Un Milan-Inter nunca será un partido más. Así que, aunque como resultado de sendas gestiones pésimas, Milan e Inter estén sumidos en un bache futbolístico que inevitablemente le quitará cierto atractivo al choque de mañana, desde aquí os vamos a dar 24 razones para que tengáis claro que el partido de esta jornada se juega en San Siro: los onces históricos de Inter y Milan del S.XXI.

Empezando por los nerazzurri, que por algo han ganado más veces este choque en partidos oficiales, en portería nos vamos a permitir el lujo de dejar en el banquillo a todo un Julio César en su mejor momento de carrera para sacar al mismísimo Francesco Toldo. Pero por si alguien cree estar inseguro, no os preocupéis, la defensa es férrea y sin fisuras. En los laterales vamos a poner a dos chicos algo inexpertos, que confío en que tanto a vosotros como a los interistas os suenen: Javier Zanetti y Marco Materazzi. El hombre que más veces ha vestido la camiseta del Inter junto a un hombre al que siempre recordaran por dar a Zidane su más amarga despedida del fútbol. Un balón de oro como Cannavaro hará pareja con el brasileño Lucio para terminar de echar el candado atrás. En cuanto a la manija del equipo, vamos a dársela a dos argentinos de confianza, con magia y compromiso, Cambiasso y la brujita Verón, y en bandas pondremos a otros dos hombres que desborden y que tengan calidad suficiente para desequilibrar el partido por sí solos, Luis Figo y el chino Recoba. Para terminar, la dupla de arriba no necesita presentación. Christian Vieri y Don Ronaldo Nazario da Lima. Colofón: José Mourinho como director de orquesta.

Por parte de los rossoneri, los guantes se los daremos al brasileño Dida, que no tiene mucho arte simulando agresiones, pero bajo palos rendía bien. En defensa, Thiago Silva se cuela como central junto a tres verdaderos históricos del fútbol italiano como Maldini, Nesta y Cafú. Adelante Messi, inténtalo si te atreves. Además, en la medular vamos a juntar toque y choque, poniendo a dos ex-interistas para acompañar a un actual entrenador que aunque lo parezca, no se come a nadie en las ruedas de prensa: Seedorf, Pirlo y Gattuso. Casi nada. Por último, en la clásica posición de trequartista italiano, un Balón de Oro brasileño acompañará al ex-máximo goleador de la historia de la Champions League y a otro brasileño capaz de postrar al estadio del eterno enemigo a sus pies. Kaka’, Pipo Inzaghi y Ronaldinho. Entrenador: Carlo Ancelotti.




Por supuesto, estos no han sido los únicos que han pasado por el Giuseppe Meazza para disputar el derbi, sino que jugadores como Zlatan Ibrahimovic, Patrick Vieira, Adriano, Andriy Shevchencko o Redondo también tuvieron el honor de tomar parte en este partido. Incluso más de uno lo hizo con ambos equipos. Pero la realidad es que mañana no saltará ninguno de ellos al campo, ni alguno que esté cerca de su nivel. Recemos a la Madonnina para que tal vez sí al año que viene, Inter y Milán recuerden que son dos grandes clubes europeos, y un milagro les devuelva al nivel que les corresponde. Con estas directivas, parece ser lo único que lo puede conseguir.

Artículo publicado en dlgrada.es

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