jueves, 12 de marzo de 2015

Penalti, con I de Irlanda


Concentración y pensamientos positivos. Al lado natural, con paradinha, o a lo panenka, da igual. Once metros te separan de la gloria, y no puedes dudar. Los penaltis son ya una parte imprescindible del fútbol, y tienen toda una filosofía tras de ellos. Para la historia quedan ya momentos como el del penalti que falla Trezeguet coronando a Italia como campeona del mundo, o la panenka de Abreu con Uruguay tras fallar otro Gyan en la prórroga. Pero el caso es que todos querríamos tener la oportunidad de tirar uno, y el porqué es una vieja historia irlandesa.

William McCrum, ex-portero del Milford FC en la Liga Irlandesa, fue también un hombre muy involucrado en las asociaciones de los deportes más importantes, y durante su etapa como miembro de la Federación Irlandesa de Fútbol revolucionaría el fútbol con una idea muy simple. Ya desde 1888, en rugby, cuando se cometía una falta a dos yardas o menos de la línea de touchdown, se señalaba un golpe de castigo que compensaba la mayor gravedad de la falta cometida. Sin demasiada fama, pero con una lógica aplastante, la idea se asentó en el deporte y con el tiempo fue el pan de cada día para sus aficionados. Pero no era así en el fútbol.

Hubo un tiempo en que una falta, por muy cercana a la portería que fuera, era una falta y nada más. El lugar del campo donde se cometiera no importaba, y la idea de un castigo mayor, como empezó a pedir el Sr. McCrum en la Federación, no estaba bien vista. No iba con la caballerosidad británica. Así que cuando se propuso formalmente introducir el penalti en el fútbol en junio de 1890, la reacción de futbolistas y prensa fue de indignación, llegando a llamarla sarcásticamente la “moción irlandesa” o la “pena de muerte”. Cuesta creer que en la actualidad ni haya debate, pero hubo un partido que lo cambiaría todo.

Pese al ambiente hostil, la idea de los penaltis seguía rondando por los estadios siempre que se producía una situación injusta. Casi del mismo modo que ocurre en la actualidad con la introducción de la tecnología en los goles fantasma o en las jugadas dudosas, basta con que ocurra una para que se reavive el debate. Y vaya si ocurrió. En unos cuartos de final de F.A. Cup de febrero de 1891, en un Stoke - Notts Countyuna mano totalmente intencionada en la línea de gol que bien podía haber firmado Luis Suárez- se sancionó como libre indirecto, conforme al reglamento vigente. Y efectivamente, como bien intuís, dicho libre indirecto no acabó en gol, y el debate se avivó más que nunca. Así que finalmente, el 2 de junio de 1891, tras alguna adecuación de las medidas exactas de distancia de jugadores, disparo, etc., el penalti ya era parte del reglamento del fútbol, siendo la decimotercera regla de “Las Reglas del Juego”.

Desde entonces, una media del 70% de los penaltis han terminado en gol. Desde que el Airdrieonians marcara el primer penalti concedido en 1891 en Broomfield Park, las penas máximas han sido cada vez más y más objeto de estudio y evolución. Estudiar a los lanzadores como hace Reina, jugar con sus pensamientos como hace Pinto, o convertirlo en un pase como hicieron Rik Coppens o Johan Cruyff, son sólo unos pocos ejemplos de todo lo que, gracias a William McCrum, ha ganado el fútbol. Pero lo que yo quiero agradecer al irlandés es mucho más simple que todo eso. Gracias, Sr. McCrum, por poder vivir la emoción que rodea a un penalti que decida un partido. Una de esas cosas tan especiales que hacen que este deporte que tanto amamos sea el deporte rey.

Artículo publicado en dlgrada.es

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